Francisco Delgado: «En ningún país de nuestro entorno europeo se privilegia tanto a la Iglesia como en España»

Francisco Delgado ha sido senador y diputado del PSOE, al que se afilió en 1974 en Barcelona y del que se desvinculó veintitrés años después. Expresidente de CEAPA, ha formado parte del Consejo Escolar del Estado. Defensor a ultranza del laicismo, hoy día dedica buena parte de su tiempo al activismo con organizaciones como Europa Laica, de la que es presidente.

 Aashta Martínez. Dice el cardenal Rouco Varela que cada vez hay menos vocación Católica -en términos numéricos- pero que la cualidad de las nuevas generaciones de sacerdotes y religiosos ha mejorado. ¿Está de acuerdo con esta afirmación?

Francisco Delgado. Si lo dice el cardenal Rouco, será verdad. Es cierto que la sociedad española está muy secularizada. Sobre todo los jóvenes menores de cuarenta años, que se declaran agnósticos, ateos o indiferentes y que representan ya en torno al 50% de la población en todas las encuestas del Consejo de la Juventud y del CIS. Las personas de esa edad que cumplen con el ritual religioso, ya sea católico o de otra naturaleza, rondan el 10% aproximadamente. Luego sí que es cierto que la sociedad se está secularizando.

A.M. Según Europa Laica la Iglesia recibe anualmente más de 10.000 millones de euros de las arcas públicas. Si las iglesias están cada vez más vacías, ¿por qué siguen gozando de los mismos privilegios?

F.D. Esto viene por una tradición de varios siglos en España. Durante mucho tiempo, el Estado y la religión católica han sido prácticamente lo mismo. Solamente hubo un periodo muy breve durante finales del siglo XIX y en la Segunda República, en los que asistimos a una cierta separación del Estado y la religión. Y luego, desde el año 1978 en que se aprueba la última Constitución de una democracia formal, los distintos gobiernos y parlamentos han tenido una cierta tendencia a seguir privilegiando a la Iglesia Católica como institución. ¿Por qué lo hacen? Porque es evidente que dentro de los partidos políticos mayoritarios que han ocupado el Parlamento ha habido mucha gente que se ha sentido cercana a la Iglesia y ha querido beneficiarla. Hay que pensar que en la transición democrática no se creó en España un partido de moral cristiana como sí ocurrió en Alemania o Italia. Y todas las personas políticas cristianas recalaron en la UCD, luego en el PP y también algunos en el PSOE, que no es el partido comunista de España. Por lo tanto, los partidos han estado trufados de personas que han tendido a privilegiar a la Iglesia, ya que las religiones vienen a ser una especie de entidades de control social.

A.M. Pero llama la atención el hecho de que la concesión de esos privilegios no sea patrimonio de la derecha, puesto que en las épocas en que los socialistas han gobernado los privilegios de la Iglesia eran prácticamente los mismos…

F.D. Bueno, en cuanto a derechos civiles, en cuestiones que tienen que ver con la homosexualidad o el aborto, por ejemplo, sí que se han dado algunos pasos cuando ha habido mayorías progresistas en los Parlamentos, lo que ha enfadado mucho a la Iglesia. Pero si nos ceñimos a los privilegios económicos y fiscales, o en materia de enseñanza, no solo los han mantenido, sino que incluso los han aumentado. Y, últimamente, está ocurriendo un hecho, bastante complejo para explicarlo a la sociedad, y es que cuando hay crisis o aumenta la pobreza las religiones se hacen fuertes. Esto ocurre porque los Estados les otorgan a las religiones la función de hacer caridad, de una manera indirecta, y por eso se mantienen organizaciones muy potentes que ayudan a los pobres. Y esa misión debería ser tarea del Estado, pero este se desentiende, e incluso hace todo lo contrario.

A.M. Si Bárcenas repatria fondos de Suiza, Urdangarín evade impuestos y la Iglesia no paga el IBI, ¿quién tributa en España?

