Fracaso de los evangélicos en el poder político en América Latina y propuestas desde su fe

Hace algunas décadas atrás, desde 1980, cuando se vislumbró la posibilidad de que algún evangélico o los evangélicos, pudieran llegar al poder político en algún país de América Latina, los animaba, según la experiencia vivida en Venezuela, la creencia que al incidir en la vida del país, podían hacer que el Evangelio creciera en el país, acceder a los privilegios que tenía y tiene la Iglesia Católica, y la idea que al estar un “hermano” en la presidencia o en alguna instancia de poder, era garantía de progreso, buena vida y separación del mal (pecado).

Estas eran las ideas “sanas” de los evangélicos, ingenuos y de buen corazón, no obstante, no había nada de malicia en ello. Sin embargo, no contaban o veían más allá de posibles personas e iglesias, instituciones, e instancias, con malas intenciones, que buscaban pescar en rio revuelto, a favor de sus intereses personales y de sus aliados.

Así mismo, creían que el Señor les acompañaría y daría palabra, en esta nueva aventura, creyendo que esto era suficiente. Olvidando que es necesario un conocimiento profundo de política, tanto en el ámbito nacional como internacional, en lo mínimo. Es así que las experiencias vividas por los evangélicos, han sido un total fracaso, y lo peor, es que no hay aprendizaje de ellas. Se ha sido ingenuo, en muchos sentidos. Los evangélicos son novatos en el ámbito político.

Hay, por lo menos tres modelos con los cuales los evangélicos han participado en política: Como partido político– “es el movimiento o partido confesional, integrado y liderado exclusivamente por “hermanos evangélicos”, que, bajo un “man­dato religioso”, quieren llegar al gobierno de sus países para, desde ahí, poder evangelizar mejor”.

Como frente evangélico– “se trata de un frente político liderado por hermanos evangélicos de diferentes denominaciones, pero que se abre a otros actores que comparten con ellos sus ideales políticos (aunque no plenamente sus ideales religiosos); en este caso, de cierta manera renuncian a sus principios religiosos para privilegiar, sus posibilidades políticas”.

Como facción evangélica– “consiste en la participación de líderes evangélicos en procesos electorales dentro de partidos o movimientos políticos ya constituidos, sobre la base de alianzas electorales (pero sin tener la capacidad de liderar dicho movimiento o partido)”. En este modelo, no ganan por sus propios votos, que no les son suficien­tes, sino por el arrastre de los partidos a los que pertenecen.

En los tres modelos arriba señalados, los evangélicos han fracasado, con algunos logros menores y avances, pero que no han sabido canalizar y aprovechar. De cualquier modo, lo cierto es que los evangélicos ya están presentes en la política partidaria de todos los países del continente (Centroamérica, Suramérica, y en el caso particular de Brasil) y son actores políticos en todos ellos, aunque con mínimo y distinto impacto e influencia.

A su vez, hay algunos elementos comunes, que son fácilmente detectados, a la hora de relacionar la fe evangélica con la política: “los evangélicos trasladan a la política, ideas ultraconservadoras en relación con la familia y restrictivas de las libertades sociales; los evangélicos son abiertos defensores del neoliberalismo y la sociedad de consumo, no son austeros; tienen una amplia capacidad económica ligada al aporte de sus feligreses; cuentan con un despliegue mediático a partir de sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales”, según el escritor Javier Calderón Castillo.

José Efraín Ríos Montt fue el primer presidente evangélico de América Latina. Llegó al poder en marzo de 1982 en Guatemala, tras un golpe militar. Desde 1978, pertenecía a la Iglesia Verbo, y era reconocido como Anciano Gobernante, es decir, un Lider de la mencionada Iglesia. Predicaba sobre la moral, desde la jefatura del Estado, proclamándose como el “Ungido de Dios”, para gobernar este país centroamericano. Sin embargo, luego de 17 meses en el poder, fue acusado de graves violaciones de los Derechos Humanos, culpable o inocente fue condenado a 80 años de prisión.

