Guerra y religión en Colombia

PRESENTACIÓN.

La nación colombiana siempre ha vivido en situación de conflicto desde el comienzo mismo de la colonia. Y no siempre se han resuelto los conflictos de manera pacífica sino que generalmente se ha recurrido a la guerra. Aún hoy, seguimos enfrentados por diversas razones y causas. En el siglo XIX, el recurso a la guerra interna era frecuente. Dentro de ésta, el aspecto religioso jugó un papel importante. Este es el propósito de estos estudios: mostrar las implicaciones entre guerra y religiosidad, entre conflicto y religión en el siglo XIX colombiano.

No se puede decir que la religión era la única causa de los conflictos. También hay hegemonías locales que buscaban su preeminencia, venganzas heredadas de vieja data, intereses económicos y políticos encontrados, los ciclos económicos que producían pobreza y desigualdad, la incapacidad fiscal del Estado para lograr la modernización… Pero sí es fundamental entender el papel de los símbolos religiosos para motivar, enardecer y autoexplicar casi todas las guerras del siglo XIX. Aunque los estudiosos sugieren que la única guerra con tintes claramente religiosos fue la de 1876, se puede afirmar que, desde mucho antes, el enfrentamiento entre modernidad laica y tradición religiosa estaba permeando los espíritus y las instituciones.

Mirar esta relación entre guerra y religiosidad se convirtió en uno de los objetivos de dos grupos de investigación de la ciudad de Medellín: el grupo interuniversitario Religión, cultura y sociedad, y el grupo Religión y cultura de la Universidad Pontificia Bolivariana. En palabras de Luis Javier Ortiz, director del primero, se trata de abordar “las guerras civiles colombianas desde la de los Supremos (1839-1842) hasta la de los Mil Días (1899-1902), a través de las maneras cómo individuos y grupos sociales participaron en ellas, las vivieron, las escribieron y se las representaron. Busca además analizar la injerencia de las religiones en los conflictos bélicos, especialmente de la católica, las formas como las religiones y religiosidades se expresaron en las épocas de guerra y su decisiva influencia en la permanente reiteración de las guerras civiles en la Colombia de los siglos XIX y XX.”

En esta publicación, se presentan tres estudios realizados dentro del marco de esta investigación. El primero “La Constitución de Rionegro y el Syllabus: dos símbolos de nación y dos banderas de guerra” muestra cómo, de manera general en Colombia y específicamente en Antioquia, el Syllabus y la constitución de Rionegro fueron como las Biblias que guiaron la confrontación mostrando tanto un futuro marco de nación como animando la lucha. Lucha en la cual, los jefes de ambos bandos actuaron como obispos de una propia religión que había que defender con el alma. Este estudio fue realizado conjuntamente por el autor con la profesora Gloria Mercedes Arango de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín.

El segundo estudio “Dios, religión y política. Los sacrilegios” es un acercamiento a la raíz de la radicalidad de las posiciones. Dos concepciones diversas de sociedad se enfrentan de manera radical cada una desde su monismo interpretativo. Una metafísica fuerte a la base de cada una de ellas impide el diálogo y favorece la destrucción del otro como enemigo al que no se pueden hacer concesiones.

Finalmente, el tercero “Religiones y pluralismo en Colombia” hace un recorrido histórico sobre el asentamiento de diversas religiones en Colombia, del cual se desprende que siempre ha habido presencia de otras religiones en el país y que su establecimiento no ha sido siempre pacífico sino que ha implicado controversias, debates, persecuciones y resistencias.

Se trata así de contribuír al debate académico sobre los problemas del país y la continuidad de la violencia, mostrando cómo hay realidades de larga duración, herencias históricas insoslayables, semillas enterradas que germinan en el tiempo, solidaridades y esquemas que perduran… Se abren nuevos interrogantes y nuevas pistas pues en el estado actual de la nación, en la confluencia de tres formas culturales (premodernidad, modernidad y posmodernidad), se despiertan los fantasmas del pasado y se reviven las “pasiones” del siglo XIX.

El autor agradece tanto a los grupos de investigación arriba mencionados como a la Universidad Pontificia Bolivariana, especialmente a través de la Escuela de Teología, filosofía y humanidades, el apoyo para hacer estos trabajos Invaluable el apoyo de los profesores Gloria Mercedes Arango y Luis Javier Ortiz de la Universidad Nacional.

Carlos Arboleda Mora

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NOTA: En el archivo adjunto no se encuentra la tercera parte del estudio por no estar disponible en la fuente del documento.

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