«Es una marcha atrás de la Iglesia» Entrevista a Francisco Vázquez, Embajador en el Vaticano

Francisco Vázquez, embajador de España en el Vaticano, se encontraba pasando las fiestas de fin de año en su tierra natal, A Coruña, cuando los cardenales Antonio María Rouco Varela y Agustín García-Gasco dirigieron en la plaza de Colón de Madrid un ataque, inédito desde la Transición, de la jerarquía eclesiástica contra el Gobierno, al que llegó a acusar de "disolver la democracia".

Vázquez escuchó la intervención del Papa ese día y no le sorprendió. Pero comprendió el alcance del ataque cuando al día siguiente leyó en la prensa el contenido de los discursos de Rouco Varela y García-Gasco. A Francisco Vázquez, 61 años, un peso pesado de la política, alcalde socialista de A Coruña desde las primeras elecciones municipales democráticas, de 1979, hasta que hace tres años José Luis Rodríguez Zapatero le nombró embajador de España en la Santa Sede, el ataque le cogió por sorpresa. La información que disponía del Vaticano de la concentración del domingo era que su contenido reivindicativo no se saldría de los cauces normales. Para Vázquez, católico y socialista, que ha dedicado sus tres años en la Embajada en el Vaticano a mejorar las relaciones con la Santa Sede, lo sucedido es un jarro de agua fría. Habla de "marcha atrás", pero no desespera. Atribuye el ataque a un sector de la jerarquía, pero exonera al Vaticano. Propone serenidad al Gobierno y reclama que sea la Iglesia la que reaccione frente a su sector más retrógrado.

Francisco Vázquez, que regresará en los próximos días a Roma, cree que el Gobierno no debe precipitarse tras la agresión del sector radical de la jerarquía. Él espera una reacción de la propia Iglesia, y que lo haga con gestos más que palabras.

Pregunta. ¿Cómo valora las declaraciones críticas con el Gobierno de algunos obispos y cardenales españoles en la concentración que organizó el domingo la jerarquía eclesiástica en la plaza de Colón de Madrid?

Respuesta. Fueron unas declaraciones muy injustas y desproporcionadas que han distorsionado la naturaleza de un acto de apoyo a la familia ante gente de buena fe. Algunos cardenales, sobre todo Antonio María Rouco Varela y Agustín García-Gasco, lo convirtieron en un mitin político.

P. ¿Qué le ha parecido la expresión del cardenal García-Gasco de que la legislación del Gobierno disuelve la democracia?

R. Me dolió mucho. No se corresponde con el tratamiento que la acción de este Gobierno ha dado a la Iglesia. Entiendo que pueda estar en desacuerdo con una parte de la legislación del Gobierno. Pero lo que no puede es poner en entredicho la naturaleza de un Gobierno democrático que ha buscado el diálogo con la Iglesia española. Es una marcha atrás de la Iglesia española que arrincona a quienes apostamos por el diálogo y refuerza a quienes están por el enfrentamiento.

P. ¿Le ha sorprendido esta ofensiva contra el Gobierno?

R. Me ha sorprendido. Yo creía que no había ningún problema. Hace unas semanas coincidí con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el aeropuerto de Roma, con motivo de la reunión de dirigentes europeos que se celebró en la capital italiana, y le informé de que el acto sería reivindicativo, pero dentro de los cauces normales. Es la información que yo tenía del Vaticano, de las intenciones del Papa. Por tanto, me quedé sorprendido cuando percibí aquel tono político beligerante. Tengo que decir que no es esa la postura de la Iglesia sino de sólo un sector.

P. ¿Ha hablado con el Vaticano?

R. Sí.

P. ¿Cómo ha acogido lo que sucedió en el acto de Madrid?

R. Con sorpresa y disgusto. Nuestras relaciones con el Vaticano son buenas.

P. Usted dice que hay varios sectores en la Iglesia. ¿Cuáles son esos sectores?

R. Sería un error hablar de una Iglesia única. La Iglesia es muy plural, incluso en su jerarquía. Hay dos líneas distintas. Por un lado, la del Papa Benedicto XVI y el Vaticano, la del presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blazquez, o la de los cardenales de Barcelona y Sevilla, que mantienen algunas críticas, pero dentro de los cauces. Los discursos de la mayoría de ellos, en la concentración de Madrid, fueron leídos porque no estuvieron presentes en ella, y se mantuvieron en la corrección. Por otro lado, está la línea que han marcado los cardenales de Madrid, de Valencia y algún seglar de confrontación política con el Gobierno.

