España más laica de lo que se estimaba

Sorpresa o confirmación de un hecho incuestionable. La visita de S.S. el Papa Benedicto XVI a dos significativas comunidades de nuestro país, ha puesto de manifiesto, que la España democrática le ha dado la espalda a la iglesia vaticana. Gallegos y catalanes se frotaban las manos, puestas sus esperanzas en que la visita de Benedicto XVI les deparara un alubión de visitantes, que pudieran paliar el déficit de ocupación hotelera y hostelera, que la crisis nos ha deparado. Sus gozos en un pozo. Con poco tacto y cierta cobardía, S.S. volando hacia el aeropuerto de Lavacolla, se tomó la libertad de lanzar una buena andanada al gobierno, a pesar de sus buenas intenciones de estar entre nosotros como un peregrino más. No pudo contenerse y vino a decir: España necesita una reevangelización”, y la búsqueda de “un lugar de encuentro entre fe y laicidad. Hecho cierto es que no hace muchos meses el Santo Padre creó un nuevo dicasterio para la Nueva Evangelización, el pontífice aseguró que estaba pensando especialmente en España “por su laicismo y secularismo”. Y añadió: “Hay que renovar la fe para responder a esa laicidad”. No debería causarle sorpresa al gobierno, que el “peregrino” entre en territorio nacional dándole una soberana patada a la hospitalidad. Ya nos tienen acostumbrados la arrogante iglesia vaticana a considerarse por encima del bien y del mal, cuando son precisamente sus fieles y sacerdotes los que con sus “peculiares” comportamientos, han hecho posible que las nuevas generaciones, los libres pensadores, y la juventud universitaria, vea con recelo a unos representantes, que dicen ser, los continuadores de la palabra del Nazareno, pero que con sus acciones, echan por tierra todos los Evangelios.

España es Católica Apostólica y Romana, por imposición histórica, por temor a lo desconocido, fruto de la carencia de formación, a través de los siglos y por la persecución que de los libres pensadores, hizo la Inquisición.

No debe de extrañarse al Sumo Pontífice del frío recibimiento, ante un discurso inquisidor, que pone en tela de juicio el laicismo dominante, cuando los que pregonan la fe, dan bochornosos espectáculos de abusos y manifiesta pederastia, que durante siglos han silenciado, creando auténticos mártires silentes, muchos de los cuales, han puesto fin a sus vidas, truncadas por falsos profetas.

El que en la Plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, sólo haya congregado a unas seis mil personas, no todos fieles, muchos por auténtica novelería, otros por unirse a un jolgorio más, en los ya tan consabidos “puentes”, pone de manifiesto que los españoles, en general, están ya, más fríos que calientes, en lo que a su condición de católicos, apostólicos y romanos, se refiere. Si a ello unimos la escasa afinidad que Benedicto XVI ha despertado en nuestro país, por su oscuro pasado en sus “querencias” nacional-socialistas, la intromisión de la iglesia española en asuntos de estado, intentando quebrar la soberana voluntad del pueblo. No es extraño que más que devoción y respeto, sientan por su persona indiferencia y desprecio. Bien es cierto, que tampoco entiendo ni comparto, las actitudes extremas de ciertos manifestantes, pues como se suele decir: “Para gustos se hicieron colores”, y aunque cada vez menos, debemos respetar los sentimientos y adoctrinamiento de una minoría de ciudadanos, que por errores de los que se dicen representantes de Dios en la Tierra, han puesto en el disparadero de la laicidad, mayoritariamente exigida a los poderes públicos, a una sociedad cada vez más libre pensadora, más comprometida socialmente y sobre todo, más formada en lo Social, Cultural y Político. Que el ejemplo de los españoles, les sirva para meditar y reflexionar, sobre comportamientos alejados de la doctrina que dicen impartir.

Otro tanto de la misma “medicina” está recibiendo en Cataluña, cuando estas líneas escribo, a pesar de “hablar en catalán en público” algo que no hizo su amado hijo y referente cristiano, aquel presidente que sí hablaba catalán, pero en la intimidad.

Aviso a navegantes: “Sr. Rajoy, cuando las barbas de su vecino, vea pelar, ponga las suyas a remojar”, empiece por abrir sus “puertas” de par en par, decirle a los españoles que al “Pan, pan y al vino, vino” que abran más agujeros a sus cintos, pues podrían caérseles los calzones. Quizás así, llegué Vd a la Moncloa, sin necesidad de hablar catalán.

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