Inquina pontificia

Parece bueno y beatifico. Da la impresión de ser distinto a los dos anteriores. Más moderno, más actual, más con los tiempos que corren. Dicharachero, cercano, calido. Muy bien recibido por los sectores progresistas. Incluso da cosa escribir en términos contrarios, que parecen hasta inadecuados y pueden resultar impertinentes ahora que, incluso, es portada de una buena cantidad de revistas de corte avanzado.

 Pero (siempre hay un pero, a alguien le toca ponerlo y en esta ocasión nos ha tocado a nosotros) ha habido un detalle tan significativo que parece haber sacado de dentro de sí toda esa inquina que les inyectan en vena desde el seminario contra todo lo que ellos entienden que es el orden natural establecido.

En efecto, hace pocos días el reciente jefe de la iglesia católica, el argentino Bergoglio, recibió en los palacios vaticanos al Presidente de la Republica Francesa, Francois Hollande, y la frialdad, dureza y mal gesto (gesto torcido y torvo) que mostró el gran prelado ante el dirigente galo fue algo extraordinariamente relevante, sobre todo cuando una de las características de la llamada diplomacia vaticana es saber actuar con la habilidad suficiente como para usar un severo puño de hierro enfundado en un elegante guantelete de finísima seda en cada una de las ocasiones. Lo que quiere decir es que si ha mostrado una dureza, inusual en él, es porque ha querido que todos los que lo vieran comprobaran que quería oponer al mandatario francés una postura acre y una actitud intransigente. Para recuerdo de algunos, sería algo similar a la admonición que hizo el papa polaco al sacerdote y teólogo nicaragüense Ernesto Cardenal cuando en 1983, durante su visita oficial a Nicaragua, increpó severamente a Cardenal frente a las cámaras de televisión que transmitían a todo el mundo, mientras el poeta permanecía arrodillado ante él en la misma pista del aeropuerto. El papa recriminó a Cardenal que propagara doctrinas apóstatas y formara parte del gobierno sandinista. Vamos que cuando la gran jerarquía romana actúa cara al público, nada hace al azar ni tiene un momento de desfallecimiento, descontrol o error.

Como decíamos, sobre todo, este inapropiado desaire, ha sido más notorio cuando se ha comparado con otras visitas, también diplomáticas de carácter de estado, en las que el sudamericano pontífice ha mostrado una versión mucho más agradable que la vista en el caso del que estamos hablando. Sin ir mas lejos, así ha sido, por ejemplo, cuando le hemos visto, dentro de una calidez y campechanía inusitada, cuando le visitó la presidenta argentina Cristina Elisabet Fernández de Kirchner. Sería por la connaturalizad nacional de ambos que los acercaba mucho más.

Haciendo una, quizás, simple suposición, es fácil que la hosca actitud papal haya venido determinada por los recientes asuntos matrimoniales ( o no matrimoniales) de los que ha sido protagonista el presidente francés y aireados por la prensa, sobre todo internacional, que seguro que al Papa nada le han de gustar, pues bien sabemos que el jefe del estado de las Galias, no está casado y los hijos que tiene, por supuesto, lo son fuera del matrimonio, cosa que a los curas no les hace ninguna gracia. También es fácil que el papa haya pensado en la ley del aborto que ha regulado el actual gobierno francés y que en consonancia con los tiempos que corren por España haya puesto al presidente Hollande en la diana de símbolos a batir. O bien puede ser que a Bergoglio no le haya parecido nada bien la regulación del matrimonio entre homosexuales que existe en Francia y que va en contra de todos los postulados de la iglesia católica. O por ultimo, puede ser que a Bergoglio no le parezca bien que Hollande sea un presidente socialista y un representante del estado laico por antonomasia, como es la Republica de Francia.

En cualquier caso, mala mirada, mucha inquina, malos gestos y sañudas posturas es lo que el papa ha demostrado ante el mundo cuando el visitante ha sido el presidente francés y todo eso, por lo menos en nuestra opinión, hacen poner en cuarentena la aparente cercanía y calidez del nuevo papa tan alabada y valorada por casi todo el mundo, pues nuestra experiencia nos dice que la doblez eclesiástica es muy capaz de presentar ante la ciudadanía una visión mas dulcificada y asumible por la juventud que no está dispuesta a tolerar antiguas y retrogradas teorías y principios más propios de la paleohistoria.

Quizás, si no es así, y estamos equivocados, que todo puede ser, sería mas conveniente que el papa Francisco se dedicara en cuerpo y alma, y con la ayuda del buen Dios, a poner orden en su casa donde los problemas no resueltos todavía andan pululando por allá y por acullá. Que no se olvide de los abusos con niños de muchos sacerdotes, de los curas casados, del papel de la mujer en la iglesia y de muchas cosa más, entre ellas la intransigente actitud que tienen los miembros de la iglesia española que, con sus tremendas declaraciones, parece que no forman parte de la organización que lidera y dirige el argentino y que van absolutamente por libre.

Hollande y Bergoglio 2014

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