Franco, la Iglesia y el futuro del Valle de los Caídos

La comisión de expertos designada por el Gobierno para redefinir el Valle de los Caídos emitió ayer su informe. El punto más llamativo es, sin duda, la recomendación de retirar del complejo los restos del dictador Franco, con el argumento de que él no fue uno de los caídos en la Guerra Civil y de que su presencia dificultaría el propósito de convertir la edificación en un memorial para todas las víctimas allí enterradas, muchas de ellas republicanas. Pero ello no es tan fácil en esta España donde aún sobrevuela el espíritu del caudillo. Como reconoce el propio texto, para hacer ese traslado hay que contar con la autorización de la Iglesia, ya que la comunidad benedictina tiene la potestad
legal, que data de 1958, sobre la basílica que aloja los restos de Franco y de José Antonio Primo de Rivera. (En el caso del fundador de la Falange se propone reubicarlo junto a los demás muertos).
El informe contiene algunos aspectos interesantes –en particular los relativos a la “resignificación” del complejo–, pero el resultado global es más bien conservador, muy insistente en el discurso sentimental de que todas las víctimas merecen el mismo respeto al estar igualadas en la muerte, y refleja las dificultades que aún existen, tras 35 años de democracia, para establecer un relato aleccionador de los hechos similar al de otros países que también han sufrido atroces dictaduras y represiones. El informe propone la creación de un “centro de interpretación” de lo ocurrido. Muy bien, pero ¿quiénes lo integrarán? ¿Qué historia contarán? ¿La de la equidistancia? Para volver al principio, ¿asumirán el PP y la Iglesia la recomendación de retirar los restos de Franco?

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