Esfera pública y esfera privada (Boaventura de Sousa Santos) de su libro «Si Dios fuese un activista de los derechos humanos»

En los últimos treinta años,a partir de perspectivas políticas muy diferentes e incluso enfrentadas, ha sido puesta en tela de juicio la distensión moderna entre esfera pública y esfera privada. Por una parte, ha sido cuestionada por los movimientos sociales, sobre todo feminista y de gais y lesbianas,para los cuales, en contra la forma liberal de entendimiento, el espacio privado es también público, por lo cual debía ser objeto de debate público y de decisiones políticas. Solo así sería posible poner fin a las opresiones y discriminaciones producidas y reproducidas en el interior del espacio privado. De este modo, el espacio privado ha dejado de ser el límite de lo político para transformarse  en uno de sus campos. Paradójicamente,  esta expansión de la esfera privada se ha producido simultáneamente con la contracción de la esfera pública. Son diversos factores que han contribuido al encogimiento del espacio público: la crisis del Estado nacional,producida o agravada por la globalización hegemónica; la erosión de las políticas sociales; la desinstitucionalización de las relaciones entre trabajo y capital; el aumento de autoritarismo por parte de actores estatales y no estatales; la mediatización de la política y la personalización del poder político, y la privatización de los servicios públicos.

Se vuelve así evidentemente la doble vinculación entre la esfera pública y la privada. A medida que la esfera pública encoge –y, en consecuencia,se despolitizan más y más dimensiones de la vida colectiva–, la esfera privada, transformada en fundamento de la autonomía política del individuo, se expande simbólica y materialmente.  La religión emerge entonces como una de las características ( y de los motores) principales de esta expansión. La fragilización de las redes de seguridad creadas por el Estado Providencia hacen al individuo vulnerable al miedo, a la inseguridad y a la pérdida de la esperanza. La religión siempre ha prosperado en esas situaciones de vulnerabilidad, como bien mostraron, a mediados del siglo XIX,…..

La teología política se alimenta  del encogimiento del espacio público y lo profundiza en la medida en que pone fin al debate cívico y democrático en la áreas de su intervención. Capitalizando la crisis del Estado y la consiguiente crisis de valores republicanos, las teologías políticas conservadoras son simultáneamente la causa y la consecuencia de la crisis del proyecto histórico de la secularización.

Boaventura de Sousa Santos

De su libro «Si Dios fuese un activista de los derechos humanos» páginas 76 y 77

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