Estado laico y educación pública

Ya en el siglo XIX, el gran escritor Víctor Hugo señaló: “Quiero decir que el tiene un tirano: LA IGNORANCIA. Hay que buscar la verdad de la naturaleza en los libros científicos”. Esto es una realidad actual, pues las sociedades avanzadas son las que se han fincado en el conocimiento.

El éxito en la evolución económica y social de los países depende de manera determinante de los esfuerzos en educación, el desarrollo científico y el desarrollo tecnológico. Frase muchas veces escuchada a través del , Banco Interamericano de Desarrollo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Ciencia (UNESCO), etcétera.

En México, ¿qué es lo que se hace en relación a estos esfuerzos recomendados? México invierte solamente 0.37% de su PIB en ciencia y . Suecia invierte 3.98% de su PIB en ciencia y tecnología. Corea del Sur -que hace 30 años estaba en igual condiciones que México- ahora es un país desarrollado pues destina 2.7% de su PIB a la ciencia y tecnología, del cual 70% proviene del sector privado. y destinan 1% con 50% proveniente de privadas.

Aun así, con esa baja en ciencia -mayormente en instituciones públicas-, en México 70% de la investigación proviene de las instituciones públicas. Del total de investigadores nacionales, 40% están en tres instituciones: la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad Autónoma Metropolitana y el Instituto Politécnico Nacional. Las publicaciones científicas de México provienen, en buena medida, de las instituciones de educación superior públicas con 5,381 artículos por año, contra 315 artículos por año de las universidades privadas. También las universidades públicas aportan 70.71% de los artículos ISI, mientras que solo 4.14% provienen de instituciones privadas. Dentro del Programa Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC), 73% de los programas de Instituciones de Educación Superior Públicas son reconocidos, contra 7.6% de programas de universidades particulares (PNPC, 2009). Dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), 67.24% de los investigadores nivel III está en las instituciones públicas, y solo el 2.07% en las instituciones privadas. En el caso de la acreditación de programas por el Consejo para la Acreditación de la Educación Superior, A.C. (COPAES), de 6,082 programas existentes en las instituciones públicas, están acreditados 1,333; en tanto que de los 10,492 que hay en las instituciones particulares, solo están acreditados 484.

De manera que para desarrollar un Programa Nacional de Ciencia en México no se puede ignorar el hecho de que estas instituciones productivas, son públicas y laicas.

Durante muchos años -más de ¿70?- los gobernantes toleraron la creación de muchas escuelas y universidades donde se enseña religión. No obstante, el Artículo 3º de nuestra Constitución marca claramente que la educación debe ser laica.  Laico, en nuestro idioma, significa que no tiene órdenes clericales. En el  Diccionario de la Real Academia Española se define laico: “Dícese de la escuela o enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa”.

También, en los últimos 15 a 20 años, México padece un gran desorden y nuestra libertad se ha convertido en libertinaje. Los políticos que antes mantenían sus creencias religiosas en la intimidad, hacen ostentación pública de su religión.  Nuestras leyes también ordenan libertad de culto. Hay lugares específicos para conducir el culto. Justamente, las escuelas NO son esos lugares.

Esta tolerancia ha conducido a la creación de cientos de universidades llamadas “patito”. El 31 de agosto del 2007, la Secretaría de Educación Pública (SEP) señaló que: “De las 1,100 instituciones privadas de enseñanza superior 96.5% no cuentan con un solo programa de buena calidad, sin certificación de calidad”. En el 2010, hubo un avance en cuanto a las universidades particulares. Un estudio del COPAES publicó que las Universidades particulares cuentan con 185 programas acreditados y las instituciones públicas cuentan con 3,459 programas acreditados. Sin embargo, en diciembre -también del 2010- la SEP anunció un programa para fomentar la calidad de las escuelas superiores privadas pues 2 de cada 3 programas no cuentan con prácticas ni aseguramiento de la calidad educativa (Rodolfo Tuirán, la Jornada 2010).

De acuerdo a la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES, 2012) 40 % de los espacios educativos creados entre el 2000 y el 2009 corresponden a universidades particulares. Sin embargo, solo 14 % de sus programas tiene reconocimiento de calidad, mientras que los de las instituciones públicas llegó a 46%.

En cuanto a la enseñanza religiosa en las instituciones, aún cuando estamos conscientes de la importancia histórica, social y cultural que tienen las religiones en la vida de los pueblos, debemos hacernos algunas preguntas: ¿Tenemos derecho de inculcar a los jóvenes todos nuestros prejuicios y miedos provenientes de los preceptos religiosos? ¿Tenemos derecho a hacer esto con quienes deben ser libres para tener un aprendizaje eficiente que los conduzca a marcar el futuro progresista de  México? ¿Podremos salir de la ignorancia con todos los prejuicios y  temores inculcados por la religión?

Bajo estas condiciones religiosas: ¿Podrán los jóvenes hacer clara diferencia entre dogma y ciencia? ¿Podrán los jóvenes entender racionalmente la evolución y el origen de la vida? ¿Podrán protegerse de enfermedades mortales venéreas por miedo religioso a usar protección?  

¡El miedo coarta la libertad y la democracia!

Un verdadero desarrollo de la ciencia implica, requiere de investigadores, de estudiantes, de infraestructura, de equipamiento, etcétera. Pero sobretodo necesita de definiciones políticas. Si México no cuenta con el apoyo en estos rubros, no dejaremos de ser una colonia tecnológica.

Por todo ello, es indispensable el apoyo del Estado a la educación y a la ciencia. El apoyo financiero tanto a la educación como a la ciencia no es un gasto, ¡es una inversión! Pese a la crisis que enfrenta la Unión Europea, se ha tenido claro que invertir en ciencia y tecnología impulsa el desarrollo; por cada euro invertido se obtienen 2.5 euros en innovación, es decir, tiene un efecto multiplicador (Stephan Vavrik, jefe adjunto de la Delegación de la UE en México, 2011)

La educación laica, científica y democrática es el mejor instrumento emancipador de las ataduras que no permiten el avance de las sociedades. La investigación científica es esencialmente laica, pues se hace con base en observación y experimentación. La ciencia no tiene fe, tiene datos y es racional. Por ello el conocimiento que es el producto de la ciencia es un bien público necesario para la sociedad pues es la que genera progreso y calidad de las actividades humanas.

María Valdés Ramírez. *Integrante del CCC e investigadora de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional.

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