Francia prohibirá el burka

Es un hecho que las cuestiones que tienen que ver con el Islam suelen generar controversias bastante acusadas, sobre todo en lo que se refiere a indumentaria, derechos humanos e interpretación de determinados preceptos religiosos. Algo así va a suceder en Francia a principios de enero, fecha en la que la Unión por el Movimiento Popular -UMP-, el partido del presidente Sarkozy, presentará un proyecto de ley para prohibir el uso en lugares públicos del “velo integral”, el que cubre todo el rostro, como el “burka” o el “niqab”. Ya hubo una polémica semejante en 2004 relativa al velo islámico o “hiyab” y que desembocó en una ley que prohíbe el uso de cualquier signo religioso en los lugares públicos, especialmente en colegios e institutos.

Si en algún país palabras como “libertad”, “fraternidad” o “igualdad” tienen un significado especial, es en Francia. Donde, por otra parte, reside una de las comunidades musulmanas más numerosas de toda Europa. De ahí que el estado francés suela conducirse con una especial sensibilidad en todo este tipo de asuntos. Al mismo tiempo, lo laico forma parte del acervo cultural francés desde hace más de un siglo, viéndose con una normalidad que bien podría exportarse a otros países más o menos cercanos. Francia, al igual que el resto de países de la Unión Europea, no persigue a nadie porque profese un culto determinado, siempre que éste no atente contra las más esenciales normas de convivencia. Tampoco se reprime a quien vista de una u otra manera, a no ser que dicha vestimenta entrañe algún tipo de condicionante específico. Y es ahí donde entra la regulación con respecto a prendas como el “burka” o el “niqab”, de trasfondo claramente vejatorio. A nadie escapan las razones primigenias que dieron lugar a que la mujer en el Islam se viese obligada a cubrir su cuerpo y su rostro. Dichas razones hoy quedan totalmente obsoletas, ya que atentan gravemente contra la dignidad de la mujer, y ello nada tiene que ver con la práctica del Islam, de una riqueza y profundidad que están muy por encima de algunas cuestiones de forma que bien merecen revisarse. Los emigrantes y creyentes musulmanes en la Unión Europea deben entender que el nuestro es el continente de la tolerancia y vocación cosmopolita. Pero lo es precisamente porque tiene unas señas de identidad que hunden sus raíces en la cultura greco-latina y judeo-cristiana, reinterpretadas por la filosofía secular de la Ilustración y de esos mimbres, a los que no queremos renunciar, se derivan nuestras leyes.

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