Escuela única o la escolarización en la selva

Escribía aquí hace tiempo que vamos, si no estamos ya, hacia una sociedad deseducadora. Decía entonces, y reafirmo ahora que con la mercantilización, desde temprana edad, mal vamos a conseguir que la ciudadanía del futuro esté constituida por personas libres autónomas y solidarias.  Una sociedad, que huye de la filosofía, esto es amar al saber, favorece la ignorancia, el miedo, el odio y la sumisión casi general de la persona, niega su futuro. De esta manera pues, se crea el malestar que convierte a la humanidad  en insolidaria y a la sociedad en una selva. Decía al respecto Gracián: “Así llega el hombre a ser lobo para el hombre, si no es peor ya ser hombre”. Recordando a este filósofo me ha llegado una de las propuestas que se enarbolado en el reciente parlamento andaluz. Esta que aunque parezca nueva. no lo es tanto. Por eso me he embebido en un viejo debate sobre la cuestión educativa y el tipo de educación que me parece estar debajo de esa propuesta de eliminar la zonificación a la hora de distribuir el alumnado por centros.  Pienso que si seguimos inyectando clasismo, competitividad y despreocupación por lo común, seguiremos en la deseducación.  La educación no es responsabilidad exclusiva de la familia y de la escuela, sino de la sociedad en general que crea un ambiente que viene sometiendo a ambas instituciones. Tanto el capital, como los medios de comunicación que éste domina, propugnan la mercantilización de toda persona, adulta o en crecimiento. Por ello se puede llamar más que selva al ambiente en que desde la más tierna edad se promueve el tener y la competitividad para el propio beneficio. Veamos.

Ese poder segregador se manifiesta con crudeza especial a través del urbanismo. El sentido clasista y especulativo de éste promueve con frecuencia ciudades infames con guetos deprimentes y zonas ostentosas. A ese tipo de ciudad se le suele añadir escasez y mala dotación de servicios, sociales lo que agudiza más el desencuentro interclasista. Tanto la buena dotación de los centros escolares como otros servicios públicos para actividades culturales y de entretenimiento podría atenuar la posible aversión. Claro que tal vez antes se debería facilitar la amistad entre quienes pueden, y debieran, compartir colegio y vecindario por cercanos ambos. Si tal se diera, cuántos berrinches se ahorrarían en tiempo y atascos por los viajes innecesarios al lejano y concurrido colegio. Claro que aquí y en algún caso más, seguimos sufriendo las incomodidades de la ciudad, pero ahora no por el urbanismo sino por la propia decisión. Aquí es la propia familia quien ha enfrentarse sin subterfugios a su verdadera responsabilidad ante la educación ante la que ha de decidir con coherencia ante la educación y la lógica ciudadanía que con ella concuerda. Claro que ahora no estamos hablando de la ciudad y hemos de cambiar de tercio.

Aquí hemos de contemplar la segregación que se viene produciendo por la ideología de cada familia, la falta de la misma, o de reflexión o por una mezcla de ellas con ciertas conveniencias. Claro que aquí no vale hacerse trampas. Si queremos una educación que sea una mercancía más que lleve a la selva anunciada que nos vuelva a la escuela para ricos o para pobres. Esa es una de las razones que enarbolan para suprimir la zonificación arriba citada. Es igual que el “distrito único” que puso en marcha la señora Aguirre en la Comunidad de Madrid. Así ha restringido la financiación de la escuela pública y su desaparición en gran parte. Como podemos ver en el rico barrio de Salamanca de Madrid. Allí es el único colegio público muy lejos de los demás y donde se atiende a los hijos e hijas de las familias que trabajan al servicio de la “gente de bien” de la zona. Claro que en ese empeño cuentan con la complicidad de la iglesia católica y sus congregaciones. En sus colegios concertados con mejor- a veces doble- financiación que los públicos, van eliminando la coeducación con la LOMCE. Así amplían los derechos adquiridos con la LOE que les permitía ya una educación “publica y con idearios”. Así entienden estos “constitucionalistas” de ocasión la supuesta aconfesionalidad.

Así que con este diálogo democrático que gasta el personal, bien haría la derecha empezar a decir las cosas como deben ser, sobre todo, ante los supuestos recortes que siempre aplican a los servicios públicos, difundamos que lo único que nos puede satisfacer es la Escuela Única, es decir que además de Pública y Coeducadora ha de ser la única que se financia con recursos públicos. Y quien la quiera a su medida, como con los demás servicios públicos que los paguen de su bolsillo. Así quizá tardemos algo más en conseguirla, pero habremos recuperado algo de claridad y honor.

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