Estado laico y separación absoluta Estado de confesiones religiosas

Fue Ratzinger quien, en uno de sus ataques epilépticos de especulación en que viven inmersos los adictos al alucinógeno de la religión y el cristianismo, fruto de estar acosado por el rechazo creciente e incontenible al parasitismo de la Iglesia Católica-Vaticano y del cristianismo, respecto a la sociedad, a los pueblos y a los Estados de las naciones, arribó a su invento de que una cosa era el laicismo y otra la laicidad, subrayando que podía aceptar esta última, por cuanto era tolerante con el cristianismo, y del laicismo, en cambio decía, dentro de sus conjeturas, que era una posición extremista y radical de rechazo a las influencias de la Iglesia Católica-Vaticano y el cristianismo en el Estado, por lo que decía le era inaceptable.

Recurriendo al Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española, puede constatarse que no existe el término laicidad, por lo que es un neologismo inventado por Ratzinger, en tanto en el Diccionario Larrousse en español se dice que tanto laicismo como laicidad son una y la misma cosa, resultando que por cualquier lado a Ratzinger su maniobra le resulta fallida, y es evidente que su interés era crear confusión y sembrar conflictos imaginarios que sólo existían en su cabeza y en las patrañas sucias de la Iglesia Católica-Vaticano y el cristianismo.

Esa intentona del taimado y astuto Ratzinger en sus prácticas de teólogo, no tomando en cuenta que tanto la teología como la apologética son seudo-ciencia y teorías especulativas que buscan dar sustentación a la hechicería y a las supersticiones, o sea, a lo insostenible, responden a otras tantas artimañas y estratagemas a las que la Iglesia Católica-Vaticano y el cristianismo se aferran, en su desesperación por seguir viviendo de la masa de la población a la que designan como sus ovejas, que bien puede ser tomado como un eufemismo para referirse a los que considera los pendejos de los que esas prácticas e instituciones mágico-fantásticas y religiosas han decidido vivir a sus costillas por siempre.

Ahora mismo, ya no insisten, la Iglesia Católica-Vaticano y el cristianismo, en la supuesta diferencia entre la inexistente laicidad como palabra inventada por Ratzinger y la palabra real laicismo, sino que su estratagema ahora mismo tiene otro campo, el cual consiste en la generalización de lo que bien cabe definirse como la hipocresía a lo mexicano, elevada a la condición de ideología, de decirse ser lo que no se es, actuar contrariamente y en definitiva no ser ni fui ni fuá. Cantinflas lo encarnó a la perfección y con toda exactitud. Por esto definitivamente lo aborrecemos; ni con molondrón lo tragamos.

Hace poco que fue traído al país un cura con intenciones oscuras, al parecer mexicano, de nombre Felipe Gaytán Alcalá, creemos que lo hizo la entelequia que se presta a todas las vagabunderías, en tanto los organismos fachada del imperialismo y superestructura internacional le llenan los bolsillos con dinero, que es la Flasco, que se ha caracterizado por ser una institución mercenaria, vilmente mercenaria. Este cura dio diversas charlas y conferencias bajo la fachada de la admisión formal de la separación de Iglesia y Estado, demandando que la supuesta separación entre Iglesia, de un lado, y el Estado del otro, fuera al estilo de lo mexicano, que es bajo la forma, envuelta en hipocresía, en que la Iglesia Católica-Vaticano y sus buitres, alias obispos y cardenales, anulan la soberanía nacional y estatal en el país, como la autodeterminación, y con esto arrasan con los vestigios de democracia, así como con todo cuanto sea independencia nacional, y de hecho nos reducen, en virtud del Concordato, al que ni por el diablo gustan mencionar, a una colonia de viejo tipo sobre la que la Iglesia Católica-Vaticano tiene, con dicho Concordato, el más férreo fideicomiso.

Para ilustrar este asunto veamos lo que sucedió en la discusión y aprobación de la última Reforma Constitucional en torno a la cuestión del aborto y el derecho al respecto.

La Iglesia Católica-Vaticano, el Nuncio Papal, la Conferencia Episcopal católica, sucursal del Vaticano, por ninguna parte dominicana como se quiere pasar de contrabando, y particularmente esa ave de carroña maldita del alias Cardenal Nicolás de Jesús -Hildebrando Borgia- López Rodríguez, llevaron a cabo la más brutal campaña contra el derecho al aborto, por parte de quienes paren, que son las mujeres, y dicha campaña contó con una maquinaria de chantaje y hasta de amenazas de muerte sobre los legisladores tanto los diputados como los miembros del Senado.

