Homofobia social y silencio cómplice

El pasado tres de junio aparecieron unas pintadas de carácter homófobo en la fachada de la casa de uno de los cofrades fundadores de la Hermandad de Jesús Resucitado y María Santísima de Luna de Pozoblanco. El contenido de las pintadas («Maricón, deja la cofradía, no te queremos») daba a entender que la protesta venía desde dentro de la propia Iglesia, quizás de la propia cofradía, a las que disgusta que dos de sus miembros hayan decidido no ocultar su condición sexual ni su condición religiosa. En un artículo publicado en el semanario «La comarca», titulado «Orgulloso de ser gay y cristiano», la víctima de las pintadas desgrana un rosario de agravios llenos de desvergüenza que indignan a cualquier persona de bien: el presidente de la Junta de la Agrupación de Cofradías de Pozoblanco le dijo en cierta ocasión que «Tú no puedes estar aquí. Estás fuera de la Iglesia»; la camarera de la Virgen de Luna le juzgó y sentenció espetándole «No eres digno de tocar a la Virgen»; el párroco le impidió que ejerciera como capataz de la patrona, testimonios todos ellos de la actitud intolerante (e hipócrita) que la Iglesia manifiesta en cuestiones de moral sexual. El afectado denuncia, además, mensajes recibidos por WhatsApp de similar contenido al de las pintadas. Pero lo más grave parece ser que el propio obispado habría presionado en el mismo sentido a la Hermandad para que discrimine a estos miembros activos, hasta el punto de haber dictado instrucciones sobre lo que pueden y no pueden hacer en el seno de la cofradía las personas que se declaren homosexuales: «no debemos, si somos conscientes de nuestros actos, comulgar y pertenecer a una Junta de Gobierno. Podemos leer en misa, salir de nazarenos, ser capataz, piostre, ser diputado de paso, montar altares para el Corpus con imágenes propias y con autorización del cura si son de la Parroquia…».

La cosa es tan esperpéntica, tan de otro tiempo, que horroriza por sí misma. Pero lo que más me ha llamado la atención de todo el caso ha sido el silencio casi general que en Pozoblanco se ha vivido sobre este asunto, cuando en otras ocasiones pintadas mucho más insignificantes por su contenido han llegado hasta los periódicos impresos provinciales. Ni siquiera los medios digitales, tan prestos a amplificar cualquier nimiedad, se han hecho apenas eco de este suceso. Es un silencio cómplice que delata y manifiesta lo lejos que estamos todavía de la normalidad en determinados ámbitos.

Pintadas en Pozoblanco el 3 de junio [Foto: Facebook Hermandad de la Resurrección].

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