Estado laico, democracia y libertades civiles

Para Carlos Monsiváis, quien presenta en la FIL su libro El Estado laico y sus malquerientes

Con motivo de la iniciativa de ley para elevar a rango constitucional el carácter laico del Estado mexicano, presentada ante el pleno de la Cámara de Diputados el 22 de noviembre del 2007, aprobada por la Comisión de Puntos Constitucionales el 24 de abril de este año y leída en primera lectura en dicha cámara el 30 de abril; y con el objeto de entrar a segunda lectura en estos días, el Foro Intereclesiástico Mexicano (FIM) AC, en coordinación con diversas organizaciones no gubernamentales, los partidos políticos PRD, PRI, PAN, PSD, Alternativa y Convergencia, así como diputados de la LX Legislatura, realizaron el pasado 26 y 27 de noviembre dos importantes eventos.

El primero se realizó en el salón Verde de la Cámara de Diputados y el segundo en el auditorio Ricardo Flores Magón de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM.

En ambos eventos asistieron y hablaron diputados que expusieron la necesidad de legislar en esta materia; es decir, impulsar el laicismo y la laicidad como elementos constitucionales de todo Estado democrático y para la defensa integral de los derechos humanos.

En dichos foros expusieron sus puntos de vista cuatro especialistas: el doctor Henri Pena-Ruiz, del Institut d`Etudes Politiques de París, Francia; la doctora Micheline Milot, de la Université de Québec, Montreal, Canadá; el doctor Roberto Blancarte, director del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México, y el doctor Juan Esquivel, de la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

 

 

La diputada Martha Tagle señaló que “ha visto con preocupación que se ha vulnerado al Estado laico”, pues al no estar el concepto incorporado a la Constitución debe serlo ahora “para ser exigible por todo ciudadano y de esta forma deslindar responsabilidades”. Añadió que un Estado laico no puede profesar ninguna religión ni tampoco imponer ninguna; así como tampoco se opone a ninguna; “por el contrario, se promueve la confrontación civilizada de todas las creencias, de todos los valores, de todas las ideologías. Supone, además, la disposición a razonar, a dar argumentos y no a excomulgar y condenar a los que no comparten nuestros puntos de vista”.

Roberto Blancarte señaló que es posible vivir la laicidad y que ésta se expresa en un Estado laico. Añadió que “la laicidad es más que la separación Iglesia-Estado, pues la laicidad es la que le da legitimidad a un Estado”. La laicidad es “un régimen de máximas libertades civiles para que toda persona pueda vivir armoniosamente con los demás”. Por eso no es suficiente la separación, por eso se requiere un Estado laico.

Henri Pena-Ruiz señaló que sólo en laicidad nos podemos reconocer todos como un pueblo, pues si bien somos diversos “todos tenemos la unicidad de la humanidad”. Señaló además como principios indispensables fundamentales que permiten vivir en un estado de derecho la libertad de conciencia y la libertad de creencias.

Por otra parte, dijo que otorgar dinero del Estado a un culto es un acto de discriminación, como también lo sería entregar a todas las religiones frente a quienes no son creyentes de ninguna, pues vulnera la igualdad, “de manera que un Estado de derecho puede definir la libertad de conciencia pero siempre en trato igualitario”; así, el laicismo es la emancipación del debate democrático de todo lobby que trata de vulnerarlo. Añadió que la laicidad es un ideal universal como la característica principal de un Estado que permite la convivencia pacífica, el respeto y la concordia –que significa en realidad corazones juntos.

Pena-Ruiz se opuso a adjetivar el laicismo de cualquier forma, como “sano laicismo o un laicismo inteligente”, pues quienes lo hacen en realidad quieren oponerse a él.

Juan Esquivel señaló que en el gobierno de Argentina es abiertamente confesional, en favor del catolicismo, que por lo mismo ha ido perdiendo feligresía al grado que ya se encuentra por debajo del porcentaje que tiene en México: “Es lamentable la situación por la que atraviesa el país pampero, ya que mientras oficialmente se declara como Estado laico hay un gran apoyo económico para la Iglesia católica romana en su subvención a ministros, sacerdotes, mantenimiento y restauración de templos y una gran influencia de los directivos clericales para las decisiones que influyen políticamente.”

Humberto García, del FIM, cuestionó a los que hablan de libertad religiosa, “cuando en realidad lo que pretenden es eliminar de la Constitución, del artículo 24, la libertad de cultos”. “Se hace impostergable la necesidad de analizar una cada vez más pronunciada realidad: el embate sistemático del que es objeto el Estado laico en nuestro país, a partir de las últimas décadas.”

Micheline Milot señaló que la laicidad tiene una lógica histórica, pues no se trata, dijo, que las religiones estuviesen juntas sino que coexistan. “En este sentido, un Estado laico no persigue o combate a ninguna religión; al contrario, busca el reconocimiento de la dignidad de cada ser humano y cuida los medios institucionales para realizar la libertad de conciencia”.

Todos los ponentes y diputados coincidieron en que debe elevarse a rango constitucional el carácter laico del Estado mexicano como un paso más en la conquista de libertades cívicas y públicas y en la consolidación de los derechos humanos.

El próximo 10 de diciembre, en el marco del Día Mundial de los Derechos Humanos, el FIM y diversas organizaciones realizarán un foro sobre este tema en la Universidad de Guadalajara

Un paso más en libertades civiles

En torno al laicismo

En ocasión del 148 aniversario del Día de la Libertad de Cultos, libertad impulsada por Benito Juárez, el 4 de diciembre de 1860

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