España: una religión, una selección

Mariano Rajoy Brey, que hizo posible con su sola presencia en el palco el triunfo de España en el Europeo de fútbol, cumple este domingo otro hito en su carrera de superhéroe, con la entrega a la catedral de Santiago de Compostela del Códice Calixtino. No se trata, cómo podría pensar alguno de ustedes, de dos hechos inconexos. Bien al contrario, son dos actos que marcan toda una estrategia política y de país.

Fútbol y religión nos unen a los españoles por encima de toda diferencia. Sustituyendo al “España una, grande y libre” de la época de nuestros padres y abuelos (y recalco lo de “nuestros”), llega ahora el: “España: una religión, una selección”. Y Mariano se está dedicando en cuerpo y alma a darle sentido a este lema

El compromiso e identificación que Rajoy ha asumido en este proyecto llega a tales términos, que nuestro gobierno lleva siete meses jugando con un falso presidente, como la selección lo hace con un falso nueve. Esta táctica tiene absolutamente descolocada a la UE y a los mercados, que no saben nunca dónde ni cómo va a aparecer. Un día en el palco de un campo de fútbol, otro en una catedral, el siguiente vestido de lagarterana en una fiesta popular. Y mientras, el enemigo se desespera esperando atraparlo en lugares previsibles, como el Congreso, ruedas de prensa, reuniones con los mineros o históricos incendios forestales.

Las dotes de este hombre para resolver cuestiones capitales para el país, como el caso del Códice Calixtino, esencial para conseguir que la prima de riesgo descienda por debajo de los 500 puntos, no siempre son apreciadas en su justa medida. Y ello ocurre, porque como buen gallego a la discreción le une una profunda modestia. Desde el momento en el que se descubrió el robo de tan importante tesoro cultural, SuperMariano se puso manos a la obra. Ahí como lo ven, tan serio y aparentemente aburrido, nuestro presidente no sólo es uno de los hombres con el pelo más inmaculadamente negro que hay en el planeta, sino un investigador a la altura de nuestro más genial inspector: el inigualable Miguel Gila.

Aunque la policía lo ha querido mantener en secreto, por órdenes estrictas de Mariano, no puedo seguir mordiéndome la lengua y debo decirles que ha sido el mismo Mariano quien después de meses de acoso, con frases como “alguien ha robado algo”, “alguien es un ladrón”, ha conseguido que la peligrosa banda internacional, liderada por el exlampista de la catedral, se rindiera. De esta manera, hemos podido recuperar no sólo esta joya del medievo, sino otros piezas de gran valor de arte sacro y más de un millón de euros de las limosnas que la Iglesia, ensimismada siempre en la oración y en el cuidado de los pobres, no había echado en falta de su modesto tesoro.

Cuando Mariano haga entrega el domingo del Códice, no hará más que cerrar el círculo que se inició el pasado domingo con el triunfo de la selección sobre Italia en el Europeo de fútbol. Fútbol e Iglesia unidos para cohesionar España. Una España verdadera para un falso presidente.

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