«Hoy la Iglesia debería abrir la ventana»

La mujer de Jerónimo Podestá vuelve a publicar las cartas que escribieron a lo largo de 50 años.

No quiero experiencias sobrenaturales, sino experiencias humanas hondas, muy hondas, hasta las raíces de lo humano; ahí encontraré la Verdad, la Causa, la Razón de ser, el Origen, la Finalidad, el Sentido." Estas palabras pertenecieron a Jerónimo Podestá, en una de sus tantas cartas que junto a Clelia Luro, su viuda, publicaron en 1972. Él había sido obligado a renunciar al sacerdocio, que ejercía como Obispo de Avellaneda con la Teología de la Liberación y el Concilio Vaticano II como banderas, cuando se puso en pareja con ella, en la segunda mitad de los '60. Tras la muerte de Perón, Las Cartas de Clelia y Jerónimo fue prohibido, y el editor (Granica) se llevó a España los ejemplares que existían. Allá los quemó a todos "porque estaba Franco". Ahora Clelia decidió reeditar el libro bajo el subtítulo Testimonio de 50 años de lucha política y eclesial, por la Editorial Hombre Nuevo y el Movimiento Helder Cámara, que Clelia preside. La actualización incorpora las cartas desde el exilio obligado por la persecución de la Triple A, otras a Papas, presidentes, militares, escritores, amigos, al director de La Nación hablándole de la libertad de prensa, y hasta a Diego Maradona. Tampoco faltan las cartas a Bergoglio, que se acercó a Jerónimo antes de su fallecimiento en 2000, llevándole la unción.

La lectura en tiempo presente de cada carta va entrecruzándose con el contexto que decoraba el escenario de cada escritura, apreciándose cómo uno influía en el otro con el paso del tiempo. Con el amor entre los dos siempre presente, paradigmático e histórico, que la Iglesia nunca se atrevió a aceptar. Como cuando Jerónimo le escribía: "Sentir la mano, después de mil años de ausencia, una mano que la siento siempre en la mía." Clelia destacó: "Cuando vos escribís un libro siempre estás pensando que te van a leer otros, entonces calculás, no sos del todo sincero. En cambio, en una carta a otro siempre te volcás más. Ahí se conoce bien a fondo a Jerónimo, su lucha y la mía. Como durante Malvinas, cuando viajamos por varios países porque él quería que con motivo de la venida del Papa, hacerles hacer una declaración del episcopado latinoamericano en contra del colonialismo. Pero sufrimos la vergüenza ajena de que cuando vinieron el cardenal Larraín, de Chile, nos dijo: no podemos hacer nada porque el episcopado argentino no quiere que se hable de Malvinas."

–¿Con qué Jerónimo nos encontramos en las cartas?
–Con él, en vivo y en directo, porque no hay cosa que muestre más a la persona que las cartas, con su dolor y lucha por el país, su defensa de los Derechos Humanos, su amor hacia mí, su lucha dentro de la Iglesia, la lucha política. Sólo puse una respuesta, de Perón hacia él.

–¿Por qué esa sola?
–Jerónimo era peronista, como Bergoglio, pero antes se sentía obispo de todos. Nunca dijo de qué equipo era, "de Independiente y de Racing". Con política lo mismo. Y con Perón se escribieron en el '67, también lo fue a ver en el exilio a Madrid. Tenían gran admiración mutua. Perón le dice que lo de la Iglesia a fines de su gobierno fue promovido por la CIA, y lo felicita a Jerónimo porque está predicando la Populorum progressio, una encíclica muy revolucionaria de Pablo VI, que después se silenció, como siempre. Jerónimo la predicaba estando en Avellaneda, y hablando eso se convirtió en un líder natural, toda la gente lo seguía.

–¿Qué tipo de Iglesia pregonaba Jerónimo?
–La del Vaticano II, él fue Padre Conciliar. Ahora Bergoglio va a hacer la lucha más fuerte cuando en octubre lo haga de forma colegiada, porque vienen obispos de cada continente, para hacerle frente a la curia romana. Hoy la Iglesia debería abrir la ventana para que entre el aire. Romper esa Iglesia de Poder.

–¿Francisco va a poder y/o querer hacer una reforma en el celibato?
–Sí, ahora no porque es muy difícil y peligroso todo lo que tiene que hacer antes. El IOR, el problema del Banco, la curia romana, muchas cosas. Él ha roto el poder, no va a dormir al Vaticano, no quiere andar en el Papa Móvil con vidrios polarizados. Me llamó el domingo y le digo: oíme, cuidate un poco, te vi por TV saludando a la gente, tocándola, y estaba diluviando, y no tenés muy buena salud.

–¿En alguna llamada le dijo a Francisco: "vamos por el celibato"?
–No, no, él me pidió que le diga a los curas que sabe que manejo (es presidenta de la Federación de Sacerdotes Casados, con 100 mil matrimonios): "Deciles que tengan paciencia porque todavía no puedo hacer nada." Porque es un tema que ahí sí le cortan la cabeza. Es el permiso de la entrada a la mujer en una dimensión igual con el varón. Nadie de nosotros pide una ley contra el celibato, sino que sea optativo. Los curas para ser curas no necesitan comprometerse con el celibato para toda la vida.

–¿Tiene esperanzas que haya novedades el año que viene en cuanto al celibato en la Iglesia?
–¡Sí! un año, no mucho más. Tantos años hemos esperado… es para las próximas generaciones. La gente ya se ha integrado en las comunidades de base, en la lucha política, social, todos tienen ya una profesión, se ocupan de su mujer y sus hijos, pero lógicamente una vocación es una vocación. Hoy la gente no entiende por qué no pueden ser como todo el mundo, por qué es malo tener mujer.

–¿Eso alejó a la Iglesia de los jóvenes?
–Claro. La institución. Porque yo hago una diferencia. Para mí la Iglesia es lo que Jesús dejó con los apóstoles para dejar un mensaje de amor, de justicia, de paz, al mundo. Y murió para eso. Desde Constantino hasta acá está compuesta por hombres, que sancionan, castigan, con el derecho canónico. Algo de Ratzinger que viene de Juan Pablo II: la penetración de Opus Dei, los Heraldos de Cristo, toda esa línea de derecha institucional que se filtró en la Iglesia y se quiso adueñar de ella.

Viuda Jerónimo Podestá obispo casado

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