Iglesia y ciudadanía

Periódicamente venimos asistiendo a una ofensiva de las fuerzas reaccionarias y antidemocráticas, fielmente representadas por las religiones, impulsadas por su clero y ejecutada por los civiles que les sirven como lacayos. Hoy en Polonia y en España se pretende reducir a la nada la libertad de expresión contra los ciudadanos cuando éstos deciden en ejercicio de su libertad o bien tomar el Sol en top lees o bien hacer una recreación artística de sus símbolos religiosos en composiciones corporales calificadas de pornográficas. Como si el cuerpo, la libertad sexual y la pornografía fueran cosas malas o desagradables, cuando son, más bien, uno de los pilares sobre los que se construyen tanto la libertad individual como la felicidad. Es más, la libertad sexual es cada día más una garantía sólida para fortalecer y mantener la democracia y los derechos individuales.

El silencio como respuesta a esta reacción clerical contra las libertades es un síntoma de derrota y una señal que el clero utiliza para recomponerse y mantener su ofensiva. No en vano el actual Papa ha pedido al clero y a sus fieles lacayos que pasen a la ofensiva ideológica defendiendo sus valores. Esto es: la castidad, la obediencia y la exaltación del sufrimiento. En una palabra: la renuncia a la felicidad, a la libertad y a los derechos individuales.

En una sociedad de ciudadanos, esto es, de hombres y mujeres libres, no podemos permanecer por más tiempo callados ante esta agresión a nuestra libertad y madurez. Ellos se acogen a sus sentimientos religiosos para plantear la ofensiva contra los derechos individuales en los tribunales. Pues bien, ya va siendo hora de que los ciudadanos/as nos acojamos a nuestros sentimientos civiles y a nuestra sensibilidad democrática para denunciar cuantas agresiones se manifiesten en su contra. Es necesario romper el silencio complaciente ante tanta agresión a la libertad.

Es necesario que todas las organizaciones laicas o dispuestas a defender la libertad de expresión se movilicen en apoyo de quienes padecen persecución de la justicia por causa del ejercicio de su libertad de opinión.

Es necesario que todas las organizaciones europeas por la defensa de los derechos individuales se movilicen contra quienes manifiestan en su moral, discursos y con sus valores la apología de valores antidemocráticos y antiindividualistas . Cada vez que dejemos pasar un grito de guerra clerical contra cualesquiera de las manifestaciones de la libertad individual es como si retrocediéramos hacia el abismo medieval o del nacionalcatolicismo. Sobre el que quieren precipitarnos estos reaccionarios en nombre de sus dioses.

Hay que movilizarse en defensa de nuestros sentimientos civiles. De manera que, cada vez que ataquen: los anticonceptivos, el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la libertad sexual, la autonomía individual, la legislación civil, la soberanía popular y el ejercicio de los derechos individuales deberíamos denunciarlos por herir nuestros sentimientos.

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