Francia: ¿defensa de la laicidad o racismo anti-musulmán?

Los ideales de la Revolución Francesa promovían un Estado laico, donde la fe tenía que quedarse fuera de la política.

En 1989, en Creil, ciudad en el norte de París, Fatima, Leïla y Samira fueron expulsadas de su secundaria. ¿El motivo de este castigo? Acudieron a una escuela pública vistiendo un velo islámico. El director estimó que esto iba en contra del carácter laico de la escuela. Este hecho provocó un gran debate en Francia: ¿la escuela laica puede aceptar la exteriorización de los signos religiosos?

Ciertas personalidades como Malek Boutih, quien en ese entonces era vicepresidente de la asociación SOS Racismo, denunciaron la voluntad “de poner en un ghetto” al islam. Otros, como Lionel Jospin, entonces ministro de Educación, apoyaron la decisión del director del colegio, defendiendo una visión estricta de la laicidad. Desde ese momento y, hoy más que nunca, la cuestión de la laicidad en las escuelas es un leitmotiv de los debates sociales en Francia.

Para entender esta pasión francesa hay que volver unos siglos atrás. La Revolución Francesa (1789-1799) logró vencer a la monarquía, pero su enemigo no eran sólo nobles, también el clero. La Iglesia apoyaba a una sociedad feudal opresiva en la que el rey obtenía su legitimidad de Dios. Así, se entiende que los ideales de la Revolución promovían un Estado laico, donde la fe tenía que quedarse fuera de la esfera política.

A lo largo del siglo XIX, la educación pública fue reformada para preparar a los ciudadanos de la nueva república. La escuela se convirtió así en un lugar donde no se podían manifestar las convicciones religiosas; debían concentrarse en el “vivir juntos”, sin importar la creencia, y comportarse como ciudadanos laicos. La oposición a este modelo venía de la Iglesia católica. En la actualidad  puede venir también de ciertos musulmanes.

El islam es, en efecto, la segunda religión en el país galo hoy en día. A partir de los años 1950, Francia experimentó una gran ola migratoria de poblaciones provenientes de África. Estos inmigrantes, así como sus hijos y nietos, incrementaron el número de musulmanes en Francia.

Según estimaciones del Ministerio del Interior, hoy en día el número de musulmanes se encuentra entre cinco y seis millones de individuos, aunque la mayoría de la población musulmana francesa es laica, respetuosa de las leyes de la república. Sin embargo, una minoría trata de violar el principio de laicidad, haciendo demandas como por ejemplo que las mujeres musulmanas puedan asistir a la escuela con velo o que se sirva comida halal (lícita) en los comedores escolares. 

Estas reivindicaciones provocaron que en Francia resurgiera un debate que se había acabado hace años, cuando la Iglesia finalmente aceptó la laicidad en la educación pública, gracias a la construcción de una red de escuelas privadas católicas. Sin embargo, los musulmanes no tienen esta alternativa (existen muy pocos liceos privados musulmanes en Francia), por lo que reaccionan de forma hostil al carácter laico de las escuelas públicas.

A diferencia de la lucha Iglesia/república anterior, en la actualidad la ultraderecha apoya la laicidad. ¿Sería que cambió? Muchos observadores de la política francesa lo dudan: se trataría más bien de una estrategia para evidenciar la presencia en Francia de una población no católica que puede poner en riesgo los principios occidentales.

Así, hoy en día es difícil diferenciar lo que se esconde detrás de la denuncia de la intrusión religiosa musulmana en las escuelas públicas: ¿será la defensa de los principios de la república o un racismo anti-musulmán disfrazado?

* Profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales. Universidad Anáhuac México Norte.

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