Francisco Vázquez dejará de ser embajador ante la Santa Sede

El embajador español en El Vaticano, Francisco Vázquez, dejará su cargo en los próximos meses y regresará a España en torno al verano, una vez concluyan los seis meses en los que España ocupa­rá la Presidencia europea.

Tras su vuelta a la escena nacional, después de una labor en la que se ha gana­do la confianza y estima de la curia, podría ocupar el cargo de defensor del Pueblo, en sustitución de Enrique Múgica. Vázquez, como buen político, ni confirma ni desmiente y, como buen gallego, tam­bién sonríe cuando se lo decimos, dejando entrever que todo es posible.

En unos años difíciles, con cuestiones tan espino­sas como la enseñanza, el aborto o la libertad reli­giosa, que han puesto en pie de guerra al episcopa­do español, el embajador ha hecho lo humanamen­te posible por suavizar asperezas, encontrar pun­tos de diálogo o, lo que me dijo una vez el estadista Aldo Moro, hallar el ni; es decir, un poquito de no y un poquito de sí.

Paco Vázquez ha dejado siempre patente que es un católico practicante, que defiende la vida y, sobre todo, que siente un pro­fundo respeto y admira­ción por Benedicto XVI. Me remito a pruebas como la visita de María Teresa Fernández de la Vega o los almuerzos que ofrecía a cardenales y arzobispos de la curia.

El embajador invitaba y esa invitación era aceptada por lo que representaba su persona. Por supuesto, es embaja­dor del Gobierno español y en los encuentros y con­versaciones con obispos o cardenales, todo el males­tar que hay en los católicos y la Iglesia española habrá salido a relucir, pero si hay algo seguro es que nadie mejor que Vázquez podría haber enfrentado mejor este periodo.

FIESTA BENÉFICA

El martes de Carnaval, el alcalde de Roma, Gianni Alemanno, ofrece una fies­ta titulada “En la Corte de Julio II”, junto con la Ópera de Roma. Como escenario del evento, se ha elegido la embajada de España ante la Santa Sede al ser uno de los más boni­tos palacios de la ciudad de Roma; de hecho, es conocido como Il salotto de la ciudad eterna. Lo más importante de la fies­ta no serán los disfraces inspirados en el año 1.500, sino que la recaudación de una parte de lo que apor­ten los 200 invitados irá destinada a Haití, como quiere alemanno. la otra parte será para un come­dor social de La Coruña, a petición del embajador español, quien fue alcalde de esta ciudad gallega.

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