Esta Iglesia no es la de Cristo; esta Iglesia va contra Cristo

El denominado predicador del Papa, Raniero Cantalamessa, soltó en uno de los oficios de los días llamados santos que, según una carta recibida por él y firmada por un judío, los ataques al Papa, Benedicto XVI –a raíz del escándalo de la pederastia-, podían compararse con el antisemitismo. Cantalamessa quiso echarle una mano al Sumo Pontífice pero lo único piadoso que puede decirse de él es que o es un frívolo, un ignorante, o un irresponsable.

Cuando recientemente fue conocido urbi et orbe el anuncio oficial de Joseph Ratzinger de que Pío XII será pronto elevado a los altares, volvieron a surgir en la comunidad judía –y más allá del colectivo judío- numerosas protestas dirigidas contra el Vaticano. El cardenal Eugenio Pacelli –más tarde Pío XII- firmó, en nombre del Papa Pío XI y como máximo responsable de la política internacional de la Santa Sede, el Concordato con la Alemania de Adolf Hitler (1933). Por si cupiera alguna duda acerca de su ideología, Pío XII rubricó también, veinte años después, en 1953, el Concordato con el Gobierno dictatorial o totalitario de la España franquista.

En casa del ahorcado
O sea, que el capellán Cantalamessa lo que en realidad hizo fue mencionar torpemente la soga en casa del ahorcado. No olvidemos, por otra parte, que Benedicto XVI perteneció de joven a las SS, aunque sus apologistas hayan barnizado como han podido ese episodio. Lo cierto es que Ratzinger –salvo en algunos debates del Concilio Vaticano II- ha sido siempre un conservador de tendencia ultramontana, disfrazado de intelectual exquisito.

Integrismo descarado
A partir de 1981, Ratzinger dirigió durante años -siendo Papa el asimismo derechista Juan Pablo II- la Congregación para la Doctrina de la Fe. O antiguo Santo Oficio o Santa Inquisición. Y, elegido Papa hace cinco años, Benedicto XVI ha exhibido hasta la saciedad su integrismo más descarado. ¿Habrá que recordar una vez más sus nefastas consideraciones sobre los condones, los africanos y el sida? ¿Habrá que recordar su obsesión contra el relativismo y el laicismo, omitiendo por consiguiente el precepto de Jesús de Nazaret: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”?

Metedura de pata
La metedura de pata de clérigo Cantalamessa ha provocado otra crisis interna, de las muchas que almacena Benedicto XVI. El jefe de Prensa del Papa, el jesuita Ricardo Lombardi, ha intentado apagar el fuego encendido por tan desafortunado predicador, pero no se sabe si lo ha conseguido o no. Mientras, el asunto de la pederastia se ha desbocado, arrasa en la opinión pública mundial y no hay quien lo frene. Benedicto XVI se encuentra desbordado; en el límite de una situación cada día que pasa más insoportable para la jerarquía católica y –lo que es más relevante- para la inmensa mayoría de sus fieles.

Patulea de hipócritas
El recurso de pasar la factura de la pederastia al enemigo exterior por parte de la Iglesia católica resulta –a estas alturas- no sólo inane, sino inútil. Sépanlo Benedicto y toda su patulea de hipócritas. No viene el lobo. El problema es que demasiados lobos, revestidos con sotana o sin sotana , han abusado sexualmente -en todo el orbe cristiano conocido y durante años de silencio culpable y de aberración monstruosa- de inocentes caperucitos y caperucitas. Naturalmente, los clérigos/lobos engañaban sin escrúpulos a las buenas abuelitas y abuelitos y a los bien intencionados papás y mamás de las víctimas.

Jefe supremo
Escribí en El Plural hace bien poco que Benedicto XVI debiera dimitir como jefe supremo de la Iglesia católica. Cuanto más tiempo continúe desempeñando la representación oficial de Jesucristo en el planeta Tierra lo único que logra es multiplicar por millones el número de agnósticos, no creyentes y ateos. Pero la culpa no es sólo de Ratzinger. Los jerarcas de la Iglesia hace siglos –muchos siglos- que traicionaron el mensaje de Jesucristo y convirtieron una plataforma de carácter religioso -teóricamente destinada a la justicia, a la igualdad, a la libertad y a la paz- en una potentísima estructura de poder; terrenal, por supuesto.

Con mayor o menor intensidad
En estos días que se ha recuperado, con mayor o menor intensidad -con interés o con indiferencia-, el drama de la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, habrá que decir en voz bien alta que quienes promovieron su ejecución, si ahora vivieran, serían muchos de ellos los que mandarían en la Iglesia. Pues bien, o la Iglesia se refunda en profundidad, volviendo de verdad a sus orígenes, y sin contemplaciones, o que se quiten sus llamados pastores de una vez la careta. Esta Iglesia no es la de Cristo. Esta Iglesia va contra Cristo.

Enric Sopena es director de El Plural

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