Hay un dato importante en este tema, los evangélicos que han tenido mayor incidencia en los procesos electorales vía presidencia u otros cargos, son los de sectores pentecostales. Y es que la participación electoral de pastores y la proliferación de partidos ligados a la fe pentecostal, son fenómenos en crecimiento. Ya dejaron de ser una novedad política emergente incursionando con fuerza para quedarse en la política.

Luego de esta experiencia con Ríos Montt, el mundo evangélico ha tenido otras similares, en países como: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Panamá, Perú, Venezuela, entre otros.

Recalcando el fracaso de los evangélicos, cuando han estado o están en el poder político, se evidencia en, violaciones de Derechos Humanos, casos de corrupción, escándalos sexuales, entre otros; pero lo más significativo ha sido, entre otros:

  1. Llegan a la gestión política, con la herramienta preferida, una agenda moral, en algunos casos una agenda moral próvida y pro familia, cuya base es el texto bíblico, como recetario y como manual.

  2. No se ha conseguido elaborar un pensamiento social evangélico, ni un Plan de Gobierno mínimo, para algún país. Solo parece haber una oferta, para moralizar la política.

  3. Se ha incurrido en errores políticos de gestión pública, por la ingenuidad y por carecer de herramientas, ante el desconocimiento de lo político y sus elementos constitutivos del mismo.

En este sentido, proponemos algunas alternativas-propuestas, para lo tendiente al mundo gubernamental evangélico:

  1. Convocar a una Cumbre Evangélica en Latinoamérica, Interdisciplinaria, Popular y Ecuménica. Con participación de teólogos(as), pastores(as) y líderes de iglesias prominente convocada por organizaciones de iglesias, concilios, sínodos, otros.

  2. Esta Cumbre, tendrá como objetivo, revisar la historia de los procesos políticos, en los cuales han participado los evangélicos, por país, evaluar errores y aciertos, proponiendo alternativas. A su vez, la Cumbre, propondrá tareas concretas por países.

  3. En las Cumbres por países, se deben elaborar Planes de Gobierno, ante la eventualidad de un ascenso al poder político, (si es que se quiere seguir incursionando en el mundo político en cada país): presidencia, gobernaciones, alcaldías, otros. Planes, tanto para la nación, como Planes de Desarrollo, elaborados a partir de propuestas de las bases evangélicas.

  4. Capacitar, tanto a los miembros de iglesias, como a cuadros evangélicos, con una Formación Socio-Política y Geopolítica de Alto Nivel Permanente, para obtener argumentos a la hora de la gestión pública.

  5. Proponer una Comisión de Alto Nivel, para revisar y elaborar Lineamientos en torno a la diferencia entre lo moral y lo ético, tratando de visualizar la línea horizontal intermedia, entre lo ético y lo moral, para no seguir cayendo en el error de entregar proyectos humanistas, revolucionarios o de avanzada, por un capricho moral.

  6. Ir hacia la consolidación de un partido político en cada país, sólido, en lo posible, un partido de cuadros y con un fuerte respaldo de masas.

  7. Estas Cumbres por países, deben trabajar ininterrumpídamente, hasta lograr un mínimo de trabajo organizado en las gestiones públicas, en los asuntos de gobierno y en todo lo relacionado con la vida estatal.

Sin duda alguna, el mundo evangélico tiene mucho trabajo por delante, si se desea seguir incidiendo en la vida política latinoamericana, tiene que aportar considerablemente en el presente y futuro de este continente, pero hay que prepararse, para no seguir siendo incautos e ingenuos, para que no nos sigan utilizando los políticos de oficio, corruptos y aprovechados. Se pudiera no seguir fracasando, si tomamos en serio, no a la ligera, la gestión pública de nuestros aparatos políticos estatales.

Desafío a los evangélicos, ¡Bendición o maldición!

Muchos sectores de evangélicos en América Latina, de varias denominaciones, deben sentirse triunfantes, al ver que han ascendido al poder político en varios países de nuestra América y la oportunidad de seguir en esta línea; mujeres y hombres, en cargos como: presidentes, vicepresidentes, candidatos a varias responsabilidades, senadores, diputados, gobernadores, alcaldes, entre otros. Aunque no sé si estarán al tanto de las implicaciones que ello conlleva.

