Iglesia Católica e IRPF

En un Estado que se declara constitucionalmente aconfesional, los privilegios de financiación hacia las religiones en general, y hacia la Ic en particular, establecen una grave discriminación contra los españoles que no tienen creencias religiosas, convirtiendo el artículo 14 de nuestra Constitución en papel mojado.

IGLESIA CATÓLICA E IRPF

            Un año más, nos enfrentamos a la privilegiada financiación de la Iglesia católica (Ic) a través del IRPF, y por tanto, del dinero de todos los españoles. Como es conocido, este dinero se dedica sólo a pagar el sueldo de obispos, curas y monjas, así como al culto, a mantener las diócesis y  los seminarios, a congresos y manifestaciones varias. El acuerdo negociado en diciembre de 2006 por el gobierno del PSOE, por el que se subía del 0,52% al 0,7% la aportación a la Ic por cada declaración marcada con una X, que ha supuesto un incremento del 33.6% por cada declaración, ha rendido sus frutos iniciales: los obispos han sustituido sus habituales (y austeros) trípticos por un periódico de 20 páginas, con una tirada de 600.000 ejemplares.

            Como viene siendo habitual, en la campaña de la Iglesia hay, tan sólo, una verdad indiscutible, junto a medias verdades y mentiras flagrantes. La única verdad aplastante, que no se puede ocultar y que se vuelve contra la jerarquía católica es que no tiene coste alguno (adicional, se entiende) para el contribuyente. Ud. no paga más (le dice al católico, tal vez para que no se asuste, pensando que tiene que pagarlo de su bolsillo). Todo el esfuerzo que tiene que hacer el feligrés, no le supone más que realizar el sencillo gesto de poner una X. Tremendo esfuerzo para un católico convencido.

            Pero, ¿si no paga el católico, quién paga? Es evidente que el Estado, esto es, todos los españoles, sean cuales sean sus creencias. Así, lejos de cumplir con sus obligaciones con Hacienda y contribuir con sus rentas a los gastos comunes del Estado (hospitales, escuelas, servicios sociales, o carreteras), los católicos que marquen la X  escamotean el 0,7% de su cuota íntegra a la Hacienda Pública y pueden decidir a qué se dedica: a pagar el sueldo de sus obispos, curas, monjas y a mantener las diócesis y el culto. Si esto no es un privilegio, amparado en los Acuerdos con La Santa Sede, ¿por qué no podemos realizar todos los españoles la misma "jugada"?

            Una mentira flagrante es que"la Iglesia deja de recibir cantidades con cargo a los presupuestos Generales del Estado". El IRPF correspondiente a la renta sometida a gravamen la han ido pagando los contribuyentes, vía deducciones, (también los católicos, claro) a lo largo de 2007, por lo tanto ya han engrosado las arcas del Estado. Cuando se acabe la campaña de Renta 2007 (declaración en 2008), el Estado simplemente cuenta declaraciones con el aspa correspondiente, multiplica las cuotas por 0,7 y saca su dinero del Presupuesto de Ingresos del Estado. ¿De dónde podría salir el dinero, si no?

            Otra mentira: "Se avanza, por tanto, en la autofinanciación de la Iglesia". Ya hemos visto que si no paga el católico ni la Conferencia Episcopal, sólo puede salir de las arcas del Estado. Nada de autofinanciación.

            Tampoco dice la verdad cuando afirma: "Se renuncia  a la exención por IVA…" Sabe la jerarquía que esta medida no es una renuncia voluntaria: le ha sido impuesta a la jerarquía católica por el Gobierno en cumplimiento de una Directiva  Europea sobre armonización fiscal que así lo exigía, y tras reiteradas violaciones de la misma por todos los gobiernos anteriores  y graves amenazas de Bruselas.

            Asegura la Conferencia Episcopal que el importe obtenido por el sistema de la X en la declaración del IRPF (en torno a 170 millones de euros, M€ en adelante) supone el 25% de las necesidades de la Ic. Según ello, parecería que dichas necesidades ascenderían a 680 M€. Pero lo cierto es que el sueldo de los más de 15.000 adoctrinadores de religión en la enseñanza pública alcanzan los 517 M€ (86.000 Mptas). Si a ello añadimos  la financiación de la enseñanza concertada religiosa, 3.200 M€ (533.000 Mptas), las cesiones de terrenos, las exenciones y bonificaciones fiscales (800 M€), el mantenimiento del patrimonio inmobiliario eclesiástico (200 M€), los capellanes en el ejército, hospitales y prisiones, 30 M€ (5.000 Mptas), etc., a nivel de la Administración central, autonómica y local, la Iglesia católica se estaría beneficiando de unas transferencias de recursos de más de 5.000 M€ (832.000 millones de pesetas) del bolsillo de todos los españoles.

            Ya va siendo hora de que la sociedad española sepa, con exactitud, el montante total de ingresos recibido por la Ic de los Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y Administración Central por todos los conceptos. Debemos exigir al Gobierno luz y taquígrafos en las finanzas de la Iglesia católica en España, como cualquier otra sociedad financiada con dinero público. De lo contrario se convertirá en cómplice de la opacidad informativa con la que se está privilegiando a la Ic en España, al amparo de los Acuerdos de 1979 y de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa.

            En un Estado que se declara constitucionalmente aconfesional, los privilegios de financiación hacia las religiones en general, y hacia la Ic en particular, establecen una grave discriminación contra los españoles que no tienen creencias religiosas, convirtiendo el artículo 14 de nuestra Constitución en papel mojado.

            Ante esta situación, la Asociación Laica de Rivas Vaciamadrid pone en marcha una campaña dirigida a l@s ciudadan@s que tengan que hacer su declaración, y al conjunto de fuerzas sociales implicadas en la defensa del laicismo, para que hagan suyas estas propuestas:

1.- Todas las organizaciones religiosas deben autofinanciarse con las aportaciones de sus fieles. Las actividades confesionales no pueden financiarse con fondos públicos.

2.- En relación con la declaración del IRPF, NO MARQUE LA CASILLA CORRESPONDIENTE  a la Iglesia católica en su declaración.

3.- En caso de querer realizar alguna aportación a cualquier confesión religiosa, primero salda tu deuda con el Estado y paga tus impuestos en igualdad de condiciones con los demás ciudadanos. Posteriormente, cuando consideres conveniente, contribuye por tu cuenta al mantenimiento de su estructura y actividades por el importe que desees.

4.- Debemos exigir justificación pública de todo el dinero desviado hacia la Iglesia católica procedente de los presupuestos de todas las administraciones del Estado.

 

 

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