Giordano Bruno y el librepensamiento gijonés

El mundo a veces corre al revés, mientras hay quien desde perspectivas laicistas recupera el espíritu de Giordano Bruno, como aquél religioso que tuvo una nueva visión del mundo moderno, que tendió puentes a la secularización de las ideas,  legitimando con ello los nuevos tiempos. Aquél que bebió de las fuentes de Epicuro, en la poesía de Virgilio y Cicerón,  que reinterpretó  a Copérnico,  se vio condenado por su envite hacia  la modernidad.

Esos mismos que hoy aún se niegan a reconocer la gran apuesta de Giordano Bruno,   parecen empeñados en retrotraernos  a la teología medieval, a la escolástica aristotélica, y al resarcimiento de la moral agustiniana. En resumidas cuentas quieren volvernos   al orden político y social tal vez soñado por esa  Iglesia preconciliar que tímidamente asoma bajo la decimonónica puesta de largo de los Heraldo del Evangelio.

Tal vez fruto de toda esa concepción se esconda  la condena que pesa como losa caritativa que desde la más absoluta “fraternitas escolástica”  se ha dictado sobre el teólogo alemán  Hans Kung, y como no,  esa Iglesia que se empeña en el siglo XXI,  a mantener por encima de todos y de muchos, el articulo 51 del proyecto de la Constitución Europea, cada vez más contestado.

Una iglesia que utiliza su voz en la ONU  “para limitar el acceso a la planificación familiar y al aborto sin riesgo; e igualmente sobre cuestiones relacionadas con la orientación sexual, el divorcio, la promoción de la abstinencia como único método “anticonceptivo”.

Lo que ha de llevar a los laicistas y librepensadores,  a querer separar cada vez más,  y con más prisa si cabe,  Iglesia  y  Estado, pues tanto monta una a la otra, que hoy empezamos a dudar donde está el punto de equilibrio,  puesto que ese artículo 51 de la proyectada Constitución Europea, institucionaliza el derecho de ingerencia de las Iglesias en las Instituciones.

Y no puede ser que ésta sacrosanta Institución siga recibiendo por un encubierto sistema rotacional, y  a manos llenas cantidades como las que exponían los parlamentarios socialistas:  Sres. Fernández Marugán y Sr. Cuesta,   de que en calidad del anticipo del 0,5 % proveniente de una parte de nuestros impuestos, por ello la Iglesia Católica  reciba 138 millones de Euros., lo que conlleva que reciba más de lo que se recauda “ en los últimos diez años, con datos también del Gobierno Español, la Iglesia Católica recibió de más, es decir, en concepto de perdón, 240 millones de Euros,  que son 40.000 millones de pesetas”.

No puede ser, que  además  que  alambicando diversas figuras  de rango eclesial para la “Igleisona” pase de Templo Parroquial  a Basílica, y con tal trasunto  se estime recaudar  una importante ayuda del Estado Español, para reparar dicho equipamiento religioso,.

¿A saber si ello con ello no se pretende  alambicar nuevos pesos ideológicos–eclesiales en el distrito gijonés, desplazando a la Iglesia de San Pedro? . En buena hora se nos fue el amigo D. Boni.

Sí los librepensadores gijoneses levantaran la cabeza, aquellos hombres  del siglo XIX y primeros del XX, y viesen tanta monserga y tanta recuperación de la memoria histórica, como se está gastando y gestando. Librepensadores, masones, espiritistas, protestantes y republicanos que  se preguntaban ¿Verá  impasible el espíritu de Jovellanos desaparecer su obra? Pues ese espíritu laicista que estos hombres ponían o veían en la obra de Jovellanos, parece desmoronarse por  momentos.

Tal vez sea éste sea  el momento en que los políticos gijoneses, deban  tomen el ejemplo de Giordano Bruno,  y lo que ello representó en el seno de  la decencia moral y política.

He dicho

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