Ideas imaginativas para celebrar la misa

La escasez de sacerdotes y la dispersión de fieles en el mundo rural obligan a buscar soluciones alternativas

El mundo rural pierde población, pierde mujeres, pierde jóvenes… Entre los católicos el cóctel es preocupante porque hay escasez de fieles pero más aún ralean los sacerdotes. Una cifra ilustrativa, la de la diócesis de Orense: 735 parroquias y solo 275 curas en activo, incluyendo a jubilados. Ir a misa se está poniendo complicado en los pequeños pueblos y la Iglesia está tirando de imaginación para salvar un bache que no parece que vaya a cerrarse. En días de ordinario los párrocos van y vienen allá donde se precisan sus servicios, —a veces vuelan porque los entierros abundan en un mundo rural envejecido— pero la situación se complica el domingo. Y es que, pese a la escasez de vecinos, no hay curas suficientes para celebrar la eucaristía en muchos pueblos. 

La dispersión es insalvable, así que las diócesis afectadas organizan el rito dominical por turnos: un domingo en este pueblo, otro domingo en el de al lado. El problema, a menudo, es cómo trasladar a la gente, mujeres mayores en muchos casos con menor disponibilidad de transporte privado y pocas para tomar un vehículo público. “Estamos experimentando y reflexionando sobre ello, a la Iglesia le está ocurriendo lo mismo que a otros asuntos civiles en el mundo rural, médicos, geriátricos, escuelas, no puede haber en cada pueblito”, dice Txomin Pérez, director de la oficina de comunicación de la Diócesis de Palencia. “Cuando un domingo no hay cura en un pueblo, ni posibilidad de traslado, optamos por una celebración de la palabra, que suele presidir un religioso o religiosa”, explica. Es como una misa, pero sin eucaristía, porque no hay sacerdote para ello, que es sustituido por una monja, generalmente. “Tenemos que ser creativos, imaginativos”, explica con amabilidad.

Los planes pastorales, que vendrían a ser como un programa de Gobierno, en estas zonas recogen ya parte de estas reflexiones. Cabe la movilidad de los feligreses al pueblo de turno, pero también se están ayudando de sacerdotes jubilados que echan una mano y las citadas celebraciones de la palabra con un religioso al frente.

La misa de domingo se turna de un pueblo a otro en algunas zonas

Muchas zonas atraviesan por la misma situación o parecida: Burgos, Teruel, Astorga, las provincias gallegas y cualquier otra zona rural con gran dispersión de pueblitos. En Salinas de Pisuerga (Palencia), el cura de tanto en tanto monta a varios fieles en su coche, aquellos que no tienen otro modo de ir, y los lleva a la misa que se celebra en el pueblo vecino. En Orense ya tiraron de transporte público hace tiempo, porque los domingos hay problemas, pero más los hay en la Semana Santa o en Navidad, por ejemplo. Ritos especiales y más abundantes no pueden atomizarse de aldea en aldea. “Las parroquias de referencia suelen estar, como tantos otros servicios, en las cabeceras de la comarca, y hasta allí trasladamos a los fieles en autobús en ocasiones como las mencionadas”, señala el vicario pastoral de Orense, José Pérez Domínguez. A veces la gente acude en sus propios automóviles, como lo hacen para ir al médico, a comprar, a tantas cosas”, afirma.

¿Y qué dicen en Teruel? “Estamos al borde”, reconocen en la diócesis, pero de momento, hay un sacerdote por cada unidad pastoral, que tampoco es mucho decir, porque eso significa que el párroco debe atender a cuatro o siete pueblitos, los que sean. “Hay un par de unidades con 14 o 15 pueblos, que las atienden dos sacerdotes”. Se turnan, se organizan, hacen lo que pueden. Hace unos años tuvieron que tirar de seglares, ahora la situación ha amainado un poco, aseguran.

Pero la despoblación no parece que vaya a remitir, sino todo lo contrario. Y tampoco las vocaciones tienen pinta de multiplicarse: en España hay 22.686 parroquias y 18.633 sacerdotes incardinados en las diócesis. En 2010 se ordenaron 162 sacerdotes; con ser pocos, eran un puñado más que el curso anterior. Pero la cifra total de seminaristas cayó un 3% en ese mismo tiempo, según la Conferencia Episcopal. El problema es que también merman los fieles, y en el mundo rural, además, están dispersos. Las parroquias conocieron mejores tiempos.

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