Instituto Confucio

LA Asociación por la Defensa de una Universidad Pública y Laica ha calificado como "pseudocientíficos" los Cursos de Formación de Técnico en Quiqong y Tajiquan organizados por el Instituto Confucio, cuya sede en nuestra ciudad nació gracias a los convenios suscritos entre la Universidad de Granada y la Oficina Nacional de Enseñanza del Chino como Lengua Extranjera y cuya meta principal reside en la promoción de la lengua china. Las disciplinas Quiqong (Chi Kung) y Tajiquan (Taichichuan o Tai Chi) son aprendizajes orientales que prometen conseguir (supuestamente), en aquellos que los practiquen, armonía espiritual y mayor equilibrio entre cuerpo y mente. Así que, ante tales promesas (hipotéticas), sería muy fácil encontrar defensores de sus bondades en cualquier lugar del mundo, sea o no académico. El Quiqong, por ejemplo, es defendido por algunos fisioterapeutas (no sé si debidamente titulados) como eficaz técnica de rehabilitación. Y en algunas clínicas granadinas de fisioterapia, junto a los métodos habituales, se anuncia el Tai Chi.

La Asociación por una Universidad Laica considera (no sin fundamento) que dichas cursos carecen de rigor científico. De ahí que, lógicamente, haya solicitado a los órganos de gobierno de la Universidad de Granada que se retire el apoyo a los Cursos de Formación en Quiqong y en Tajiquan. Bueno, no sé qué pensar, en las universidades españolas se imparten a veces cursos (y clases) de dudoso rigor científico sin que nadie se altere, aulas donde se oye, por ejemplo, que la homosexualidad es una enfermedad que se puede curar, o que Federico García Lorca escribía en fascismo, o que en Granada nunca hubo una ciudad hasta el siglo XI de nuestra era.

Vivimos malos tiempos para la lírica, malos tiempos para el rigor científico y malos tiempos para saber en qué se gasta nuestro dinero. Pero estaría bien poner algún límite, pues supongo que las aulas universitarias no son el lugar más idóneo para el aprendizaje de destrezas más propias de academias de formación esotérica que de ámbitos científicamente responsables. Y más si se hace con dinero público o cuando dichas destrezas están promovidas por instituciones dependientes de gobiernos tan totalitarios como el de la Republica Popular de China, un gobierno que impide a sus ciudadanos reunirse libremente, imprimir libremente sus ideas, circular por su país libremente o vivir armónicamente acordes con su conciencia libre; baste un ejemplo: el poeta chino Zu Yufu ha sido condenado hace muy pocos días a siete años de cárcel sólo por escribir un poema con el que se consideró que exhortaba a la subversión del Estado.

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