Imágenes ofensivas para el Islam

Detrás de la aparentemente inocente pretensión de imponer el respeto a todas las "religiones" se manifiesta la intención de adjudicar un estatuto de protección especial para esas mismas creencias, por encima de cualquier otro credo o ideología no catalogado como religioso. De ahí que, en este desgraciado asunto de las viñetas injuriosas para el Islam, el único que hasta ahora ha mantenido una postura condigna con los sedicentes "valores" de las democracias occidentales ha sido precisamente el gobierno danés. Los noruegos ya han solicitado a sus embajadores la petición de disculpas, y Kofi Annan ha apuntado a la necesidad de respetar las "creencias religiosas". También nuestro presidente del gobierno, Rodríguez Zapatero, considera, junto con el presidente turco, que, según publica el International Herald Tribune,  "there are no rights without responsibility and respect for different sensibilities". En suma, que el límite al ejercicio de la crítica queda en el limbo de lo inaprensible y en todo caso sujeto a criterios mudables, siempre según el grado de sensibilidad de quienes han hecho suyas creencias supuestamente inatacables. Hay conceptos hoy muy en boga que en modo alguno son inocentes y traen consigo la manifestación de concepciones que no se deben pasar por alto. Y uno de ellos es, por supuesto, este de la "sensibilidad", palabra prostituida hasta el punto de poder intercambiarla, en un mismo contexto, por "opinión". Cuando la opinión se convierte en "sensibilidad" se ha interiorizado de tal forma que cualquier crítica se vuelve inaceptable, y no digamos ya una burla. La falta de respeto a las creencias religiosas que estas viñetas ponen de manifiesto se debe, simplemente, a que la idea de un "respeto a las creencias" es manifiestamente incompatible con cualquier forma de libertad de pensamiento. Dicho sea, por supuesto, al margen de la mayor o menor oportunidad de estas burlas, y al margen de la evidencia de un muy cuestionable gusto o brillantez por parte de quienes han ideado estos dibujos.

Es cierto que este discurso oculta la real malicia de la situación, pues lo que verdaderamente sucede es que, de hecho, las creencias religiosas en modo alguno pueden ser equiparables a ideas, teorías o ideologías de cualquier otra índole. Estas últimas necesitan, por definición, ser discutidas y se prestan a la crítica. Una creencia no, porque es algo que se ha interiorizado y forma parte del propio ser. Por eso sistemáticamente la religión reclama para si un respeto que de ningún modo puede reclamar la política o la filosofía, y no es casualidad que solo en la religión se de el concepto de "herejía", que supone que la ortodoxia queda fuera de discusión. El fanatismo  propio de momentos convulsos, como la Revolución Francesa o la Rusa, convirtió determinadas ideologías en credos oficiales, hizo de la "libertad", la "igualdad", la "fraternidad" o la abolición de la "explotación del hombre por el hombre" dogmas que había que acatar, aunque la práctica, como suele ser habitual en estos casos, los vaciase de contenido y los convirtiese en un insultante sarcasmo ante la realidad de los acontecimientos.

Aun dando por sentado esta diferencia sustancial entre creencia religiosa e ideología política, es precisamente por los efectos perniciosos sobre la libertad de pensamiento y de palabra que esta distinción de hecho puede causar, por lo que la ley debe hacer "tábula rasa" e ignorar deliberadamente tal diferencia. Conocemos experiencias al respecto, como la persecución legal al magnate norteamericano Larry Flint por haber publicado en la portada de su revista imágenes ofensivas para el cristianismo, al reproducir a un hombre en calzoncillos crucificado sobre el sexo de una mujer. Pero él, con entera lógica argumentó que su único delito era tener un "pésimo gusto". También los estados democráticos, al inventarse el delito de "ultraje a la bandera", la han elevado a la categoría de icono enteramente equiparable a Mahoma para los musulmanes o a Jesucristo para los cristianos. En ningún caso como en este el patriotismo ha demostrado su condición de creencia. Algo que deberían recordar los adalides de la tolerancia, dispuestos a restringir la libertad de expresión ajena en nombre de concepciones presuntamente inatacables.

J.J. Sánchez Arévalo

Vicepresidente del Ateneo Republicano de Galicia

Print Friendly, PDF & Email

También te podría gustar...