François Houtart: ´La laicidad es la única fórmula de imparcialidad´

Nació en Bruselas en 1925. Es sacerdote católico pero defiende la laicidad, no en sentido negativo, como dice que pasó en las sociedades soviéticas en las que el ateísmo se convirtió en religión, sino como la única fórmula para que los estados sean imparciales y las religiones no sigan adueñándose del poder. Está convencido de que el capitalismo, o deja de existir o arrasará a la sociedad.

Cuando estaba en el seminario, en su Bruselas natal, François Houtart, referente de las luchas altermundialistas, tuvo contacto con las Juventudes Obreras Católicas, lo que le llevó a viajar por parte de Europa y toda América Latina. Tras descubrir la realidad de la clase obrera se convirtió en voz contra la guerra de Vietnam y contra la colonización portuguesa en África. Profesor de Sociología de las Religiones en la Universidad de Lovaina, creó el Centro Tricontinental y la revista Alternative Sud. La suya es una voz crítica, muy crítica.
-¿No es contradictorio que con tantos millones de católicos, de budistas, de islamistas que buscan la fraternidad esté el mundo como está?
-Los valores religiosos sirven por una parte para legitimar los sistemas de poder y por otra, para transformar la religión en un camino de salvación individual que elimina todos los aspectos sociales y colectivos, y eso no está sólo en el cristianismo, sino también en el budismo y el islamismo, que son utilizados como instrumentos para consolidar el poder político o económico. Lo vemos en Estados Unidos donde, por ejemplo, toda la religiosidad cristiana está en función de la lógica del capitalismo. Y hay que luchar contra eso. Toda tradición religiosa, que tiene una base de defensa del hombre, es desvirtuada históricamente y usada por el poder para reforzarse.
-¿Y eso no es desvirtuar el mensaje religioso de la construcción del hombre?
-Totalmente, porque corresponde a un problema de poder institucional más que a un problema de valores, de lo que tanto se habla. El papel de los valores éticos, que todas las sociedades deben reconocer, no recae sólo en la Iglesia u otras confesiones. También lo representan los movimientos de defensa de los derechos humanos. En eso consiste aceptar la pluralidad ética, pero la religión católica lo que busca es recuperar un poder perdido.
-¿Es por eso que la Iglesia busca imponer su criterio frente a determinadas leyes? ¿Quiere recuperar el poder que tenía como cuando sustentaba al Franquismo?
-De eso se trata, pero no es un problema únicamente de España. Pinochet decía que tenía apariciones de Jesús y Bush también decía que tenía contactos directos con Dios. Y es en nombre de Dios que entabla la guerra con Irak. es horrible, pero es así. El capitalismo no necesita de la religión para justificarse, pero los hombres sí. Lo vemos en la actual campaña electoral por la Presidencia de Estados Unidos. Desde Obama hasta Palin, todos se arropan una religiosidad porque alguien religioso no puede ser malo.
-Pero es desvirtuar la religión…
-Son desviaciones. Siempre las ha habido. Buda llevó a cabo una reacción social contra el poder de los bramanes, que era un poder hegemónico. Cuando uno nacía braman era porque había sido excelente en vidas anteriores y de esa forma había una justificación ontológica de todo un orden social. El budismo fue una reacción en contra, de forma que la salvación, el Nirvana, se convertía en el resultado del esfuerzo personal de cada uno. Y eso tiene un valor, pero vemos como ahora el budismo es utilizado en Sri Lanka como forma de nacionalismo frente a los colectivos hinduistas. No los aceptan y basta. Otra desviación de la religión en función del poder.
-¿La solución es un estado laico?
-¡Claro! Hay que luchar por la laicidad del Estado como fórmula para la imparcialidad. No en sentido negativo, como pretendió el marxismo o hicieron los estados soviéticos, que convirtieron el ateísmo en otra religión. Se trata de una laicismo que se base en la pluralidad ética. Sin embargo, la Iglesia católica, especialmente el Latinoamérica, lo que busca es recuperar el poder. Lo vemos en Perú, donde el Opus Dei tiene una amplia penetración.
-¿Pueden la religiones explicar una inmigración en la que las personas se han convertido en mercancía?
-Cuando se necesita mano de obra barata, se abren las puertas. Cuando hay crisis, se cierran. Esa es la lógica económica que está en la base de la construcción europea. Es la lógica del capitalismo, del poder al que se alían las religiones. La presión sobre América Latina y central y sobre África se debe a muchos mecanismos, como la deuda externa. Se destruyen las actividades económicas, sobre todo las agrícolas, de los países del sur, al enviarles productos con precios menos altos. De esa forma se acaba con sus producciones y se les obliga a comprar. La ayuda al desarrollo son 80.000 millones de euros, pero El capitalismo gana diez veces más.
-Así es imposible la supervivencia. ¿Cómo cree que terminaremos?
-La única solución es un cambio en el sistema económico que ya se empieza a ver en América Latina pero que en Europa aún es impensable. Está claro que no podemos seguir de crisis en crisis, con el problema climático cuando no por razones de ética social. Está por ver si el capitalismo caerá por sus propias contradicciones, con lo que nos arrasaría a todos, o si la sociedad se transforma.

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