Guatemala no es un Estado laico

Hasta antes de empezar a escribir este artículo estaba convencido de que Guatemala era un Estado laico, uno de los ideales en los que se funda una república democrática y representativa, pero ahora no estoy tan seguro.

llamativo que ningún artículo de la Constitución hace una afirmación en tal sentido. Al contrario, se invoca el nombre de Dios, se reconoce la libertad de religión (no de conciencia), se posiciona constitucionalmente contra el aborto (posición moral cristiana), otorga personalidad jurídica a las Iglesias y exonera a estas de impuestos. Además, permite la enseñanza religiosa en los centros públicos y obliga al Estado a contribuir a su sostenimiento.

Esta ausencia de asertividad o positivismo en cuanto a la laicidad del Estado no es casual. Los sistemas de influencias y privilegios de las Iglesias en Centroamérica han sido conocidos y estudiados ampliamente. El estandarte de la contrarrevolución del 54 fue el Cristo de Esquipulas, cuya imagen pasearon por toda la república. El arzobispo Vian es entrevistado todos los domingos, después de misa, sobre temas de actualidad, y la influencia de los pastores mediáticos es apabullante.

Es por ello que el hecho de que el presidente Morales llore en una acto religioso y afirme que «Dios tiene un plan bueno, agradable y perfecto para este país» o que hay que pedir que «perdone nuestros pecados […] para que haga resplandecer su gloria», dando a entender que la situación en que nos encontramos es por culpa del pecado, causa simpatía y complicidad en un amplio sector de la población.

Los ciudadanos que aprueban la manifestación religiosa por parte del jefe de Estado lo hacen bajo el argumento de que la Constitución permite practicar la religión tanto en público como en privado y de que el ser humano es uno y no puede ser dividido despojándolo de sus creencias y de su fe religiosa. También son los mismos que están de acuerdo en que, con base en los valores morales de su religión, se impida a los demás ciudadanos el acceso a la información y a los inventos científicos, así como al desarrollo de los derechos humanos y de los valores de igualdad y fraternidad. Por supuesto, ustedes saben que hablo de la educación sexual, del acceso a métodos de planificación familiar, de la igualdad ante la ley para parejas del mismo sexo, con todo lo que esto conlleva, y de una larga lista de ejemplos.

Hay un consenso en cuanto a definir el laicismo como la independencia de lo público respecto de cualquier poder religioso, lo que permitiría que todos los ciudadanos se sientan incluidos en los valores democráticos que encarna. Es por ello que la separación de Estado e Iglesia es estricta, tanto en la esfera privada como en la pública.

La neutralidad del Estado laico se refleja en que sus políticas no pueden estar marcadas por valores particulares, sino por la prevalencia de los derechos humanos, palabra denostada por los sectores más conservadores, ya que, con la profundización de los valores universales, sus sistemas morales dejan de tener un espacio preeminente en la esfera pública.

La permisibilidad en la ostentación pública de la fe de una persona que ocupa el cargo de presidente de la república en actos eminentemente religiosos no es más que la evidencia empírica de que los valores del laicismo y de la separación de Estado e Iglesia no se encuentran arraigados en el país, situación nada gratuita, sino que deviene de una estrategia añeja de no abandonar las esferas de poder que tantos réditos y prebendas supone a los invitados de esta fiesta.

Esta es mi tesis principal: que a lo largo de la vida republicana nunca se han establecido plenamente el concepto del Estado laico y sus efectos. La educación pública y privada en las etapas tempranas de la enseñanza primaria no inculca estos valores, y estos no son entendidos ni defendidos por los ciudadanos. Muy al contrario, lo religioso y su ámbito sobrenatural son importantes y primordiales en la sociedad.

La libertad de conciencia, la separación de Estado e Iglesia y la igualdad de trato de los ciudadanos son pilares fundamentales del Estado laico. Amplios estudios de los filósofos franceses fundamentan esta posición filosófica y política. Para ahondar más en esta materia recomiendo leer a Henri Peña-Ruiz. En Guatemala no existe un consenso social sobre la importancia de inculcar en los ciudadanos estos valores y de defenderlos frente al acoso conservador. Aunque es una obviedad, el Estado laico no supone un rechazo a la religión ni a lo religioso, sino que ubica cada cosa en su lugar dentro de las relaciones sociales democráticas.

El desayuno de oración no es más que otro capítulo en la vulneración de los principios republicanos en detrimento de los valores laicos de la república de Guatemala. En este partido, los de mi equipo vamos perdiendo por goleada.

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