Estado Laico

A LA PRIMERA ESCUELA a la cual asistí, el modesto colegio donde el profesor Friedman comienza su obra docente, había instrumentos para enseñar música profana como el Ave María de Shubert, después prohibida en los actos litúrgicos. En La Salle atendían monjas y hermanos cristianos mientras en el tercer colegio al que fui, en ninguna parte exhibían santos ni vírgenes aunque al doctor Vegas lo visitaban monseñor Juan Francisco Hernández y otros sacerdotes. Si los padres deseaban, a los niños católicos podía prepararlos para la primera comunión una maestra especial. No daban clases de religión, de ninguna religión. Era el clásico instituto laico donde todos los credos y cultos convivían con libertad y respeto, incluso el ateísmo. Calcaba el espíritu que priva cuando en 1964 el Estado vaticano y el Estado venezolano convinieron regular sus relaciones afectadas por una vieja Ley del Patronato considerada nociva porque no hacía concordar ley y realidad. El acuerdo de 1964 salva en "forma categórica afirmó Tomás Polanco, la garantía del Estado venezolano al libre ejercicio del culto ca tólico. En consecuencia, ninguna clase de actos de culto puede ser per turbado por la intervención administrativa".

Miguel Torres Ellul hizo publicar en 1971 su segundo estudio de la situación concordaria venezolana. Se trata de un texto que vale la pena revisar ahora que se tensa la polémica acerca de la educación religiosa en el contexto del proyecto de Ley de Educación. Ni de matrimonio ni de educación trata el acuerdo de 1964 salvo por lo que respecta a los seminarios.

La iniciativa de Roma y Caracas dio lugar a acciones de las logias masónicas y protestantes existentes en el país, para evitar su aprobación parlamentaria, ninguna de las cuales la afectó. El único voto salvado fue el del senador Miguel Acosta Saignes, quien dijo: "Al objetar el Modus Vivendi cumplo con un elemental deber nacional, dentro de la teoría del Estado, y no ataco en absoluto ningún aspecto religioso. Aquí se trata de las relaciones entre el Estado vaticano y el Estado venezolano. Poseo la razón histórica, y emplazo en la Historia, en un futuro indefinido, a quienes contra toda conveniencia nacional y contra las corrientes normales del desarrollo venezolano, aprueban el Convenio".

"Realmente si en algo ha jugado un papel importante la emoción, es en la cuestión de las relaciones de la Iglesia y el Estado, en el país", sentenció Miguel Torres Ellul, en 1971.

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