Estado laico

Pero es necesario que la iglesia reduzca aún más su ámbito de influencia. Esta institución es un fuerte actor público de poder que defiende su dogma y trata (y lo logra en muchos casos) de imponerlo en la esfera pública y estatal.

Sorpresa y Orgullo. Descontento y críticas. La elección del cardenal argentino Jorge Bergoglio como papa provocó una conmoción en nuestro país y en los medios se vio reflejada. Artículos, entrevistas, móviles, corresponsales abordaron la noticia desde todos los puntos de vistas posibles. Un eje interesante que aparece en la discusión es la relación entre política e iglesia y las zonas de influencia de esta institución en la vida pública.

El estado argentino es laico. Esto es importante tenerlo presente. Sin desconocer el poder de la iglesia y sus intervenciones en el ámbito público, lo cierto es que en los últimos tiempos ha perdido algunas zonas de influencia. De todas maneras, siempre presiona sobre las decisiones de un gobierno, en cualquiera de sus estamentos. Recordemos que el estado argentino se fue atribuyendo competencias propias como la creación del registro civil por medio de la Ley de matrimonios civiles o la implementación de la ley de Educación Comúnque establece la educación laica en escuelas públicas primarias, ambas competencias exclusivas de la iglesia para su ejecución. Recordemos luego el grito en el cielo de la institución en discusiones políticas que establecieron por ejemplo la ley de Divorcio o, más cercana, la Ley de matrimonio igualitario. O sobre el aborto, de debate actual.

Los medios relacionaron la elección del papa con la política directamente (naturalmente). Clarín tituló: “La política elogió la vocación por el diálogo deBergoglio” e informó que “Políticos argentinos de distintos partidos e ideologías celebraron la elección de Jorge Bergoglio como papa y destacaron su personalidad y el hecho de que sea latinoamericano, aunque otros resaltaron como aspectos negativos su postura contra del matrimonio entre personas del mismo sexo y lo relacionaron con la dictadura”.

“Para esto pusieron como ejemplo políticos opositores y al gobernador de la provincia de Buenos Aires, a quién perfilan como un presidenciable: “Daniel Scioli, se declaró convencido de que ‘con la humildad de un grande Bergoglio encarará caminos para la iglesia y los fieles de unidad, paz y amor ‘. El jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, dijo sentir ‘alegría y orgullo por el gran papa que tendrá el mundo ‘. Y el cordobés José Manuel de la Sota, en cambio, fue más coloquial: ‘¡Te queremos, papa Francisco!’ (…) El líder del Frente Amplio Progresista (FAP), Hermes Binner, destacó que Bergoglio es un ‘hombre de diálogo’. (…) El diputado radical Ricardo Alfonsín destacó que ‘Bergoglio supo tender su mano a los desposeídos’ (…) Pero no todos fueron elogiosos: el kirchnerista Luis D’Elía remarcó que ‘Francisco I es a América latina lo que Juan Pablo II fue a la Unión Soviética’ y que se trata de un ‘nuevo intento del imperio por destruir la unidad suramericana’ (…) El líder del PO, Jorge Altamira, se preguntó: “¿Abrirá los archivos de la iglesia sobre su papel bajo la dictadura?”.

La Naciónpublicó en una página fotos de Bergoglio denominándolo como “actor político” y lo acompañó con fotosen las que aparece junto a Scioli, Moyano y Macri, personajes sino distanciados, plenos opositores al oficialismo. Luego, publicó un artículo en el cual lo muestra cercano al empresariado nacional: “Para los empresarios es quien puede lograr lo imposible: diálogo” y expresó que, “Ignacio de Mendiguren, líder de la Unión Industrial Argentina (UIA), uno de los empresarios más cercanos al ahora Sumo Pontífice y, ayer, acaso el más eufórico: tras enterarse de la noticia en una reunión con autoridades del Conicet, el textil lloraba de emoción en el teléfono. ‘Es verdad que tiene 76 años pero es jesuita: lo que al resto le lleva tiempo, un jesuita lo hace en pocos años’ (…) ‘Fue el tipo que nos respaldó con el diálogo social y el que me contuvo emocionalmente’ (…) Para el resto tiene un valor simbólico”.

