Europa Laica en todos los Estados

La laicidad en Europa es una necesidad para consolidar la democracia. Las democracias de ciertas naciones de la Unión han sido desnaturalizadas por las políticas de sus gobiernos provocando el alejamiento de los ciudadanos de una clase política que no respetando los principios democráticos y destruyen los valores humanistas sobre los que tenían que construirse el espacio europeo. Las bases de la democracia tienen que ser las mismas en todas las naciones de la Unión. Cuando el ciudadano se desplaza en el espacio europeo, las fronteras geográficas han desaparecido, pero las fronteras ideológicas y políticas continúan existiendo. Lo que es permitido en una nación, no lo es en otra, marcando enormes diferencias entre las libertades de los ciudadanos del espacio europeo. Estas diferencias impiden que los ciudadano sean considerados los mismos de un país al otro. Lo que dificulta la creación deseada de una identidad europea. Mientras que las mercancías se mueven bajo las mismas normas y principios en el espacio europeo, por qué no los hombres?

Los nacionalismos es una ideología del pasado. Sin embargo, en ciertas naciones de la Unión, el nacionalismo renace, para hacer significar que no somos todos iguales por el hecho de pertenecer a una zona geográfica u a otra. Particularidades e igualdades se confunden, por intereses políticos más que reales, haciéndonos diferentes, y con valores de identidad diferentes.

Democracia a la carta es una invención de ciertos gobiernos para marcar su territorio y su poder, el de los políticos en detrimento del de los ciudadanos. Una manera de continuar mantener privilegios y excepciones para solo una clase de ciudadanos.

La ciudanía de hoy no tiene el origen tradicional de la tierra. Los ciudadanos proceden de diversos lugares del continente o del mundo, y aunque integrados, no pueden resentir el nacionalismo y patriotismo de la madre patria. El nacionalismo o patriotismo es hoy una ilusión de políticos, muchas veces utilizados para ocultar los verdaderos problemas e intentar reunir a toda la ciudadanía en una causa noble y hacerles olvidar el cotidiano.

Los berlineses, los parisinos, madrileños y barceloneses, la inmensa mayoría tienen sus raíces fuera de las tierras de estas grandes metrópolis. Incluso observamos, el mismo fenómeno en los políticos y en gobiernos donde algunos de sus miembros proceden de otros países y que hoy ocupan puestos reservados a los nacionales sin juzgar de sus orígenes. Y este fenómeno tiende a desarrollarse en todas las naciones de Europa.

La sociedad civil, organizada y responsable tiene que encontrar una plaza al mismo nivel que los políticos en la construcción de la Unión Europea. El poder y las decisiones tienen que ser compartidos entre la clase política y la clase civil. Este es uno de los principales principios democráticos. No se puede dejar todos los poderes a las fuerzas políticas. En democracia el poder soberano está en el pueblo, la representación de la ciudanía no está siempre en los partidos políticos, desgraciadamente no se ha hecho en muchos países una política en favor de la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo las políticas de ciertos gobiernos se han hecho a favor de los intereses de ciertos grupos, ya sean económicos, religiosos o de incluso de ideologías excluyentes, en contra de los intereses de todos. Este es el diagnostico de una democracia enferma que instituciones supranacionales han dado a las democracias de ciertos países de la unión europea. Los síntomas de esa enfermedad son la corrupción, los privilegios y excepciones, las leyes autoritarias… síntomas evidentes de una gangrena que hay que extirpar lo antes posible para que se extienda. El problema esta tiene que hacerlos? Los mismos que son responsables… En estos casos y en toda lógica tendrían que ser otros y abolir la impunidad!!!

Europa necesita una nueva construcción, reformas de calado como lo es una verdadera democracia para todos los países de la Unión. Tarea que se presentas indispensable la participación ciudadana de grupos que buscan que no defendiendo los interés de nadie buscan el interés común de todos y que difícilmente lo conseguirán los partidos ya que sus propios intereses priman. Es lo que los ciudadanos constatan en los momentos de elecciones. Discursos y promesas buscan los votos de los ciudadanos, y una vez en el poder la música cambia de tono. Una vez las elecciones pasadas, el ciudadano está indefenso ante las decisiones del gobierno. Solo le queda la calle para manifestarse. Hay que buscar otra forma menos degradante para le ciudadano de poder marcar su frustración.

Las mayorías parlamentarias es una manifestación más del funcionamiento político en contra de los principios democráticos. No por ser mayoría tiene todos los poderes, ni tiene la razón. Un gobierno por tener mayoría absoluta, no puede rechazar peticiones ciudadanas echar en toda legalidad, ni imponer silencio sobre asuntos de gravedad, negando explicaciones a asuntos de extrema gravedad para protegerse, pues son los ciudadanos los más importantes en una nación y no los partidos políticos. No puede hacerse del congreso un club privado para políticos y creer que informaciones y comunicados solo deben tratarse en la intimidad de la clase política sin la participación ciudadana.

El concepto de participación ciudadana tiene sus comienzos con los griegos, siendo uno de los pilares de la democracia para lograr que todos los ciudadanos sean considerados iguales y con los mismos derechos y sustraerlos de la autoridad de la clase aristocrática que había representado la exclusividad de la clase política de la época. Aunque la situación actual no es idéntica, sin embargo podemos encontrar similitudes en la mentalidad de ciertos políticos que llegando al poder o a un ministerio ponen patas arriba lo heredado y se comportan como Señores feudales hasta el punto que en sus mismos partidos protestan de la incompetencia y barbaridades de sus decisiones pero sin conseguir ningún impacto en las decisiones del Señor del ministerio.

