Esa organización llamada «iglesia católica»

Quien defiende que la iglesia católica no pague el IBI está defendiendo que te roben a ti y a mí, pues todo lo que esa organización deja de pagar repercute en que su deuda la tengamos que pagar entre todos los que sí pagamos el IBI.

Y lo mismo pasa con la casilla d la declaración de la renta. Quien da el 0,7 % de sus impuestos a la iglesia, no paga al estado los mismos impuestos que quienes ingresamos para el Estado la totalidad de nuestros impuestos, pues mientras nosotros pagamos al Estado X euros, ellos dan al estado X – 0,7 % de X.

Y lo mismo sucede con innumerables asuntos de los que esa organización saca suculentas tajadas económicas para preocuparse de “los pobres”. Claro que, ¿quiénes son “los pobres”? “Los pobres” son ellos. Pero se han preocupado con tanto afán de salir de su pobreza que desde hace ya muchos siglos nadan en la abundancia y viven en palacios y rodeados de lujo por todas partes. Por fin han dejado de ser “los pobres”. Sin embargo, parece que ahora luchan por asegurarse de no volver a serlo en el futuro, de manera que siempre tienen argumentos para ocuparse de su propia riqueza y no de los miles de niños que mueren de hambre cada día.

Lo justo sería que todos diéramos al estado la cantidad de euros que nos correspondiese y que quien además quisiera dar algo a una iglesia lo hiciera por su cuenta y sin restarlo de sus impuestos al Estado.

Y, desde luego, lo que resulta penoso y humillante es que el Ministerio de Hacienda tenga como misión la de ser un recaudador de esa organización.

Por desgracia los políticos dejan mucho que desear y su temor al poder de esa organización hace que no se atrevan a enfrentarse a ella por miedo a perder las siguientes elecciones o a que apoyen algún golpe de estado que les conceda más privilegios, tal como ha sucedido en tantas ocasiones.

¿Por qué no habrá políticos auténticos que sean valientes para denunciar y acabar con toda la serie de privilegios de que goza esa organización desde hace ya cientos de años? ¿Por qué no envían a los agentes del Vaticano a su país, que no es el nuestro? ¿Por qué no se producirá en España una nueva y definitiva desamortización de los bienes de esa gente y se devuelve al pueblo lo que es del pueblo? ¿Por qué se consiente toda esa serie de “inmatriculaciones” tan vergonzosas?

Si antes hablaba de los políticos ahora debo hablar también del pueblo en general: ¿Cómo, en medio de tanta crisis, tanto paro y tanta hambre, el pueblo consienta que esa organización se apodere impunemente de todo aquello que le venga en gana sin que apenas nadie se mueva?

Casi mejor emigrar a Sebastopol.

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