Iniciativa Laicista 8: Los argentinos y Bergoglio. Manifestación en Estrasburgo,…

EDITORIAL por Carlos Leiva Villagrán

El voto del laicista, en las elecciones públicas, está naturalmente abierto a variadas posibilidades, conforme a las legítimas convicciones políticas individuales. El laicismo, en tanto constituye esencialmente un marco para la acción pública, es consistente con múltiples opciones de propuestas políticas, sociales, económicas y culturales orientadas al bien común. Sin embargo, al laicismo no le son indiferentes todas las alternativas, en tanto es su deber combatir las opciones que impliquen la sujeción de los poderes públicos a integrismos que pretendan, directa o indirectamente, utilizar el poder del Estado para cimentar en la sociedad sus creencias y doctrinas.

En Chile, a pesar de la siempre citada separación de la Iglesia y el Estado, este último está lejos de ser laico. Las instituciones religiosas, principalmente la Iglesia Católica, han tenido éxito en mantener elementos religiosos enquistados en la institucionalidad pública, y pugnan incesantemente por convertir en leyes del Estado los preceptos derivados de sus principios religiosos, contando para ello con la aquiescencia o apoyo activo de buena parte de la clase política nacional.

El clericalismo y el confesionalismo están activos en la política chilena, y es deber del laicista identificar y neutralizar las fuentes de su poder en la acción pública.

Un antecedente. En mayo, la Cámara de Diputados aprobó que el día 25 de marzo (día de la probable concepción de Cristo) se celebrará en Chile el Día del Niño que está por Nacer, una victoria simbólica para el dogma de la concepción del confesionalismo, con el voto favorable de todos los congresistas del Gobierno más los diputados demócratas cristianos (excepto 2), denotando que la pertenencia religiosa genera una solidaridad política transversal entre congresistas de gobierno y de oposición cuando se trata de materias que atañen a la Iglesia.

Otro antecedente más. El 13 de junio, el candidato de la Democracia Cristiana a las primarias presidenciales, Claudio Orrego, al reunirse con la Mesa Ampliada de Identidades Evangélicas, hizo pública profesión de fe de su confesionalismo, al reconocer que el fundamento de sus propuestas gubernativas referentes a temas valóricos, como la familia, el matrimonio y el aborto, está en la dogmática religiosa. Asimismo, al solicitar el apoyo del pueblo evangélico, Orrego esgrimió su mejor crédito al afirmar que él es el único candidato creyente en las votaciones primarias del bloque “Nueva Mayoría”, ratificando la impúdica expresión que aparece en las pancartas públicas, junto a su fotografía: “Creo en Dios. ¿Y qué?”.

Estos ejemplos son antecedentes recientes de la inacabable persistencia confesional. Es, por tanto, un deber, para quien postula la necesidad de un Estado laico, hacer consistentes sus legítimas preferencias políticas con sus convicciones laicistas, e identificar con claridad a aquellos candidatos a quienes no debe entregar su voto.

SUMARIO

Para acceder a todos los artículos pulse aquí: Iniciativa Laicista, 8

Presentación de libro laicista.

Manifestación en Estrasburgo.

Lecciones de Libertad de Culto.

Ecuador: Fundación y refundación de la República.

¿Por qué el Estado debe ser laico?

El Estado debe ser laico.

Costa Rica y Estado laico.

Programa del Congreso Ateo en Chile.

La reflexión de un Pastor.

Los argentinos y Bergoglio.

Ofensiva confesional en Chile.

Hinduismo contra las Fallas.

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