P. ¿A qué atribuye la beligerancia política, exhibida el domingo, del sector de Rouco y García-Gasco?

R. La Iglesia española está en un proceso electoral. En marzo, los obispos y cardenales eligen al nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Española y su nueva dirección. Ligado a esto hay un sector de la Iglesia, incapaz de convivir con un Gobierno de izquierda, lo mismo que existe en España una parte de la izquierda, anticlerical, incapaz de convivir con la Iglesia. Son extremos que se alimentan. El gran error ahora sería dar argumentos a este sector radical que quiere la confrontación. Por eso, apelo a la serenidad. Sería un error tirar por la borda el trabajo del Gobierno de toda una legislatura que empezó con problemas con la Iglesia y que luego se normalizó con los acuerdos sobre financiación y educación.

P. El PSOE está convencido de que hay una connivencia entre ese sector radical de la jerarquía eclesiástica y el PP. Y la celebración de un acto contra el Gobierno a casi dos meses de las elecciones es una expresión de esa connivencia ¿Qué piensa usted?

R. Estoy de acuerdo en que existe una connivencia entre un sector de la jerarquía eclesiástica y el PP en la búsqueda de objetivos electorales. Pero la izquierda no debe cometer el error de politizar las relaciones con la Iglesia. Hay sectores en la Iglesia que quieren colaborar con el Gobierno en cuestiones evangélicas, como el desarrollo de la Ley de Dependencia. Con esos sectores se ha dialogado sobre la asignatura Educación para la Ciudadanía y la Ley de Memoria Histórica, y se ha llegado a acuerdos.

P. ¿Qué papel atribuye a la cadena de radio de los obispos, la Cope, en la movilización antigubernamental del domingo y en la situación de tensión entre la Iglesia y el Gobierno?

R. Tiene mucho que ver. La Cope ha seguido una estrategia de confrontación con el Gobierno desde las elecciones generales de 2004.

P. ¿Qué le ha parecido la reacción del presidente del Gobierno y del PSOE, que han replicado a los ataques de los obispos que ha sido un sector de la jerarquía eclesiástica el que se ha apartado de la democracia?

R. El presidente Rodríguez Zapatero ha hecho lo correcto, reaccionar con energía. Ha hecho lo que tenía que hacer, dar un puñetazo sobre la mesa, y señalar que la jerarquía eclesiástica no puede seguir ese camino.

P. ¿Ha hablado con el presidente?

R. Sí. Está muy dolido y enfadado. Tiene la sensación de que han abusado de su buena fe al responder a su política de diálogo con la Iglesia con un ataque frontal en el que se atribuye a este Gobierno nada menos que una posición antidemocrática.

P. ¿Qué van a hacer ahora, más allá de las palabras?

R. Tenemos que mantener la serenidad y esperar a que la Iglesia dé el paso de recomponer esta situación. Hay muchos católicos que no comparten las posiciones que el sector radical de los obispos mantuvo el domingo. Incluso, en la misma jerarquía eclesiástica, como los obispos de Barcelona y Sevilla, discrepan de ese sector radical. Estos sectores moderados quieren colaborar con el Gobierno en los asuntos sociales. Creo que debe haber una reacción dentro de la propia Iglesia y debe ser más de gestos que de palabras.

P. ¿Qué gestos contempla?

R. Exigir el cambio de la línea editorial de la Cope. Es un problema de la Iglesia porque la línea editorial actual no representa a millones de católicos españoles.

P. ¿No cree que esta ofensiva episcopal puede ampliar la corriente de quienes apuestan por materializar una separación definitiva entre el Estado y la Iglesia en España?

R. No estoy de acuerdo con una separación absoluta entre Iglesia y Estado. La Iglesia en España juega un papel cultural, histórico y de vertebración social que tenemos que reconocer y respetar. La Iglesia es mucho más que los purpurados. Lo que más agradaría al PP es que tirásemos por la borda, al fin de una legislatura en la que ha habido mucho diálogo con la Iglesia, los consensos logrados en educación y en tantos temas. Así como la importante cooperación en materia social e internacional.

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