El ser ciudadano en democracia, no se improvisa, es necesaria una educación a la ciudadanía, en la que se aprenden comportamientos y virtudes ciudadanas para ser participante en el sistema democrático. Aprender a reflexionar y analizar con racionalidad las ideas y los sistemas que más convienen a todos los ciudadanos. Dar la oportunidad que cada persona pueda hacerse su propia opinión libre de las influencias de doctrina y dogmas. Esta es la responsabilidad del Estado, que la educación desde los primeros años sea laica, es decir democrática y fuera de los adoctrinamientos tempranos que son en general, excluyentes e intolerantes con las convicciones de los otros ciudadanos. Esta es una de las principales reivindicaciones de los movimientos laicos, lo que no constituye un respeto hacia las creencias y convicciones de cada ciudadano cuando proceden de su libertad personal y no de imposiciones.

La educación no es solo un asunto de financiación, pero sí de voluntad política. Los programas de formación no pueden ser distintos con los cambios de gobierno. La juventud de un país es un caudal de las naciones y es su futuro. Si la clase política no es capaz de entenderse por criterios que no son profesionales, sino de orientaciones ideológicas y partidistas que perturban tanto a los enseñantes que los enseñados, es a la clase civil que hay de dejar esta responsabilidad tan importante. Personas de competencia, neutras a la política y a las ideologías transitorias al gusto de los políticos para que produzcan un programa de enseñanza con las garantías de la profesionalidad pedagógica que sea solido eficaz y duradero.

La representación civil activa hay que desarrollarla por grupos que garanticen la neutralidad de influencias para que pueda la democracia sea real y verdadera. La laicidad es esto lo que defiende. Lo que hace años que reivindica y en la que trabajan muchos ciudadanos provenientes de diferentes horizontes que merecen respeto y agradecimiento de los partidos políticos por hacer una acción que beneficia a toda la ciudanía y que ellos mismos no hacen a causa de defender sus propios intereses y por el miedo imaginario de no recibir todos los votos que necesitan.

La laicidad tiene que ser en Europa, tener su influencia en el Parlamento de Bruselas. Para ello es necesario que todos los movimientos laicos en otras naciones de Europa se una unan para constituir una fuerza y una influencia por la calidad de sus argumentos y la convicción de su ideas. Por no pertenecer a ninguna fuerza política pero por representar la ciudadanía, sin tener intereses particulares su voz puede ser escuchada por todos los partidos y políticos que constituyen la asamblea. La legitimidad de su presencia en los órganos de decisiones de la Unión europea es la de no ser un lobby que defiende sus propios interés, sino una organización que defiende los interés de todos.

Muchos de los ciudadanos de Europa aunque no conozcan el laicismo, tienen en su pensamiento, ideas que corresponden al pensamiento laico. Ideas de libertad, de dignidad humana, de justicia social y de democracia. Son los ciudadanos sin fobias, y que tampoco admiten los descalabros y poder de los mercados y el capital liberal salvaje.

Si muchos abandonan la religión de sus padres es porque no encuentran respuestas a los problemas actuales. Es cierto, que el Bing band ha remplazado el paraíso terrenal y la manzana de Eva. De la Santa Trinidad ya no interesa a nadie, incluyendo la Iglesia. Los pecados también han cambiado de gravedad, según quien los cometa. Los pecados de codicia, de injusticia social y de corrupción, son pecados veniales, por eso la iglesia prefiere cerrar los ojos y callarse. El tema caliente actual de los jerarcas es la sexualidad. Y en eso tienen razón, con los casos de abusos sexuales por los eclesiásticos es un problema muy grave para la misma Iglesia. Lo del aborto y la homosexualidad son los vicios de algunos predicadores que se exaltan de emoción tratando estos asuntos de sexo y procreación en sus predicaciones semanales.

Si el movimiento laicista existe lo debemos a la Iglesia. Sobre todo en nuestro país. El clericalismo creciente de la Iglesia y de sus papas, ha sido la buena semilla para que brote el laicismo. Nuestra Iglesia Católica es muy diferente de la de otros países. La nuestra es una de las más rancias, intransigentes y obscurantista. El nivel de sus jerarcas es tan bajo que incluso se permiten insultar a ciudadanos.

Por eso en nuestro país la laicidad es una urgencia. La separación del Estado y de la Iglesia es una mascarada, su influencia se deja sentir apoyada por la derecha y por la intrusión del Opus Dei en las decisiones del gobierno. A la Iglesia se la puede acusar de haber estado a la altura –del evangelio- al comienzo de la transición. En vez de unir a los ciudadanos en la democracia ha sembrado cizaña y atizado odios para dividir España en dos bandos.

El pensamiento laicista, hace siglos que apareció en la historia de la humanidad. Encontramos los primeros testimonios de la separación de lo religioso de lo laico a los comienzos de las ideas democráticas en el pueblo griego. Lo que nos deja imaginar que las ideas laicistas de la mentes de los ciudadanos eran anteriores al momento en el que la historia comienza hablar de laicismo.

Podemos reflexionar a todo el camino que queda por recorrer para que la laicidad sea Europea, puede que incluso no se perciba el camino. Es entonces que tenemos que recordar a Antonio Machado : caminante no hay camino, se hace el camino al andar. Así que solo nos queda caminar y lo veremos cuando miremos atrás.

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