Infalibilidad o infumabilidad papal

H ace más de 2.000 años un tipo con sandalias y mensaje revolucionario, según para quién Dios u hombre, difundió un claro mensaje sobre que cualquier ley debe estar hecha para servicio y ayuda del hombre y de la mujer y que por lo tanto ni la mujer ni el hombre deberían en ningún caso estar al servicio de la ley.
Una afirmación que de ser llevada a la práctica hoy en día sería penalizada con la cárcel por lo menos por desobediencia civil e incumplimiento del marco constitucional o canónico, aunque mirándolo bien ese castigo habría sido menos duro que la pena de muerte que se le aplicó por defender una sociedad civil y autónoma, libre de imposiciones clérigas y de los núcleos de poder imperialistas de la época.
Sin embargo, algunos que hoy dicen seguir sus preceptos, aquéllos que se ubican en los núcleos privilegiados y más institucionalizados, quienes ostentan los 'lobbies' económico y político vaticanos, quieren seguir imponiendo y satanizando a la población a la que desean controlar moral, política y socialmente, habiendo obviado lo que aquél defendió y rechazó en su momento. Esta actitud haría a este personaje histórico o divino, según gustos y creencias, volver a resucitar.
La Iglesia católica a través de su máximo mandatario, el Papa, y su sacrosanta infalibilidad nos está inundando en las últimas semanas de grandes frases y líneas políticas (mensajes en contra del preservativo, campañas viscerales en contra del aborto…) que, aunque ya de por sí conocidas, resultan humana, ética y -por qué no- moralmente inadmisibles.
En Aralar hay sensibilidades éticas diversas y plurales, unas de fuente religiosa y otras no, y desde esta pluralidad de sensibilidades lo que compartimos es que por encima de cualquier ley o dogma está el ser humano como tal, hombre o mujer, mujer u hombre. Y todas aquellas leyes o dogmas que vayan en contra de la solidaridad, de la libertad individual para decidir sobre su vida y su muerte, en contra de la igualdad de opciones, sobre todo en contra de la igualdad entre mujeres y hombres, de la propia vida y demás valores, no son leyes dignas de ser cumplidas y debe reivindicarse la insumisión a las mismas y su desobediencia tanto civil como religiosa.
Aralar es un partido laico que revindica un Estado vasco laico, donde todas las expresiones religiosas y no religiosas tengan las mismas oportunidades de divulgarse, pero sin que ninguna tenga más privilegios que otras y siempre que todas ellas vayan en la línea de la solidaridad, la libertad y la igualdad de los seres humanos.
No es posible callar ante quienes rechazan el amor y la construcción familiar por pertenecer al mismo sexo, ante quienes han relegado a más de la mitad de la sociedad, a las mujeres, a un plano invisibilizado y anulado, ante quienes defienden que la violencia machista es una cuestión doméstica y privada, ante quienes no rechazan la pena de muerte por considerarla una cuestión de Estado, ante quienes defienden mantener el atroz sufrimiento y niegan la muerte que libera, ante quienes nada dicen ante guerras e invasiones, ante quienes niegan el derecho al aborto y callan cuando mueren niñas y niños ya nacidos por cuestiones territoriales y económicas, ante quienes han reforzado sus filas con capellanes militares. Y, mientras, sus arcas siguen llenándose.
Proclamar hoy en día que el preservativo es un elemento dañino para la salud mundial y no sirve para prevenir el sida es un acto de irresponsabilidad humana y que no hace fe de quien lo predica. ¿Qué cristiana y cristiano que siguen un mensaje de un tal Jesús para fomentar el amor hacia todas las personas, o qué persona humanista que sigue un mensaje de justicia y solidaridad humana estarían dispuestos a dejar morir a una persona de sida sólo con el objetivo de que no se ponga un condón 'de plástico' como exige la institucional Iglesia católica? ¿Cómo es posible que la Iglesia católica hable de no utilizar condones porque es pecado mientras, lejos de ayudar en la lucha contra el sida, invierte miles de millones en la empresa farmacéutica Pfizer, cuyo medicamento estrella es Viagra, además de invertir en un anticonceptivo que se vende a más de 30 millones de mujeres americanas como es el Depo-Provera? En resumen, a menos preservativo más Depo-provera y más dinero para las arcas vaticanas. Al César lo que es del César y a Dios, caca de la vaca.
Como militantes de Aralar y desde su pluralidad militante queremos reivindicar un mundo más justo e igualitario, donde se respete a la mujer y sus decisiones, donde se intente prevenir la muerte ante el riesgo mortal de las enfermedades de transmisión sexual, donde podamos disfrutar de la sexualidad con y como queramos manteniendo la seguridad sanitaria y el consentimiento mutuo, donde el ser humano esté por encima de las leyes y dogmas que intentan ahogar a una sociedad ya de por sí excesivamente ahogada por el capitalismo de los países ricos y por los humos de la sobreexplotación ecológica mundial, que ninguna ley ni dogma y menos la de aquéllos que intentan amedrentar con mundos horribles e infernales mundos sea impuesta al ser humano para su mayor sufrimiento.
Iosu Murgia y Ainhoa Beola son militantes de Aralar.
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