Así, se cometió la monstruosidad de incluir en la Constitución el concepto nada científico y negación absoluta de los principios y leyes de la biología respecto al inicio de la vida humana propiamente dicho. Y se estableció que la vida humana comienza con la fecundación del óvulo por los espermatozoides.

Esto, establecido así en el Art. 37 de la Constitución, conlleva a que todo aborto es un delito penal de asesinato, que envuelve al médico y a todos los involucrados en el proceso del aborto, por cuanto con éste se ha asesinado a un ser humano, cuando biológicamente no es ni puede ser así, sino que la biología establece que ya es un ser humano en desarrollo a partir de la doceava (12va.) semana de fecundación del óvulo y no antes.

Pero qué resulta, que tanto Rosario Espinal, como la longaniza de agentes de la Iglesia Católica-Vaticano, entre los que están los Eduardo Jorge Prats, Cristóbal Rodríguez y muchos energúmenos que hacen de apologistas e idiotas columnistas de la prensa amarilla y funcionarios de los órganos mercenarios desinformativos, a los que sólo les preocupa su lucro, ocultaron y negaron que la Iglesia Católica-Vaticano y el cristianismo, fueron los que impusieron el Art. 37, y más adelante tienen la cachaza de decir que en este artículo, metido de contrabando en la Constitución vigente, no se prohíbe el aborto.

Esto último porque la supuesta interpretación neoliberal del artículo dice que no es así, y además alegan que en el mismo no está directamente la expresión prohibición del aborto; por lo que todo depende de quien lo aplique, que es siempre la Iglesia Católica-Vaticano, por cuanto es ésta la que actúa, a través de los jueces y el Ministerio Público, ya que tiene el control de la Justicia, de las leyes y de la Constitución, cosa que es harto sabida.

Si se les acorrala, estos desalmados, como Rosario Espinal, Eduardo Jorge Prats, Cristóbal Rodríguez, entre otros, como Pelegrín Castillo Semán, sin mucho apuro y sin arrugárseles la cara dicen: “Pero quienes votaron por ese artículo, aprobándolo, no fueron los obispos ni los curas, sino los senadores y diputados electos de la República Dominicana.

Y es la implementación de esta situación, para su generalización, lo que demandan Rosario Espinal y Gaytán Alcalá, quienes abogan para que sea oficializada a nombre de la separación del Estado, de un lado, y del otro lado, la Iglesia Católica-Vaticano como cualquier otra confesión religiosa, esgrimiendo como sofisma el alegato correcto de que el Estado no trata con creyentes sino con ciudadanos, y que el mundo de los creyentes es coto cerrado de las religiones, lo que tampoco es del todo correcto, y como ejemplo ilustrativo ahí están los casos de Jim Jones en Guyana y su confesión religiosa de suicidas, como el de Waco en los EE.UU. y el de Palma Sola. En este último la Iglesia Católica-Vaticano ordenó y efectuó, al mando de las FF.AA. y la P.N., la más bestial masacre contra ingenuos creyentes que no le eran afines en materia de confesión religiosa, lo que sólo permite recordar la trágica carnicería de la Iglesia Católica y el cristianismo conocida como la noche de San Bartolomé, en la Occitana, Francia, en la Edad Media.

Al fin y al cabo lo que demanda esa corriente dentro de la Iglesia Católica-Vaticano y el cristianismo es que, si bien la Iglesia Católica-Vaticano y las demás confesiones religiosas no puedan seguir incursionando en la misma forma que aquí lo hacen ahora, donde la Iglesia Católica-Vaticano es la dueña absoluta del Estado Dominicano y sus riquezas y poderes, a las iglesias se les debería permitir participar en los debates y luchas políticas, pero que al momento de decidir con los votos, por ejemplo, en el Congreso, ni la Iglesia Católica-Vaticano ni ninguna otra confesión religiosa puedan votar como tales ni mucho menos. Ya a esa altura del juego el daño sería irreversible. Y es, insistimos, lo que se hace en el país, como ocurrió con el Art. 37 de la Constitución vigente.

Esto, el cura mexicano Gaytán Alcalá no se anduvo con rodeos y lo expresó textualmente así: Que puedan participar las iglesias en el espacio público (político, lo cual calla), pero las decisiones en políticas públicas, en torno a la forma como la sociedad y la población se organiza política y socialmente, corresponde en exclusivo a los individuos.

Por lo que nosotros reafirmamos, contrariamente a ese engaño hipócrita a lo mexicano o a lo Cantinflas, que lo que plantea el laicismo es una total separación del Estado de toda iglesia. Esta de su lado, y el Estado, así como las actividades políticas, de otro lado. Nada, absolutamente ninguna actividad metiche de la Iglesia Católica y todas las demás en los asuntos del Estado y de la política.

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