Guatemala: Diputados, ¡dejen la religión por un lado!

El Artículo 36 de nuestra Constitución nos garantiza a los guatemaltecos el derecho a la libertad de religión. Es decir, podemos practicar la religión o creencia que profesemos, ya sea en público o en privado, “por medio de la enseñanza, el culto y la observancia”, sin ningún límite más que “el orden público y el respeto debido a la dignidad de la jerarquía y a los fieles de otros credos”.

A pesar de este derecho fundamental del que todos los ciudadanos gozamos, me parece incorrecto que un diputado o diputada utilice su curul en el Congreso para enseñar sobre religión y valerse de ésta para justificar su postura a favor de una propuesta de ley, como lo hizo el diputado Estuardo Galdamez durante el primer debate de la iniciativa 5272 que busca prohibir el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Estoy siendo generoso con el congresista Galdamez al decir que estuvo “enseñando” sobre religión al expresar en el pleno del Congreso lo siguiente: “cuando nuestro señor Jehová nos creó a su imagen y semejanza dijo Adán y Eva, hombre y mujer, hembra y macho. No hablo de terceras opciones”.

Asimismo, el diputado Galdamez increpó a sus colegas en medio del hemiciclo diciendo “el diablo está presente aquí”.

Alguien con la trayectoria del diputado Galdamez, que legisla para promover sus intereses personales y que fue denunciado públicamente por intentar sobornar a un periodista, no tiene la autoridad moral para enseñar sobre religión. Recordemos que Galdamez es uno de los legisladores que en septiembre de 2017 aprobaron las reformas al Código Penal que buscaban que más de 400 delitos fueran conmutables y que el delito de financiamiento electoral ilícito quedara en impunidad.

Además, no veo con buenos ojos que un legislador utilice su religión para sustentar su postura a favor de una iniciativa de ley, pues al hacerlo no demuestra inclusión y respeto por las voces de los guatemaltecos de otros credos a quienes también debería representar durante el proceso legislativo.

Después de todo, los diputados están para representarnos a todos los ciudadanos y no solo a quienes profesan la misma religión que ellos.

Ojo: no estoy diciendo que los legisladores no deberían de discutir las dimensiones morales de las iniciativas que buscan aprobar. De hecho, opino que sí deben hacerlo, pero no tomando la religión como base, sino la igualdad, el respeto y la inclusión, pues son principios con los que todos los ciudadanos podemos estar de acuerdo.

Exijamos a los congresistas que dejen la religión por un lado y que nos representen a todos los ciudadanos, en particular a aquellos cuyas voces no son escuchadas por ser parte de la minoría.

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