Feria anual del fraude esotérico en San Sebastián

  ¿Se imaginan que alguien vendiera leche rebajada con agua o coches que funcionaran con ese mismo líquido? En esos casos -y en todos los parecidos que se les ocurran-, las organizaciones de consumidores denunciarían el fraude y la Administración tomaría inmediatamente cartas en el asunto. Es lo lógico, excepto cuando hablamos de productos de la teletienda o propios del esoterismo. En este último terreno todo vale: las organizaciones de consumidores hacen dejación de sus funciones, las autoridades miran para otro lado y, cuando alguien denuncia haber sido víctima de un fraude por un vidente o curandero, la Justicia suele dictaminar que, si uno es tan crédulo como para tragarse la existencia de poderes paranormales, es su problema. Nadie protege a los tontos o ingenuos cuando del esoterismo se trata.

¿A qué viene esto hoy? A que vuelve a celebrarse estos días la veraniega feria del fraude esotérico de San Sebastián, ampliamente publicitada en los medios de comunicación vascos. Es una más, es verdad, de las muchas que a lo largo del año tienen lugar en España; pero es una de las más veteranas: ha llegado a la decimoséptima edición. Diecisiete años dando abiertamente a la gente gato por liebre y recibiendo un tratamiento amable por parte de los medios locales y nacionales, que el sábado se hacían eco de la ceremonia de purificación con la que seis monjes tibetanos inauguraron el Salón del Esoterismo donostiarra.

Hasta el domingo permanecerán abiertos en el palacio de Miramar una treintena de puestos de echadores de cartas, numerólogos, espiritistas y demás fauna esotérica, al módico precio por consulta de 35 euros que los ingenuos de turno pagarán por nada. Brujos e iluminados venderán a los incautos amuletos, fotografías de la energía vital, predicciones del futuro y un sinfín de cosas inexistentes o que no funcionan. A la luz del día y con total impunidad. A los desaprensivos que caen en el timo de la estampita, les protege la Ley; a los ingenuos que son víctimas de los adivinos -todos los días, a todas horas y en toda España-, no. Quienes creen en los brujos son tan tontos que no merecen protección legal; quienes creen que pueden aprovecharse de un pobre deficiente psíquico cambiándole un fajo de billetes por un poco de dinero sí la merecen. ¡Es el chollo de los brujos!

Ritual budista San Sebastián

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