Francia multa a 1.500 mujeres en cinco años por llevar el velo integral en la calle

La «ocultación del rostro en el espacio público», seudónimo de la ley antiburka, está prohibida en Francia desde hace cinco años. Fue un 11 de octubre del 2010 cuando esta ley, una iniciativa de la derecha apoyada por prominentes socialistas como el actual primer ministro, Manuel Valls, fue aprobada por el Parlamento. Cinco años después, su balance parece bastante ambiguo. 

La estadística sugiere que llevar burka en Francia es algo casi tan exótico como coleccionar huevos de avestruz: desde el 2011, 1.546 mujeres han sido interpeladas por la policía y multadas con 150 euros por llevar el velo integral, mientras que el número de interpelados por uso de pasamontañas o máscara se desconoce. Según el Ministerio del Interior, «la inmensa mayoría» de las interpelaciones a mujeres por motivo de burka o niqab «transcurrieron sin especial tensión». Los sindicatos policiales apuntan, por su parte, que se trata de una ley «difícil de aplicar» y que pone frecuentemente a los agentes «en dificul- tades». 

El semanario L’Obs, actual versión devaluada del viejo Nouvel Observateur, que publicaba hace unos días las cifras de esa estadística, evocaba en ese contexto un incidente ocurrido en junio del 2013 en Argenteuil (noroeste de la periferia de París), cuando la policía interpelaba a una mujer por ese motivo. Se formó una trifulca con sesenta vecinos hostiles que increparon e incluso agredieron a los agentes. El informe no menciona otro incidente que, según los vecinos, tuvo lugar en el mismo barrio y en el mismo mes, cuando una mujer con velo fue agredida por dos skinheads que le arrancaron la vestimenta y la patearon. La mujer estaba embarazada de cuatro meses y perdió el hijo. Incidentes similares, sin aborto, se registraron en Toulouse. Algunos observadores consideran esta ley fallida en sus resultados prácticos, pues parece haber logrado exacerbar tanto el oscurantismo religioso como la islamofobia. Desde el Observatorio de la Laicidad, una organización consultiva adjunta al primer ministro encargada de velar por el respeto a la laicidad republicana, se reconoce que algunas mujeres deciden ponerse el velo integral para provocar, en respuesta a lo que consideran una arbitrariedad. «Para ellas es un acto de resistencia contra el Estado como podría ser la cresta para los punks», explica la socióloga Agnès de Féo. En la propaganda yihadista contra Francia, esta ley se vende como pura represión para alimentar un victimismo. 

Los dos argumentos de la ley son un «imperativo de orden público» y el «respeto a la dignidad de la mujer». Se da por descontado que las mujeres que llevan burka están inducidas por los hombres, «pero en diez años que he dedicado a observar esto, nunca he encontrado a una mujer que fuera obligada a llevar el velo por un hombre», dice la socióloga, según la cual, «cuanto más insultadas se sienten, tanto más consideran que no son aceptadas en Francia». El resultado es un empecinamiento demostrativo en el que el uso del velo es desafío. La propia estadística de este quinto aniversario parece sugerir algo de ello. 

Muchas de las mujeres interpeladas son multirreincidentes, cinco de ellas fueron abordadas por la policía por ese motivo en catorce ocasiones y en un caso una mujer fue multada 33 veces. En lo que esta ley ha sido un éxito ha sido en alimentar el espíritu tribal y de comunidades sectarias, que tanto políticos como medios de comunicación cultivan como alternativa a abordar los temas sociales de pobreza y desigualdad que afectan transversalmente a todas las tribus de la nación.

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