 F.D. [Risas]. Pues todos los trabajadores que tienen trabajo y muchos empresarios, sobre todo los más modestos. Realmente en España ha habido un fraude fiscal enorme. Se dice que casi 100 mil millones de euros de fraude.  Y al hilo de todas estas cuestiones aparecen el tema de la picaresca con la cuestión del IBI que la Iglesia debería pagar o el hecho de que muchos empresarios contraten a personas y solo les paguen la mitad de los seguros sociales. Y ninguno de los distintos gobiernos que ha habido ha abordado la cuestión debidamente, por lo que esto se ha convertido en uno de los agujeros que tiene actualmente el país.

A.M. ¿Es España más laica que sus vecinos de Europa?

F.D. A nivel de secularización, sí que lo es. Siempre ha habido un gran índice de secularización, lo que pasa es que el hecho de que te impongan una doctrina concreta… Yo nací en 1950 y pertenezco a una generación en la que o eras católico o no podías hacer absolutamente nada.  Te imponían el dogma y el hábito de ir a misa, hacer la comunión… y, claro, eso pesa mucho en las personas. De hecho, las encuestas siguen reflejando aún que en torno a un 70% de la población española se declara católica. La mayor parte de estos suelen ser personas mayores de setenta u ochenta años que dicen que lo son porque es lo único que saben decir, porque toda su vida han sido católicos. Aunque no hayan ido en su vida a misa, aún queda ese sesgo. Por eso te hablaba antes de los menores de cuarenta años que son los que realmente van a propiciar el cambio. Yo creo que la sociedad va a estar secularizada en la misma línea que los demás países del ámbito europeo y las democracias formales. Y la única diferencia de España con otros países son los enormes privilegios que aquí se otorgan a la Iglesia, estando solo por detrás de Grecia y su Iglesia ortodoxa griega. Y situándonos por encima de países como Italia, Irlanda y Portugal.

 A.M. ¿A quién le interesa confundir los conceptos de “laicismo” con “odio a la Iglesia”?

F.D. Sobre todo al poder político y a los jerarcas de las iglesias.  Todo lo que fue el sueño de la emancipación del ser humano que se ha vivido desde la Revolución Francesa y la Ilustración ha sido siempre muy vapuleado por parte de los poderes políticos, de las monarquías y de las Iglesias. Nosotros, como organizaciones laicistas y de defensa del libre pensamiento y de la libertad de conciencia tenemos clara nuestra pedagogía. Las organizaciones laicistas no son organizaciones antireligiosas. Son anticlericales en cuanto el clero intenta influir con sus dogmas en el conjunto de la sociedad, pero no antireligiosas. Es evidente que la religión es un hecho, que hay mucha gente que tiene fe en el más allá y en las deidades en general, y contra eso no tenemos nada que decir. Lo que queremos es que haya una separación real del Estado y de las Iglesias, y que se respete la libertad de conciencia de cada uno de los ciudadanos a nivel individual.

A.M. Con la polémica Ley Wert se elimina la asignatura de Educación para la Ciudadanía y se aumentan las horas semanales de Religión. ¿Cree que con imposiciones los jóvenes acudirán más a la iglesia?

F.D. Bueno, si me lo permites, me parece que la asignatura de Educación para la Ciudadanía era una especie de chapuza que el PSOE introdujo en la LOE para justificar el mantenimiento de la religión dentro de la escuela. En el fondo, era una materia que solo se veía en un curso de Primaria y otro de Secundaria. Y en el ámbito de los colegios católicos lo que se daba era una Educación para la Ciudadanía cristiana. Lo cierto es que la ley de educación vigente, la del PSOE, ya era puramente confesional, porque se mantenía la religión dentro de la escuela, se contrataba para impartirla a las personas que los obispados designaban y se les hacía fijos en plantilla y se financiaba a los colegios dogmáticos católicos. Y el PP lo que hace es darle una vuelta de tuerca más a la ley. Hace que la asignatura de Religión, aunque sea voluntaria, cuente para la nota media y pone una alternativa a la religión. Y a ver qué alternativa propone, porque eso está aún por desarrollarse en los reales decretos. A lo mejor se llevan un disgusto y hay muchos chicos que se van a la alternativa, porque muchos padres y madres llevan a sus hijos a clases de religión porque no hay otra opción. Otra cosa es que el PP proponga hacer una asignatura alternativa con contenido religioso, y eso es lo que vamos a tener que vigilar.