Bergoglio ha jugado en estos años parte del rol de hombre nucleador y dialoguista que las corporaciones vienen reclamando desde hace tiempo sin encontrarlo. No fue casual que ayer, y aunque en algún caso sólo después de conocerse la felicitación de la presidenta Cristina Kirchner, casi no hubiera entidad empresarial que no celebrara sinceramente su unción como pontífice (…) Los canales que Bergoglio forjó con el establishment son múltiples y en su mayoría públicos, al igual que sus duros conceptos vertidos en cada encuentro: viene diciéndoles desde 2007, por ejemplo, que teme una proliferación de la violencia social en el país (…) Lo de ayer puede además tomarse como ensayo de una afinidad que seguramente se fortalecerá. Ni el control de cambios, ni la reforma de la ley del mercado de capitales, ni el congelamiento de precios, ni el pedido de reducción de comisiones a los bancos lograron en los últimos tiempos lo que pudo percibirse claramente ayer, como en los viejos tiempos: una significativa afluencia de comunicados y opiniones de cámaras”.

ElDíarecordó sus posiciones políticas actuales y la relación con el kirchnerismo. Para lo primero tituló: “Un firme opositor al matrimonio gay y al aborto”  y desarrolló que “El nuevo papa, el primado de Buenos Aires, Mario Jorge Bergoglio, fue uno de los opositores más tenaces en 2010, a la aprobación de la ley que consagró el matrimonio homosexual, que fue la primera en América Latina y al aborto, un tema que desata polémica en el propio oficialismo”. En cuanto a la relación con el oficialismo, tituló: “Una relación de desencuentros y tensiones con los Kirchner” e recapituló que “…el contacto entre la Casa Rosada y la iglesia católica perdió fluidez cuando Bergoglio encabezó la Comisión Episcopal Argentina (CEA), el máximo órgano de la institución en el país. Ya había sido notoria la decisión del entonces presidente Néstor Kirchner de no asistir al tradicional Tedéum del 9 de Julio en la catedral metropolitana”.

“Esa determinación la mantuvo la actual presidenta Cristina Kirchner, quien optó por asistir al Tedéum -que se celebra desde el 25 de mayo de 1810 de manera ininterrumpida- en algunas provincias del interior del país, donde los obispos parecían menos críticos que Bergoglio (…) Además, los encuentros del prelado con algunos dirigentes de la oposición, como Elisa Carrió, Gabriela Michetti y el rabino Sergio Bergman, que rápidamente llegaron a oídos del gobierno, no hicieron más que echar leña al fuego en la relación del arzobispo porteño con el poder político dominante (…) Pero su relación con el poder político siguió de mal en peor: la última ‘gran batalla’ que perdió el nuevo papa con el gobierno argentino fue cuando la presidenta impulsó en el Congreso la sanción de la ley de Matrimonio Igualitario, a la que la iglesia se opuso -sin éxito alguno- por iniciativa de Bergoglio”.

Es indispensable la separación de la iglesia y estado. Esto no se trata de un ataque a la creencia católica. Pero es necesario que la iglesia reduzca aún más su ámbito de influencia. Esta institución es un fuerte actor público de poder que defiende su dogma y trata (y lo logra en muchos casos) de imponerlo en la esfera pública y estatal. La discusión política y sanción de leyes y normas que regulen la sociedad forman parte de las incumbencias administrativas del estado. De manera que a fin de cumplir con su obligación y responsabilidad, las medidas que asuma el estado no deben verse influenciadas por el dogma de ninguna religión sino debe encontrar sus límites en las fronteras legales establecidas.

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