Francesco

A las siete de la tarde y siete minutos del miércoles fue elegido el nuevo papa. Esa misma mañana, siete saudíes fueron fusilados por atracar una joyería

A las siete de la tarde y siete minutos del miércoles fue elegido el nuevo papa. Esa misma mañana, siete pobres saudíes habían sido fusilados por atracar una joyería, sin que la presión internacional se pareciera, en nada, a la que habría sufrido cualquier otro petrorrégimen en la misma situación. Y en el juicio por el apaleamiento de un hombre que dormía en una calle de Madrid, el veterano abogado defensor de los cabezas rapadas aseguró que los mendigos no son “personas humanas”. Resulta evidente que el discurso cristiano está necesitado de altavoces sin interferencias. De ahí que la llegada del nuevo pontífice, al que ya se conoce como papa Paco, sea saludada como apuesta por la humildad, tras décadas de castigo a la curia latinoamericana más volcada en el drama de la pobreza.

En cuanto a espectáculo televisivo, el relevo papal vuelve a dejar en mal lugar a los expertos que invadieron canales y emisoras y que, solo al conocerse el nombre que habían dejado fuera de todas las quinielas, corrieron a especular con lo previsible del hecho. Los vaticanistas son los nuevos economistas, prestos a predecir lo que ya ha pasado con suma autoridad. La retransmisión tuvo tres planos recurrentes: la vista de la chimenea, la plaza de San Pedro a rebosar y los grupos de monjitas ojiabiertas. Con esos mimbres fue una bendición que las conexiones en directo solo tuvieran que sostenerse durante dos días, si no, conociendo a nuestros cerebros televisivos, no hubiera sido raro que comenzaran a tirar desde trampolines de piscina a cardenales y monaguillos.

Añadido a Messi o Maradona, el origen del nuevo papa refuerza el ego nunca flaco de sus paisanos, que albergan fundadas sospechas de que Dios pudiera ser argentino. Entre las hipérboles mediáticas, que destacan en el elegido rasgos de santidad como cocinar su propia comida y viajar en el subte, es digno de análisis y reflexión cómo el mero cambio de caras, la renovación, provoca una corriente de ilusión y esperanza general. Y de ser cierta la recuperación de los valores de Francisco de Asís, la peculiar y regocijante película del maestro Roberto Rossellini, Francisco, juglar de Dios, se destaca como un perfecto manual de estilo.

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