 A.M. El Gobierno apela al sacrificio ciudadano como único remedio para salir de la crisis. ¿Existe el mismo nivel de exigencia para la Iglesia?

F.D. No, no, la Iglesia se mantiene. Pero no solamente eso sino que están recibiendo muchas más donaciones directas a través de las organizaciones de caridad, como te comentaba antes. Desde hace dos o tres años la Iglesia Católica está recibiendo muchísimo apoyo público y de entidades privadas, con sus correspondientes desgravaciones en impuestos. Se deja a estas organizaciones de caridad, como Cáritas o Manos Unidas, que se repartan un poco las migajas para ayudar a esas personas que no tienen para comer. Y al mismo tiempo se están desmantelando los servicios sociales de los ayuntamientos. Justo ahora se acaba de aprobar en el Parlamento una ley que permite quitar a los ayuntamientos un montón de competencias al respecto para otorgar esos servicios sociales a entidades religiosas, fundamentalmente, porque son las únicas que están organizadas, claro.  En mi opinión esto va en contra de la Constitución del 78. Es evidente que las Iglesias poseen un montón de parroquias y establecimientos, casi todos donados por el Estado, incluso algunos usurpados, por lo que cuentan con una red que les permite hacer eso. Existen otras organizaciones laicas, como Médicos del Mundo o Cruz Roja, que no pueden hacer eso. En definitiva, las organizaciones religiosas están proliferando y, por lo tanto, recibiendo más ayudas.

A.M. Cambiando de tema. Si entre los preceptos de conducta cristianos están el de saber perdonar y pedir perdón, ¿por qué le cuesta tanto a la Iglesia pedir perdón por su apoyo y colaboración con la dictadura franquista? 

F.D. Algunas religiones cristianas sí han pedido perdón a lo largo de la historia, sobre todo en el mundo evangélico. Pero el ala de las religiones abrahámicas como el judaísmo, cristianismo e islam, nunca ha pedido perdón por las fechorías que han cometido a lo largo de la historia. Y no lo hacen porque va en su ADN. La Iglesia Católica, en concreto, ha apoyado todas las dictaduras en América latina y Europa. Me refiero a la jerarquía: clero, obispos cardenales, el Papa… Otra cosa es la iglesia de base. Los cristianos de base, que son aquellos que se sienten cerca de lo que ellos llaman el evangelio de Cristo, son diferentes. Son las dos caras de una misma moneda, los buenos y los malos. Y es evidente que ni el Vaticano ni la Conferencia Episcopal Española van a pedir perdón nunca, porque actuaron en contra de la República sabiendo lo que hacían, y todavía piensan que lo hicieron bien.

 A.M. Y ya para acabar. ¿Hay visos de cambio en toda esta situación?

F.D. Nosotros pensamos que el cambio va a venir impulsado por la juventud. Porque en este momento no solo cuentan las leyes, sino también las actitudes. De todas formas las religiones siempre van a estar ahí. Va a ser algo permanente. La creación de este tipo de corporaciones ha ayudado siempre a los Estados a mantener un control social. Pero creo que poco a poco se irá avanzando hacia un Estado laico, donde haya una laicidad de las instituciones, porque la secularización de la sociedad está creciendo y llegará un momento en que esas actitudes vayan cambiando, y también se vayan modificando las leyes. Sobre todo deben cambiar las cuestiones relativas a asuntos como los tributos o la financiación hipotecaria, que permite a la Iglesia apropiarse de espacios públicos como consecuencia de una ley absurda. O en educación, donde ahora parece que el PSOE quiere prometer en su propio programa el sacar la religión de la escuela. No lo sé, igual mienten, pero esperemos que se convierta en una realidad.

Francisco Delgado

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