«Grecia surgió porque allí no había curas». Robin Lane Fox. Historiador

Un hilo mágico e invisible le conecta a usted, que lee esta entrevista, con un ateniense de hace 25 siglos. Sus nociones de belleza, justicia, lógica, democracia y erotismo son un calco. Robin Lane Fox (Inglaterra, 1946), experto en Historia Antigua y tan erudito como amigo del chascarrillo y la guasa, ha escrito un libro que ayuda a entender al hombre de hoy explicando cómo vivió el de entonces. Las 800 páginas de El Mundo Clásico (Crítica) son un paseo con las sandalias de Heródoto por la fragua de nuestra civilización.

–Su libro se ha convertido en un superventas en su país. ¿Cómo explica que las vidas de hombres de hace 2.500 años hoy interesen?
–Porque aquellos griegos valoraban la libertad y la justicia como nosotros. Inventaron la política, la filosofía, el teatro, las matemáticas, la arquitectura y las carreras de caballos que hoy conocemos. Es cierto, durante algunas semanas mi libro se vendió en Reino Unido más que la biografía de Wayne Rooney, el futbolista. Increíble ¿verdad? Quizá es porque la gente sigue preguntándose: ¿qué tuvo de particular aquel periodo para que se descubriera todo lo que se descubrió?

–¿Ha encontrado la respuesta?
–Sí: porque aquellos hombres no estaban dominados por sacerdotes ni reyes. Grecia, el mundo clásico, surgió porque allí no había curas. El primer pensamiento libre solo podía nacer en sociedades libres. A los reyes y los curas no les gusta la filosofía, la ven peligrosa. Las sociedades posteriores, regidas por la religión o las monarquías, se dedicaron a construir palacios con los descubrimientos de las sociedades libres.

–¿Por qué este estallido ocurrió entonces y no antes ni después?
–Grecia surgió en el límite geográfico e histórico de varias civilizaciones, pero ellos, en vez de preguntarse cómo y cuándo, se preguntaron por qué. Es una pregunta diferente que genera una sociedad diferente. Su arquitectura, por ejemplo, está inspirada en la egipcia, pero es menos monumental, más próxima a la dimensión humana. En Grecia lo humano era la medida de todo, esa fue la clave. Hasta su visión de los dioses era humana. Solo hay que ver cómo los esculpieron.

–¿No es sorprendente que tras tantos siglos de descubrimientos sigamos usando los mismos patrones de belleza, democracia o pensamiento lógico?
–Disculpe, lo de ahora no es democracia. Hoy vivimos manipulados por gobernantes que esconden la verdad y solo votamos una vez cada cuatro años. En Atenas, el Estado era la gente. Aquellos hombres fueron los más poderosos de la historia porque ellos mismos ejercían el poder y decidían las reglas de la moral. Allí las cosas se cuestionaban, había debate. Ahora vivimos gobernados por la tele y somos apolíticos y perezosos, aunque tenemos más dinero y mejores casas que nunca.

–Pero existía la esclavitud.
–Aquella época tuvo sus zonas oscuras. Existía la esclavitud y las mujeres se limitaban a parir y cuidar a los bebés. De hecho, el canon del deseo sexual estaba orientado solo hacia los hombres, incluido el deseo homosexual, pero no hacia las mujeres. La cuestión es: ¿era necesaria la esclavitud para que los hombres libres alcanzaran aquellas cotas de libertad y desarrollo? Algunos historiadores piensan que en un mundo con tan poca tecnología la esclavitud era necesaria para mantener el sistema. Yo no lo sé. Lo cierto es que los esclavos fueron el contrapeso que dio carta de libertad y derechos a los hombres libres, aunque aquellos pasaran por simples objetos que se compraban y vendían como hoy hacemos con un coche.

–La idea de la esclavitud choca con una civilización que afirma que el hombre es la medida de todo.
–Pero es que en esa época no existían los derechos humanos tal y como hoy los conocemos. En aquella época se creía, sencillamente, que los esclavos nacían inferiores. Pero esto no solo lo pensaban los griegos. El cristianismo tampoco dijo nada en un primer momento sobre la esclavitud, porque para ellos la única libertad verdadera es la que alcanzaba el espíritu en el cielo.

–¿Qué haría si pudiera viajar a aquella época?
–Quisiera ser Heródoto, tener su curiosidad, su limpieza en la mirada, su falta de prejuicios, su afán por saber, su inteligencia pura. Sé que no podría, porque soy un triste hombre moderno, vivo en un mundo de retórica, debo esconder mis prejuicios, conozco la vergüenza, no puedo mostrarme como soy.

–¿Qué diría Heródoto de nuestro mundo?
–Estaría sorprendido por los automatismos, diría que están guiados por los dioses. Diría que estamos muy gordos. ¡Comemos tres veces al día, increíble! No entendería que nuestros templos sean tan grandes y estén vacíos. Ni que los líderes que nos gobiernan nos hablen sin estar presentes. No entendería por qué hay quien explota bombas. Creería que los americanos son bárbaros, porque no tienen sentido de la proporción en sus construcciones.

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