Estrategia deliberada u otro «charco» papal

“En España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente en España”. Este es el corazón de las polémicas declaraciones de Benedicto XVI en el vuelo que lo traía a España. De entrada y sin entrar a valorar el fondo de la cuestión, digamos que las palabras del Papa taparon (otros dicen que arruinaron) su bello y espectacular viaje por tierras gallegas y catalanas.

¿Por qué hizo esta denuncia tan concreta en un momento tan inoportuno, que se convirtió en la esencia que va a quedar del viaje y en un desplante para el Gobierno anfitrión? Una de dos: estrategia vaticana calculada o "torpeza" de Benedicto XVI.

El Papa nunca habla a bote pronto. O casi nunca. Siempre lee lo que escribe. O casi siempre. Desde hace unos años, se ha instaurado, sin embargo, la moda de que, en los viajes, el Papa se acerca a los periodistas que sufragan el vuelo (pagando cada uno de ellos más de 2.000 euros por acompañarlo). Y contesta a unas cuantas preguntas, hechas con antelación. Y que, por lo tanto, el Papa tiene tiempo para preparar a conciencia. Aunque los directos y el lenguaje hablado puedan conducir a ciertas imprecisiones.

Si la respuesta estaba preparada, quiere decir que el Papa dijo lo que dijo con total consciencia. No se equivocó, no metió la pata, no se pasó de frenada, no se le calentó la boda…Fue una respuesta pensada, calibrada y decidida con todas las consecuencias.

¿Quién le "sopló" al Papa ese diagnóstico, cuando menos exagerado, al comparar el laicisimo agresivo de la II República con el de Zapatero? Cañizares y Rouco, me parece. Y lo digo, basándome en las declaraciones posteriores al desaguisado de ambos purpurados españoles. Declaraciones que no dejan lugar a dudas. Rouco decía en lunes en la COPE que "España ocupa el primer lugar en el ranking de los países de laicismo más agresivo", al menos en lo que se refiere al tratamiento de la familia y de la vida.

Y Cañizares era aún máss tajante y señalaba: "Lo que dijo el Papa sobre el laicismo radical es la pura verdad". Y, al día siguiente, en la UCAM de Murcia repetía: "Existe un laicismo radical y agresivo que se nos impone y con el que se colabora".

Los dos cardenales españoles con mayor peso en Roma avalan, pues, las palabras del Santo Padre y, por lo tanto, se postulan como sus inspiradores. Quizás, entre otros. Porque lo cierto es que el Papa Ratzinger no necesita informadores sobre la situación de España y sobre las tendencias de fondo del socialismo español como abanderado y adalid del laicismo en España, en Europa y, sobre todo, en Latinoamérica.

¿Por qué, entonces, Lombardi y Camino han salido a quitar hierro a las declaraciones del Papa y a hacer una exégesis tan complicada de las mismas que las desnaturalizan por completo y le hacen decir todo lo contario de lo que entiende el común de los mortales? Roma se da cuenta de que los efectos colaterales de las declaraciones papales están tapando los mensajes de la visita y manda al portavoz de la Santa Sede, Fedrico Lombardi, a tratar de explicarlas. Pero sin negar la mayor (el laicismo agresivo zapateril), lo único que dice Lombardi es que la intención del Papa no es de "choque" sino de diálogo y entendimiento.

Monseñor Camino se suma a esa tesis (no sabemos si urgido por Roma o motu proprio) y se fue a Veo7 a hacer la exégesis de las palabras del Papa que, como decíamos, resultaba tan prolija que le hacía decir lo que no dijo. Eso sí, dicen que salió airoso del quite. Pero lo dicen los que creen que los periodistas somos comecuras por definición.

En cambio, otros de la misma galaxia ultra echan las muelas contra el portavoz del episcopado, porque les ha desmontado la piedra miliar de su cruzada: que el propio Papa condene el "laicismo agresivo" de Zapatero. Una tesis que vienen sosteniendo, desde hace años y que, ahora, queda o quedaba avalada por la máxima autoridad eclesial.

La otra posibilidad, que algunos dan por buena, es que Benedicto XVI se ha metido, con sus declaraciones, en un nuevo "charco". Otra tropeza más del santo Padre a añadir a una ya larga lista (Ratisbona, preservativos, lefebvrianos…). Lista que sedimenta mediáticamente y que se recuerda cada vez que se hace un perfil biográfico del Papa Ratzinger.

Con los datos que, por ahora, manejamos, me decanto por la primera opción: el Papa dijo lo que quiso decir con pleno conocimiento de causa. Fue, como ya he explicado aquí mismo, un ¡basta ya! a Zapatero y a su efecto contagio.

Y, ahora, la Iglesia española debería asumir las palabras papales. Como hacen Rouco y Cañizares. ¿A qué juega, entonces, Martínez Camino, el portavoz de la Conferencia episcopal? Tras tales evidentes contradicciones interpretativas, alguien debería explicar cuál es la interpretación oficial del episcopado español sobre las declaraciones del Papa.

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