Fiestas de invierno

Muchos se preguntan todavía: ¿y qué daño hace la religión? Este es un tema del que cada cual debe reflexionar, pues guarda relación con decisiones importantes a lo largo de la vida.

De nuevo en las merecidas fiestas de invierno. La clase obrera en su mayoría, disfrutamos del merecido descanso. Tratamos de reunirnos con nuestro entorno familiar y de amigos, aunque nos cueste viajar cientos y miles de kilómetros, con el recogimiento que impone la climatología.

Señores curas: no es egoísmo ni hedonismo. Es el materialismo de la vida.

La Iglesia sigue imponiendo el nombre de las fiestas, empeñada en seguir con sus santorales como en la época del imperio romano, sin que ningún gobierno le haga frente. Otra cosa es en Francia por ejemplo, tras la Revolución burguesa.

Históricamente, se tiene constancia de que se celebraban ya en el Neolítico (el monumento de Stonehenge en Gran Bretaña y el monumento de Nueva Grande en Irlanda) como solsticio de invierno o nacimiento del sol en prácticamente todas las culturas del globo: el Frey de los nórdicos, Apolo, Heles, Mitra, Huitzilopochtli de los aztecas…, son ejemplos de ello, así como celebraciones de los japoneses, chinos, los dogones en Mali, los kurdos, Babilonios, Vikingos, Aimaras etc.

En ellos consta la idea del «nacimiento del dios» (el sol), hábitos de regalar bienes, liberar esclavos o montar un árbol Yule.

Posteriormente, vendría la implantación de los cultos cristianos, pues aún no conformaban una religión estructurada, en todo el imperio romano de la mano del emperador Constantino el año 303. Su sueño era unificar el imperio romano para siempre, imponiendo una única religión que aunara a la población y sus instituciones y destruyendo las variadas expresiones culturales y religiosas previas que suponían una y otra vez la división.

Tal hecho supuso la progresiva imposición de normas y leyes cristianizantes (todo lo contrario al victimismo cristiano). En esta línea, el Concilio de Nicea (año 325) estableció el nacimiento de Jesús en las fechas en las que se celebraba el solsticio por todo el imperio. El papa Hormisdas (S.IV-V. de la Era Común) proclamó el establecimiento del inicio de la nueva era en el supuesto año del nacimiento del supuesto dios. Esta fecha, debía marcar la historia de la humanidad. Pero ocurrió que Dionisio el Exiguo erró en 6 años al buscar referencias, dado que los datos históricos referentes al nacimiento son escasos y contradictorios (caso de los evangelios de Lucas y Mateo). No se menciona por Marcos ni Juan. Los textos rabínicos como el Tamud, textos de Suetonio, Plinio el joven o Suetonio carecen también de referencias claras propias, y son escritos unos cien años después, de oídas, pues ninguno conoció a Jesús.

El Olentzero cristianizado y Santa Claus, serian personajes de relatos «novelados», denominados «Hagiografía» fueron muy frecuentes en la época. En las mismas se trataba de «complementar» biografías de personajes (creación de héroes, santos etc.) rellenando su pasado, añadiendo comportamientos ejemplares, hazañas y milagros, como ejemplo a seguir. Las películas bíblicas de Hollywood, emitidas en la cadena de Tv. episcopal: la Trece, se guiarían por este camino.

Las referencias publicadas estos días respecto a la encarnación y a los supuestos misterios que entraña la navidad: del mundo o de la vida, suponen una incapacidad de cuestionarse abiertamente y sin miedos, los dogmas implantados desde la niñez en nuestro componente afectivo-emocional, bloqueándonos a la hora de considerarlo razonadamente. Cerrándonos en el en el oscurantismo del desconocimiento medieval (rechazo al conocimiento y a la vida, vuelta a los misterios y a la muerte). ¡Y todo ello, en la época de mayor conocimiento tanto en lo astrofísico como en las neurociencias!

Alguien debió responder a S. Francisco Xabier ¿de qué te sirve apostar por otra vida si pierdes ésta en tonterías…?

Filosóficamente hablando, el filósofo Michael Martin, profesor de la Universidad de Boston, nos dice que se debería dudar de una teoría como de la encarnación, carente de apoyo empírico y errores conceptuales que llegan a la incoherencia.

¡Vaya timo! Nos diría el intelectual Gonzalo Puente Ojea.

Ante todo ello, muchos se preguntan todavía: ¿y qué daño hace la religión? Este es un tema del que cada cual debe reflexionar, pues guarda relación con decisiones importantes a lo largo de la vida: principios y creencias, ideas, valores morales, modelo educativo, etapas de la vida. El fuerte fenómeno cultural –emocional que supone el relato cristiano del nacimiento de un niño –dios, el lugar y la forma (el belén) los regalos, los reyes magos, además de un entorno familiar especial de fraternidad y cariño, suponen para muchos niños-la puerta de entrada a un mundo irracional, sin ningún criterio crítico.

La reflexión sobre la línea ideológica de la Cadena COPE y Trece TV. de la Conferencia Episcopal nos llevaría a tomar muy en serio el peligro involucionista y reaccionario de sus mensajes.

Desde aquí, invito a los lectores a reflexionar sobre varias propuestas planteadas desde la Asociación EUROPA LAICA, el 9 de diciembre, Día Internacional del Laicismo:

-Escuela y Universidades públicas, libres de dogmas, religiones y pseudociencias.
-Derogación de los Acuerdos con la Santa Sede. Separación Iglesia-Estado
-Libertad de expresión. No a las denuncias por opiniones o críticas antirreligiosas.
-Autofinanciación de las diferentes iglesias. Acabar con las percepciones a la Iglesia Católica que suman 11.000 millones. Devolución del patrimonio arrebatado público.
-No a la presencia de cargos políticos como tales, en actos religiosos.
-Depuración de responsables de actividades delictivas en el ámbito de los abusos sexuales a menores, incluyendo su ocultación o amparo.

En éste último apartado, seguimos denunciando la permisiva actitud de la jerarquía católica, tal como se ha manifestado tras el reciente discurso de felicitación navideña a la Curia, del Papa Francisco, donde a preguntas de los periodistas, ocultó su responsabilidad en el nombramiento y mantenimiento durante años de dos cardenales (¡al final los cesa por su avanzada edad!). Uno de ellos en el cargo de ministro de Economía del Vaticano y mano derecha del Papa, el cardenal George Pell, condenado por pederastia por un tribunal australiano. Los casos denunciados en Australia durante su estancia como arzobispo ascienden a 4.444, y se conoce el pago de 8 millones de euros en acuerdos privados de silencio.

Jon A. Lasa

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*Los artículos de opinión expresan la de su autor, sin que la publicación suponga que el Observatorio del Laicismo o Europa Laica compartan todo lo expresado en el mismo. Europa Laica expresa sus opiniones a través de sus comunicados.

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