Huckabee se une a los republicanos en busca del voto evangélico

El grupo de votantes más amplio del electorado republicano sigue siendo el más religioso.

Huckabee habla de la “persecución” a los católicos en EE UU y asegura que el Tribunal Supremo “no está por encima de Dios”

Iowa convocó el pasado fin de semana a nueve políticos republicanos con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2016. Iowa es el primer estado del país en celebrar los caucus, su versión de las primarias. Y Iowa es el estado con mayor proporción de voto evangélico, un grupo de electores con suficiente influencia como para dibujar los argumentos de la próxima campaña republicana.

En Iowa es donde tiene también más opciones Mike Huckabee, exgobernador de Arkansas y candidato en 2008, que acaba de anunciar una segunda apuesta por la presidencia de Estados Unidos. Huckabee fue uno de los políticos presentes el fin de semana en Iowa, elegido también por Hillary Clinton como punto de partida de su candidatura. El Estado es el telón de fondo de una lucha que va más allá de la que puedan librar demócratas y republicanos, y que ha situado a los valores conservadores más tradicionales del país frente a los giros más progresistas que ha protagonizado su sociedad en los últimos años.

El grupo de votantes más amplio y sólido del electorado republicano sigue siendo la derecha religiosa, lo que otorga a Huckabee o Ted Cruz cierta ventaja. Sin embargo, puede arrastrar a los aspirantes republicanos hacia posturas ideológicas que, si bien han logrado movilizar a los votantes con argumentos en contra del matrimonio igualitario o el aborto, también les han separado del sector empresarial y de los votantes más jóvenes.

El voto evangélico representa además el 60% del electorado de los caucus de Iowa, convirtiendo este Estado en un posible trampolín para los candidatos asociados a las ideas del Tea Party. En 2012, Rick Santorum robó allí la victoria a Mitt Romney, incapaz de atraer a los conservadores con su perfil empresarial. En 2008, Huckabee lanzó su candidatura con una victoria en los caucus -a pesar de que su nombre era prácticamente desconocido fuera de Arkansas hasta un mes antes- apelando a los evangélicos de Iowa.

El peso de los conservadores en este estado lo convierte en un terreno sencillo para los favoritos del Tea Party, mientras que los aspirantes más progresistas se enfrentan a preguntas incómodas que pueden hacerles descarrilar más adelante en la campaña.

El último ejemplo fueron las leyes de Indiana y Arkansas que protegían a los empresarios que discriminaran contra clientes homosexuales. Nada más salir adelante las normativas, candidatos republicanos más progresistas como Jeb Bush ofrecieron su respaldo. Pero amplios sectores de la sociedad estadounidense, incluidos los empresarios, clamaron en su contra en una campaña espontánea que desembocó en cambios drásticos a la legislación.

Bush matizó entonces su postura, dibujando la línea que le separa de otros aspirantes como Huckabee, que sigue defendiendo el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer, habla de la “persecución” a los católicos en EE UU y asegura que el Tribunal Supremo, que dentro de un mes puede legalizar el matrimonio igualitario, “no está por encima de Dios”.

Huckabee ha denunciado que se trata como “parias” a los americanos “que ponen su fe y su familia por delante de todo” y se denomina republicano, no porque naciera rico “sino porque no quería ser pobre el resto de mi vida, esperando a que viniera el gobierno a rescatarme”.

Siguiendo el manual del candidato, Huckabee publicó a comienzos de año un libro en el que perfila su historia personal. En ‘God, Guns, Grits and Gravy’ el exgobernador de Arkansas reconoce que en Washington se siente “fuera de lugar” y en Nueva York, a pesar de que allí grababa su programa de televisión (FOX), no viviría nunca porque “es imposible poseer un arma legalmente y mucho menos utilizarla” ni podría pedir un plato de sémola (‘grits’) en uno de sus restaurantes.

Ahora Huckabee se presenta como el mejor candidato para batir a Hillary Clinton, pero necesitará más argumentos que su experiencia como gobernador en Arkansas cuando Bill Clinton, con quien comparte ciudad natal (Hope) era presidente. El exgobernador se encuentra muy lejos del resto de aspirantes en las encuestas y su mayor reto será, como en 2008, convencer al electorado y a los donantes republicanos menos conservadores.

Según el análisis de Upshot, solo el 7% de los 250 grandes donantes habían contribuido a la campaña de Huckabee hace ocho años. Entonces, y a pesar de su victoria en Iowa, el candidato no consiguió recaudar suficientes fondos para lanzar su campaña más allá del Sur conservador y tener opciones reales de ganar la presidencia.

Ese desafío de Huckabee es el de cualquier candidato que apueste por su versión más conservadora como vía para llegar a la Casa Blanca. La pugna por el voto evangélico es también la que libran los valores religiosos más conservadores y los principios fiscales y económicos de los republicanos. El riesgo va más allá de las opciones de cualquiera de los candidatos a título individual. Los últimos avances de la sociedad estadounidense a favor de la igualdad de los homosexuales, la controvertida reforma sanitaria de Obama o la regularización de inmigrantes indocumentados, chocan con políticas republicanas que apuntan en dirección contraria a la elegida por la mayoría de la población.

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