Estado ¿laico?

Malos tiempos para aquellos que creímos que algún día viviríamos en un Estado laico…

Malos tiempos para aquellos que creímos que algún día viviríamos en un Estado laico (que es todo lo opuesto a lo anticlerical o antireligioso a pesar de lo que digan ciertos obispos) en donde los niños a la salida de la escuela pública pudieran ir con total libertad a la iglesia, la mezquita, la sinagoga o a donde los encargados de su educación considerasen más oportuno en función de sus creencias o no creencias religiosas pero separando con una línea infranqueable las cosas del César con las de Dios. Pero no. Éste es un Estado laico de auténtico chichinabo en donde los protestantes acaban de conseguir lo que ya tenían los católicos, su casilla en el IRPF. Por lógica aplastante, mormones, judíos, musulmanes, budistas y demás confesiones tendrán los mismos derechos y la casillita del 0,7 va a acabar convirtiéndose en una quiniela con pleno al 15. Pero no nos debe extrañar lo más mínimo porque la Carta Magna que debía proclamar el laicismo como valor fundamental nació completamente viciada. Y es que la jerarquía de la Iglesia Católica puede tardar varios siglos en reconocer las evidencias de Galileo Galilei a la vez que es capaz de desafiar las leyes de la Física y superar la velocidad de la luz cuando de lo que se habla no es cuestión de dogma sino de la bolsa de las monedas de oro. Eso es lo que ocurrió con el Tratado firmado por el Estado español con el Vaticano con alevosía y nocturnidad mientras avanzaba la Transición. Ahí no esperaron siglos. Pero como puedo trasladar la sensación de no ser objetivo, simplemente léanlo y saquen sus conclusiones. No tiene desperdicio.

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