Injerencia inadmisible

Se celebró un auténtico mitin político a favor de las tesis más conservadoras en vísperas del inicio de la próxima campaña electoral.

No existe la menor duda sobre la naturaleza de la concentración celebrada en Madrid. Criticaron sin piedad las leyes aprobadas por el Gobierno socialista. Se llegaron a formular acusaciones tan graves y falsas como que estaban "disolviendo la democracia" o atacando la familia "con leyes injustas e inicuas". Se celebró un auténtico mitin político a favor de las tesis más conservadoras en vísperas del inicio de la próxima campaña electoral. Pero lo más asombroso es que semejante ceremonia propagandística fuese avalada y protagonizada por un jefe de Estado extranjero, injerencia inadmisible en cualquier democracia soberana. Y nadie ha movido un dedo en este sentido. El tratado de Letrán, negociado en 1929 entre el cardenal Pietro Gasparri y Benito Mussolini, reconoce la plena soberanía del Estado de la Ciudad del Vaticano, y como tal actúa en el orden internacional. El Vaticano es la capital temporal y soberana de la Santa Sede. El papa Benedicto XVI es el actual jefe de Estado. ¿Se imaginan las reacciones ante semejante injerencia en Francia, Alemania o Inglaterra?

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