Deseamos hacer unas reflexiones en torno al tremendo reto de los evangélicos, para tratar de deslastrarse de tantos errores políticos y de gestión, ingenuidades, deslices estratégicos y tácticos, así como comentarios y declaraciones absurdas, incoherentes y hasta sinsentido.

Por ejemplo, el hermano evangélico, Jair Messias Bolsonaro, escaló al poder en el país suramericano más grande e importante de América Latina, Brasil, país en desarrollo y visto como referencia en términos económicos, políticos, ambientales, entre otros.

Aunque hay otros líderes políticos evangélicos, o que fueron llevados al poder por éstos, o muy cercanos a ellos, o que empatizan con ellos, como Donald Trump de USA, con influencia en la región, existe el rumor que Iván Duque es evangélico de Colombia, Fabricio Alvarado de Costa Rica, Jimmy Morales de Guatemala, Javier Bertucci en Venezuela, entre otros. Así como la influencia de los hermanos evangélicos en países como: Perú, Ecuador, Argentina, Panamá, Honduras, Nicaragua, entre otros.

Hay un artículo reciente en las redes, titulado “La responsabilidad de los evangélicos en la destrucción de la Amazonia”, del biólogo Ferney Rodríguez, que refiriendo al hermano Jair señala: Nunca antes la ignorancia, la anti ciencia, el fanatismo religioso, y el conservadurismo habían estado tan unidos, al menos no desde los tiempos de la Inquisición. Además, de los calificativos “ignorante”, “fanático”, se agregan los de “machista, homófobo, racista, violento y sin amor por la selva amazónica”, señalados en el artículo, el cual fue apoyado para llegar al poder por “evangélicos, pentecostales y carismáticos”.

Surge la pregunta ¿sí así es el presidente de Brasil, igual serán sus seguidores, quienes lo apoyan y lo llevaron al poder? Es obvio que conocemos muchos evangélicos con estas características, pero los defensores evangélicos dirán: “es que Bolsonaro no es evangélico o cristiano, el ha usado a los hermanos”. Pero lo que es noticia cierta, es que Bolsonaro se bautizó en el rito evangélico más significativo de la fe evangélica, para decidir si es “convertido” al Evangelio. El problema no es si Bolsonaro utilizó a los evangélicos o no, es que obviamente, se declara fiel a la fe evangélica, se bautiza y proclama su adhesión. Y sus actos y palabras dejan mucho que desear. No es el modelo idóneo de evangélico convertido al Señor.

Otro problema significativo, es que la política y las declaraciones de Bolsonaro en torno a la Amazonia, son anti evangélicas, ¿cómo es que no se percatan los hermanos brasileños y latinoamericanos, que la selva amazónica es un don de Dios, para beneficio de la humanidad? Y que si se destruye, tendremos que dar cuenta de ello. Es más bien, una responsabilidad que en un país, con un presidente evangélico, debemos ser buenos administradores de algo que se nos entregó para protegerlo y conservarlo, en beneficio del ser humano.

Cómo deslastrarnos, que ante un tema tan crucial, significativo y de tal envergadura, como el cuido de la naturaleza y el ambiente, no pudimos manejarlo con la seriedad, importancia y acorde a las exigencias del Evangelio.

No tardaran muchos otros artículos y textos, dónde se nos acuse de malos dirigentes, más cuando algunos de nosotros, nos hemos ofrecido como los aptos para regir los destinos de nuestros países. Seamos conscientes de esto, pongamos los pies en tierra y obremos con responsabilidad, ética y disciplina.

En cierto, que es un verdadero reto y desafío, ver cómo corregimos tal actitud, ya que no pasamos el examen, ante un tema tan pertinente para la humanidad. Las autoridades evangélicas de otros países, deben ver en el ejemplo del hermano Bolsonaro, de lo que no se debe hacer en materia de gestión política y otros menesteres.

Recalcamos la propuesta que hiciéramos en otro artículo, de convocar a una Cumbre Evangélica por países, para evaluar y corregir tantos entuertos, y para que no se nos etiquete por siempre, como malos políticos y malos evangélicos. No debemos permitir que este asunto llegue hasta que seamos estigmatizados. A su vez, encarar un proceso de formación sociopolítica seria, que nos brinde herramientas para la gestión pública.

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