Hazaras: perseguidos en Pakistán, desaparecidos en el mar

Un ejemplo más del conflicto entre suníes y chiítas en el islam, ligado a diferencias étnicas.

Ali, un chiita de la etnia hazara de 45 años, es un jornalero de Quetta, en la sudoccidental provincia pakistaní de Balochistán, que había llegado a Indonesia y abordado la embarcación en Yakarta el 22 de mayo, junto con otras 24 personas, la mayoría de la misma comunidad.
Pero se perdió todo contacto con el bote poco después de que este se internó en alta mar.

“Nos dijeron que el mar estaba agitado y que el bote era demasiado pequeño”, dijo Qadir Nayel, el hermano menor de Ali, con quien hablamos telefónicamente desde Quetta. “Pero como no hay noticias de que se hayan ahogado, estamos esperando contra toda esperanza”, agregó. Nayel dijo que su hermano pagó unos 10.000 dólares por el viaje.

Pero ¿por qué huyen del país los hazaras? La historia parece repetirse: los chiitas hazara, una comunidad de unos 956.000 integrantes (casi 600.000 de los cuales viven en Quetta) son perseguidos nuevamente en Pakistán a causa de su condición étnica y de su historia de conflicto con los musulmanes sunitas.

La mayoría de los 3,4 millones de hazaras del mundo, fácilmente reconocibles por sus rasgos similares a los de los mongoles, viven en Afganistán. Pero hace unos 120 años, muchos huyeron de ese país, donde eran perseguidos por las tribus dominantes de sunitas pashtunes. En Pakistán fueron bien recibidos, y algunos llegaron a ocupar altos cargos en el gobierno. Otros 350.000 hazaras viven en Irán.

Los chiitas de todos los orígenes étnicos representan alrededor de 20 por ciento de los 180 millones de pakistaníes, que son mayoritariamente sunitas.

Hussain (nombre cambiado a pedido del entrevistado) perdió en 2009 a cinco miembros de su familia, entre ellos un tío materno, una cuñada viuda y sus tres hijos, cuando la embarcación en la que viajaban naufragó en el océano Índico. “La última vez que mi tío habló conmigo fue antes de abordar el barco en Yakarta”, relató Hussain. “Lo escuché muy perturbado por el arreglo. Dijo que, de haber sabido, nunca se habría aventurado” a hacer ese viaje. “Por la mañana nos dieron la noticia de que su barco se había hundido y todos ellos habían perecido”, agregó.

En los últimos años, decenas de chiitas hazara huyeron de Balochistán. Hay comunidades importantes de hazaras en países europeos, entre ellos Turquía, y en Australia. Aunque es difícil acceder a estadísticas oficiales y la población teme dar información, el éxodo fue alimentado por el aumento de las matanzas selectivas de miembros de esta comunidad.

Según Abdul Khaliq, presidente del Partido Democrático Hazara, unos 25.000 integrantes de esa etnia se fueron de Pakistán en la última década, la vasta mayoría en los últimos tres años. “Yo diría que unas 1.000 personas perecieron mientras hacían este peligroso viaje”, dijo telefónicamente desde Quetta.

Se refería así a la ruta más comúnmente seguida por los hazaras al escapar, que se dirigen legalmente a Indonesia y luego intentan entrar a Australia clandestinamente. Ali Dayan Hasan, director de Human Rights Watch (HRW) en Pakistán, dijo a IPS que los hazaras se han reducido a “una existencia de gueto en Quetta”. “Solo pueden realizar sus actividades cotidianas poniendo en riesgo sus vidas. No sorprende que los miembros de la comunidad hazara estén buscando asilo político en grandes cantidades, y sería un estado anfitrión muy cruel el que se los negara”, agregó.

Hussain expresó: “Nadie abandona su país por su propia voluntad. ¿Quién querría dejar a su familia y amigos para embarcarse en un viaje que todos sabemos está plagado de peligros? Pero nos han puesto contra la pared”.

Desde el inicio del año, 47 chiitas hazara fueron asesinados en 21 incidentes violentos, según el South Asia Terrorist Portal (SATP). En 2011 fueron muertos 203 chiitas, entre ellos 27 hazaras. En los últimos tiempos se los ha identificado, obligado a descender de autobuses y camionetas, y se los ha asesinado. Ambreen Agha, investigadora del Instituto para el Manejo de Conflictos en Nueva Delhi, que está al frente del SATP, calificó a la matanza de hazaras de “cuestión sectaria”. “Su identidad chiita ha planteado una amenaza a su existencia en una sociedad que está plagada de intolerancia religiosa, de formaciones extremistas, y de la subsecuente impunidad de que gozan los ‘asesinos’ sectarios dentro del marco legal y político de Pakistán”, dijo a IPS por correo electrónico. “El sectarismo se suma al espíritu caótico de Islamabad”, añadió.

Esto fue corroborado por Hasan, de HRW. “Los hazaras son tomados por blanco como parte de un ejercicio más amplio dirigido contra todos los chiitas pakistaníes, pero es igualmente cierto que los hazaras corren doble peligro: además de ser chiitas, son étnicamente distintos”, explicó.

Según investigaciones de HRW, el prohibido grupo insurgente sunita Lashkar-e-Jhangvi (LeJ) está detrás de las matanzas. “Se atribuye la responsabilidad de estos ataques”, dijo Hasan.

En junio de 2011, LeJ advirtió a los hazaras: “… ahora la yihad (guerra santa) contra los chiitas hazara se ha vuelto nuestra responsabilidad. No descansaremos hasta izar la bandera del verdadero Islam en la tierra de los puros: Pakistán”. Para Agha, esto significa un “total fracaso o colusión” de la maquinaria estatal con estas organizaciones insurgentes.

Hasan dijo que “el Estado puede o no ser cómplice de las acciones asesinas de LeJ, pero observadores independientes creen que las agencias de aplicación de la ley y de inteligencia están, por lo menos, haciendo la vista gorda”.

Agha, quien investiga asuntos hazaras desde 2010, se quejó de que el Estado pakistaní nunca “montó ninguna resistencia efectiva” ni llevó a cabo un “esfuerzo sostenido para desmantelar a los grupos insurgentes sectarios a ultranza” que tienen vínculos tanto con los partidos religiosos como con el sistema político pakistaní. “A menos que Islamabad abandone su política de tolerancia hacia los partidos religiosos sectarios y sus contrapartes insurgentes, hay poca esperanza de que los chiitas hazara continúen viviendo en paz dentro de las envenenadas fronteras territoriales de Pakistán”, sostuvo.

Mientras, miles de solicitantes de asilo de Irán, Afganistán y Pakistán, muchos de los cuales pertenecen a la comunidad hazara, intentan llegar a la isla de Navidad, en el océano Índico, en embarcaciones destartaladas y hacinadas. Desde fines de 2009, más de 600 personas murieron al intentar llegar a la isla, que es el punto de Australia más cercano a Indonesia.

En agosto, el parlamento australiano intentó reformar su política inmigratoria para disuadir a los solicitantes de asilo, deportándolos a centros de detención en el exterior. La medida fue muy criticada por organizaciones de derechos humanos. “Es un océano grande; es un océano peligroso”, dijo la primera ministra Julia Gillard. “Hemos visto a demasiadas personas perder sus vidas intentando hacer el viaje a Australia”, agregó.

Gillard había propuesto enviar a los solicitantes de asilo a Malasia para su procesamiento, pero el plan fue rechazado por la Corte Suprema de Australia.

Paquistaníes lloran en el hospital de Queta al encontrar a sus familiares muertos por un ataque de suníes a hazaras cuando viajaban en un autobús (AP)

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