Infeliz 20 de julio. Celebraciones religiosas para conmemorar la Independencia de Colombia

El 20 de julio se celebra el acto que originó la independencia de Colombia — a mí ese día no me causa causa particular emoción, porque yo no creo en Colombia, y dudo que haya buenos motivos para hacerlo. Otros discrepan y lo celebran con bombos y platillos, y eso está bien; cada loco con su tema.

Lo que no está bien es que la celebración oficial se haga favoreciendo a una religión, tal como ocurrió este año (y como ha ocurrido siempre):

El presidente Juan Manuel Santos inició los actos del 20 de julio, jornada que conmemora la independencia del país, con una plegaria por la paz en la Catedral Primada de Bogotá a la que acudió todo su gabinete y la cúpula militar.

La ceremonia religiosa estuvo oficiada por el obispo castrense de Colombia, Fabio Suescún, y también contó con la presencia del nuncio apostólico, Ettore Balestrero, así como buena parte del cuerpo diplomático acreditado en Colombia y el presidente del Congreso, Luis Fernando Velasco, entre otros.

Durante el acto, Santos leyó un versículo bíblico de Isaías, que apela a olvidar «las cosas de antaño» y no vivir «en el pasado».

Ese mismo versículo dice que el «ejército y guerrero al mismo tiempo (…) quedaron tendidos para nunca más levantarse», en una aparente mención a la paz en Colombia.

Por su parte, el obispo Suescún dijo que el «momento de plegaria es un momento de reconciliación nacional que asegure la paz y la tranquilidad del país«.

Lo peor de todo es que durante la Independencia, el alto clero católico apoyó a España — hacer una misa en la Catedral Primada celebrando la Independencia de Colombia tiene tanto sentido como si los gringos hubieran celebrado la apertura de la Freedom Tower desde las cuevas donde opera Al Qaeda.

Y si a alguien se le escapa la ironía, puede quedarse con esta: my President, Juan Manuel Santos, apelando «a no vivir en el pasado» desde una Iglesia… en pleno siglo 21… en un Estado presuntamente laico.

Pero en fin, esa es la forma de hacer las cosas en Banana Republic: ¿a alguien le quedan ganas de argumentar que vale la pena creer en Colombia? Porque mientras no se respete el Estado laico, esa persona se está engañando. Y ni hablemos de la dichosa ‘paz’, la cual se garantiza con la diversidad religiosa, no el privilegio religioso.

Y es que da la casualidad de que yo no creo en un país que insiste en tratarme como ciudadano de segunda clase.

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