Escuelas coránicas, colegios del Opus

La decisión del Govern de no conceder el concierto al colegio del Opus instalado en el Parc Bit (ya se me dirá qué hace un centro educativo en un lugar como éste) ha hecho que todo el frente antilaico promovido por los obispos católicos haya tocado a arrebato.

 Diversas organizaciones del nacional-catolicismo (Legionarios del Cristo, AFA, el mismo Opus?) consideran que el Ejecutivo del presidente Antich atenta contra la libertad de enseñanza. La posición del Govern, negándose a dar un euro a quienes promueven la segregación por sexos en las aulas, como pretende el colegio del Opus, es inobjetable, por mucho que el anterior gabinete del PP, siempre atento y obediente a las admoniciones clericales, se hubiera apresurado a concederle todo lo que pedían, incluso el absurdo y extraño permiso para construir el colegio en el Parc Bit. Al Opus no le faltan medios económicos para, si quiere un modelo educativo del pleistoceno, se lo pague y no intente ponerlo en servicio con financiación pública.
En España, se ha desatado una ofensiva clerical contra todo lo que mínimamente tenga aroma de laicismo, especialmente en el campo de la enseñanza, donde, aunque les duela a los nacional-católicos que se lo recuerden, se está dando una confluencia de intereses con el integrismo musulmán, que también reclama la aportación de los poderes públicos para que existan escuelas coránicas, en las que, por supuesto, la segregación por sexos sería la más suave de las normas que regirían estos centros sedicentemente educativos.
La colusión de intereses entre los integristas católicos y sus colegas musulmanes para poner coto al laicismo, no es casual y tampoco conviene tomárselo a broma. Hay un clarísimo intento de acabar con el Estado aconfensional por parte de la jerarquía católica. Los cardenales Cañizares y Rouco van a por todas: quieren liquidar al actual Gobierno, porque no soportan que promueva la Educación para la Ciudadanía, los matrimonios homosexuales, que se agilice el divorcio, que quiera, y ya era hora, crear de verdad un Estado laico; y eso que el Gobierno todavía no se ha atrevido a promover lo obvio: la denuncia del Concordato con el Vaticano, que éste sí vulnera los principios constitucionales.

El integrismo musulmán, que acabará pasándonos factura, aprovecha la ofensiva de los obispos para demandar, todavía con una cierta timidez, estrategia obliga, lo que considera sus derechos: que el Estado también sufrague sus escuelas coránicas, con lo que el clericalismo cuenta ya con dos cabezas desde las que coordinar el asalto contra el laicismo. Repito que todo eso mejor no tomárselo a broma, porque ellos no se pararán en barras. Los obispos no soportan que el campo en el que se consideraban intocables y todopoderosos, el de la enseñanza, también se les esté empezando a ir de las manos.

Qué lástima que en España no exista una derecha liberal y laica. A lo mejor es una buena idea, dado que bebe sus vientos, que nuestra derecha se lea con atención la carta que el presidente Sarkozy ha remitido a la comunidad educativa francesa, carta en la que afirma que el laicismo es la garantía de que se mantendrá la tolerancia y el respeto a las ideas ajenas.

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