Fundamentalismo religioso

La jerarquía católica acaba de dar un paso más en su afán de mediatizar la sociedad civil. El diagnóstico que la asamblea plenaria del episcopado español ofreció ayer en su pastoral familiar, asegura que la violencia doméstica es fruto de la revolución sexual.

Vamos, que si existe el llamado maltrato de género en España, es porque se ejerce libremente la sexualidad. Por consiguiente será desde la castidad como nos libraremos no sólo del sida y de los embarazos no deseados, sino que también acabaremos con los torturadores familiares.

La vida entendida desde planos trascendentes de la fe, no puede trasladarse al común de los ciudadanos que o bien son ateos, agnósticos o simplemente incrédulos, o incluso pertenecen a confesiones religiosas distintas. Dirán que sólo a los católicos va dirigida su regañina, pero es lo cierto que el estudio de la religión lo han metido en las escuelas, donde imparten sus enseñanzas católicas que ya son obligatorias.

Pero van más lejos. Como ocurrió antes en Italia, también aquí recomiendan a los abogados, jueces y médicos, que se abstengan de intervenir en temas de divorcio o aborto. Esto es más grave, pues ataca directamente la legalidad que democráticamente nos hemos dado. ¿Cómo se puede pedir a un funcionario que infrinja la Ley? Significa un enfrentamiento abierto con el Estado, o lo que es peor, divide a la ciudadanía entre católicos y no católicos.

Para mayor escarnio, son capaces de condenar a la industria farmacéutica que priva a los pobres de la medicación necesaria para curar el sida o la malaria pero, a renglón seguido, niegan el uso de anticonceptivos, como remedio barato para frenar pandemias o evitar embarazos.

El sida sí que es un arma de destrucción masiva, y ¡la intentan combatir con la castidad! Seguro que sería más eficaz la castración de varones o la ablación femenina, pero todo se andará, pues ya se sabe que la abstinencia sexual va contra natura, y difícilmente se aviene el personal a prescindir de tan gratificante ejercicio.

Y por último, también los homosexuales son objeto de la diatriba episcopal, olvidando que la Iglesia suele ser reacia a condenar a los clérigos que practican la sodomía. ¡Serán hipócritas!

Carlos Etcheverría es presidente del Ateneo Republicano de Galicia

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