Gallardo(n) paladín de damas

Solo un aumento en la producción nos sacará de la crisis moral que nos azota. ¡Mujeres dignificaos! ¡Poned vuestras matrices a producir!, parece decir el señor ministro de Justicia

El portador de unas pobladas aunque arregladas cejas despegó sus labios al objeto de emitir una serie de sonidos semejantes a palabras como articuladas. A primera vista o, mejor dicho, a primer sonido, parecían querer decir algo: bla, bla, bla… «se genera una violencia de género estructural contra la mujer por el mero hecho del embarazo»… y bla, bla, bla… «lo que vamos a hacer es defender el derecho y la dignidad de la mujer con uno de sus valores fundamentales, que es el derecho a la maternidad». Violencia de género estructural, ojo al dato. Qué bagaje cultural el del yerno de de Utrera Molina, aquel ministro del Generalísimo que definió al del Ferrol como un demócrata y un tolerante. Todo cariño el gallego y, al no decirlo, muchos sin enterarse. Yo siempre lo he dicho, antes incluso que Habermas, el problema de los humanos es que no existe comunicación.

Cómo se nota que el hijo de José María, aquél abogado fundador de Alianza Popular, que empezó en el despacho de Serrano Suñer, el cuñadísimo, y García Valdecasas, el que dio el nombre de Falange al fascismo español, como se nota, digo, que estudió derecho en la católica Universidad CEU San Pablo. De ahí que su acervo cultural y su acervo espiritual aparezcan hibridados. En las universidades católicas ciencia y universidad van de la mano. Son el Pin y Pon del conocimiento verdadero. Cómo, si no, entender que uno y trino se dan a la vez.

Así, pues, la violencia de género viene a ser la violencia sufrida por la mujer al quedar en estado de gravidez; violencia contra la dignidad de la mujer (obsérvese la utilización del singular), dignidad conseguida merced a uno de los valores fundamentales que constituye el hecho de ser mujer, como es la maternidad. Por eso, señoras, resultaría mucho más científico a la par que católico celebrar el primer domingo de mayo, Día de la Madre, como día de la Mujer Digna gracias a juguetonas trompas de Falopio y el útero rebosante, y no ese 8 de Marzo que rezuma resentimiento contra el creado a imagen y semejanza de Dios.

¡Por Dios bendito! La violencia de género estructural nada tiene que ver con el patriarcado y su división sexual del trabajo, ni con la doble jornada, la invisibilidad, los techos de cristal; con sufrir los piropos de protohomínidos en grupo, los menosprecios, los insultos, los golpes, la explotación sexual, la violación y la muerte por el hecho de no mear de pie. No, la violencia de género estructural la producen el derecho al aborto, la píldora del día después y la pretensión de algunas mujeres de ser dueñas de sus destinos y por tanto de sus cuerpos rebelándose contra su naturaleza que no es otra que producir hijos al servicio de Dios, del Estado y del Capital. Solo un aumento en la producción nos sacará de la crisis moral que nos azota. ¡Mujeres dignificaos! ¡Poned vuestras matrices a producir!, parece decir el señor ministro de Justicia, el centrado Alberto Ruiz-Gallardón. Ya se ve repartiendo medallas a la natalidad entre las católicas familias españolas. Familias de un hombre y una mujer, como la del señor ministro.

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