España se seculariza a marchas forzadas

Solo un 67,8% de los españoles se considera católico según el CIS, 12 puntos menos que en 2005. Entre los más jóvenes no se llega al 50%.

En España es cada vez menos común la típica escena de la pareja de novios saliendo de la iglesia bajo una nube de arroz. La misma imagen se ha desplazado con los años a pocos pasos de allí, a los ayuntamientos. La Iglesia, antes mayoritaria en este tipo de enlaces, ha ido perdiendo fuerza con el tiempo. En 2005, de las 207.000 bodas que se celebraron en España, el 61% fueron religiosas. Tres años más tarde, por primera vez las civiles, un 54%, ya superaban a las católicas. Hoy la diferencia es ya sorprendente. Solo el 30,9% de los enlaces que se celebraron en 2013 pasaron por la vicaría. El fenómeno es algo generalizado. En ninguna comunidad autónoma se superó el 50%. Las más religiosas, Extremadura, Andalucía, Murcia y las dos Castillas fueron las únicas que superaron el 40%. Algunas, como Cataluña o las Islas Baleares no llegaron al 20%.

Templos vacíos.

Hace ya muchos años que los españoles no cuentan con la Iglesia en su día a día, pero hasta hace poco, la religión seguía presente en los actos más importantes de sus vidas. Los templos, vacíos durante las misas, se llenaban en cambio durante los bautizos, las bodas o las comuniones. Ya ni eso. La presencia de la Iglesia en la vida a través de los sacramentos se está volviendo cada vez más residual. Muchos de ellos se asocian a momentos tempranos de la vida, bodas, nacimientos e infancia, precisamente donde menos católicos se concentran.

Los jóvenes apenas se interesan por la religión. Según el último sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), un 67,8% de los españoles siguen considerándose católicos. La cifra es mucho más baja que hace diez años, cuando un 79,5% se reconocía como tal, pero sigue siendo mayoritaria. El problema para la Iglesia es que no hay recambio.

La enorme mayoría de los católicos españoles forma parte de las generaciones más mayores. Entre los jóvenes, siempre menos religiosos, las cifras caen de forma vertiginosa. En 2005 casi un 63% de quienes tenían entre 18 y 24 años, se consideraban católicos. Hoy son el 46%. Entre los 25 y los 34 años la caída es parecida. Del 70,3% en 2005 al 52,8% actual. Entre ambos grupos de edad, es decir, los menores de 35, no superan el 50%.

Hay, además, una cierta corriente de opinión que considera a la religión (en general, no solo asociada a la católica) algo negativo. Una macroencuesta realizada el mes pasado en 65 países por la Red WIN-GIA (Gallup International Association) señalaba que España es de los países que más asocian la religión a valores negativos. Solo un 28% le otorgaba consecuencias positivas en la sociedad, frente a un 15% que le negaba cualquier rol y un 50% que tachaba de negativa su influencia. Esta última cifra es, de largo, la mayor de los países desarrollados (los más secularizados). España está incluso por delante de Francia (42%), tradicionalmente el país más laico de Europa Occidental. La oposición de la Iglesia al aborto o al matrimonio homosexual, dos fenómenos ampliamente aceptados por los españoles, ha sido la culpable de buena parte de ese rechazo social.

Menos bautizos.

Esta percepción influye probablemente en la escasa participación de los católicos españoles en la vida cotidiana de su Iglesia. Muchos de quienes se consideran católicos no pisan jamás una iglesia si su presencia no está ligada a alguna celebración familiar. Concretamente el 61%. Solo un 14% de los católicos acude con cierta regularidad a misa. Trasladado al total de la población supone solo un 9,5%, la mayoría de edad avanzada.  La cifra de creyentes practicantes queda muy lejos por tanto de las que ofrecía la Iglesia en 2010 de número de bautizados, un 92% de la población española.

Aunque es cierto que hasta hace poco era común bautizar a los niños incluso en familias poco practicantes, esto ha ido cambiando con el tiempo. En 2012, el último año del que hay datos, solo un 59% de los recién nacidos fueron bautizados, según la propia Conferencia Episcopal. Cuatro años antes casi llegaba al 65%.

Esta evolución ha tenido también su reflejo en la educación. Aunque está por ver el efecto que pueda tener la vuelta de la asignatura de Religión al currículo educativo, también dentro de las escuelas la Iglesia lleva años perdiendo peso. En primaria, donde la decisión de qué asignaturas cursan los niños es de los padres, la Religión seguía siendo mayoritaria. En el curso 2011-12 cursaron la asignatura frente a su alternativa laica el 71,3% de los alumnos. La cifra pese a todo es, de nuevo, mucho menor que hace unos años. En el curso 2001-02 eran el 83,3%, doce puntos más que diez años después. En secundaria, cuando la decisión pertenece mayoritariamente a los alumnos, los porcentajes han sido siempre menores, pero reflejan también un descenso significativo. A principios de la pasada década elegían Religión el 63,7% de los alumnos de instituto. En 2011 fueron solo el 52,4%, apenas la mitad del total. Hay que tener en cuenta que el dato es general. Los colegios privados y concertados, muchas veces religiosos, elevan mucho la media de los públicos, en muchos de los cuales el porcentaje de alumnos que elegían la alternativa no religiosa era ya en 2011 mayoritaria.

Nacimiento y muerte.

Los datos arrojan, por tanto, unas perspectivas poco halagüeñas para la Iglesia en España. La enorme mayoría de los 42 millones de españoles bautizados apenas acude a misa y muchos ni siquiera se consideran católicos. Y la cosa irá a más. Estadísticamente cada muerte en España es probable que deje a la Iglesia sin uno de sus fieles. No en vano, el porcentaje de exequias católicas sobre el total de muertes es el único que apenas cae: se mantiene desde hace años por encima del 80%. A su vez, cada nacimiento es probable que baje aún más el porcentaje de católicos. Solo el tiempo lo dirá.

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