«Fue a meterme mano mientras me estaba duchando»

El ‘líder’ del ‘clan de los romanones’, párroco hasta el pasado 15 de octubre de la Iglesia San Juan María de Vianney, situada en los ensanches del populoso barrio granadino del Zaidín, ha tenido mucha afinidad con menores desde que se ordenó sacerdote, en el año 1978. Sus primeros destinos fueron parroquias de pequeños municipios de la Alpujarra, una de las zonas en las que grupo ha organizado numerosos retiros a los que solía invitar a menores y jóvenes. R.M.V.C. no tuvo responsabilidades pastorales en Granada capital hasta el año 1986, año en que fue nombrado coadjutor de una pequeña parroquia del Zaidín.

“Desde el principio, atrajo a los jóvenes rápidamente. Nos invitaba a tomar algo en su terraza y enseguida logró entablar relación con un grupo de chicos y chicas, en el que también estaba yo”. Quien habla es Antonio (nombre que no responde a su identidad real), ya un joven maduro que durante algunos años participó en las actividades que organizaba el hoy llamado ‘clan de los romanones’.

UN RETIRO EN LA ALPUJARRA

El primer fin de semana que se fue de retiro a una casa de la Iglesia de un pueblo alpujarreño (Torvizcón), formaba parte de un grupo de jóvenes. Fueron unos veinte, entre chicos y chicas, muchos de ellos, amigos, que habían sintonizado con el párroco coadjutor recién llegado a su barrio. Antonio tenía por entonces unos 17 años y comenzó a ver “cosas raras” en la actitud del sacerdote. “Separó a los chicos de las chicas y luego formó grupos entre los más y menos afines a su persona”, relata.

Por entonces, el cura, que solía vivir en casas y pisos parroquiales, disponía además de propiedades particulares, en la capital y en municipios de la provincia, a las que acostumbraba a llevar a sus jóvenes invitados. El líder del ‘clan de los romanones’ procede de una familia adinerada de un pueblo de la zona norte de la provincia, lo que explica que acumule propiedades inmobiliarias y casas de alto estanding en las que, al parecer, han tenido lugar supuestos abusos sexuales a menores.

“Me pedía que fuera a dormir a su casa”, dice el joven, que en varias ocasiones declinó la invitación del cura. Cuenta que en una ocasión llegó al piso en el que por entonces habitaba el párroco, en Granada capital y se marchó, con la primera excusa que se le ocurrió, al ver que salían “cuatro o cinco curas en pelotas del baño”. “A mí aquello me extraño. No estaban desnudos en un gimnasio, sino en el baño de un piso”, explica.

UNA PARROQUIA EN EL CENTRO

El ya expárroco de la Iglesia San Juan María de Vianney ha tenido responsabilidades pastorales en numerosas parroquias, incluso en alguna de postín del centro de Granada y ha sido responsable de pastoral juvenil.

En aquellos años, Antonio participaba en las actividades que organizaba el cura, pero trataba de evitar quedarse a solas con él. En cierta ocasión, tras una reunión que se había celebrado en el piso del cura, a la que habían acudido los amigos de Antonio, se encontró de repente solo ante él. “Empezó a hacerme cosquillas y yo no entendía a cuento de qué. Me puse nervioso y di un respiro cuando vi que entraban en la habitación dos diáconos que asistían al sacerdote. Respiré aliviado”, señala el joven.

Poco después, accedió a pasar la noche en un piso, propiedad del sacerdote, situado en la carretera de la Sierra. Antonio decidió darse una ducha mientras el cura preparaba algo para cenar. De pronto, se abrió la puerta del baño. “Fue a meterme mano mientras me estaba duchando”, dice.

“No podía entender por qué entró en el baño mientras me estaba duchando”, añade, y recuerda que se vistió rápidamente y se marchó apresuradamente del piso. “No he vuelto a verlo, no he tenido más relación con él”, confiesa.

El ‘líder de los romanones’ sabía cómo captar a los jóvenes. Descubría sus aficiones y los alentaba a practicarlas con él. A Antonio lo captó por la práctica del deporte; a otros, con su oratoria. Lo mismo le daba organizar un encuentro en su casa con un grupo de jóvenes para ver un partido de fútbol que organizar un retiro espiritual con cualquier pretexto en una casa parroquial o en una casa en la playa.

MIEMBRO DE LOS FOCOLARES

R.M.V.C, uno de los sacerdotes investigados por supuestos abusos sexuales contra menores, perteneció al movimiento de los Focolares, una organización nacida en Italia, algo atípica dentro de la Iglesia. Sus simpatizantes, que no solo son católicos, buscan vivir y difundir la fraternidad universal para contribuir a componer la familia humana en unidad. El ‘líder’ del ‘clan de los romanones’ trató de dirigir esa organización en Granada, pero abandonó el movimiento focolar tras un enfrentamiento con el párroco de una céntrica basílica de la ciudad, adscrito a la misma corriente.

“Sabía cómo acercarse a los jóvenes y simpatizar con ellos porque tenía mucha habilidad”, afirma Antonio, que destaca el poder de persuasión del cura con menores y jóvenes. Su marcha del movimiento focolar le llevó a crear su propio grupo, formado por unos quince sacerdotes y seglares de Granada, que se han sumado a su causa seducidos por sus tesis sobre la fraternidad. Entre sus más fieles seguidores, hay párrocos del área metropolitana de Granada, de la Alpujarra y de la Costa, e incluso, algún juez diocesano.

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Fotografía bajo licencia Creative Commons. Fuente original: David Amsler

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